Tener la calefacción encendida no siempre garantiza que una vivienda alcance una temperatura agradable. En España, el 27,5% de los hogares no puede mantener su casa suficientemente caliente durante los meses fríos, según el dato del Instituto Nacional de Estadística (INE recogido en la información facilitada por Freehand Arquitectura). Detrás de esta situación no solo se encuentran las dificultades económicas para asumir el coste de la energía, sino también las deficiencias constructivas de buena parte del parque residencial.
La calidad de los materiales, el aislamiento de las fachadas, el estado de las ventanas o la forma en la que se ejecutan determinados elementos del edificio pueden determinar cuánto calor pierde una vivienda. Por eso, aumentar la potencia de la calefacción o sustituir la caldera no siempre resuelve el problema. En muchos casos, el origen del frío está en la propia construcción del inmueble.
Cinco fallos de construcción que hacen que una vivienda pierda calor
Freehand Arquitectura, estudio especializado en arquitectura Passivhaus, identifica cinco problemas habituales que dificultan mantener una temperatura estable en el interior de las viviendas. Son deficiencias que pueden aparecer tanto en edificios antiguos como en inmuebles cuya ejecución no ha resuelto correctamente determinados aspectos de la envolvente térmica.
El primero de ellos es la falta de aislamiento en fachadas y cubiertas. Cuando estos elementos no cuentan con una protección térmica adecuada, el calor generado en el interior se transmite con mayor facilidad al exterior. La normativa de construcción ha ido incorporando progresivamente mayores exigencias en esta materia: desde las primeras disposiciones de la NBE-CT-79 hasta la entrada en vigor del Código Técnico de la Edificación en 2006, cuando la eficiencia energética adquirió un papel más relevante en los requisitos constructivos.

El segundo problema se encuentra en las ventanas y los cerramientos. Los acristalamientos simples, los marcos metálicos sin rotura de puente térmico o los cajones de persiana sin aislamiento pueden convertirse en puntos importantes de pérdida de calor. También influye una instalación deficiente, que permite la entrada de aire frío y provoca corrientes en el interior de la vivienda.
A estos elementos se suman los llamados puentes térmicos, que constituyen el tercer fallo señalado por el estudio. Se producen en zonas como pilares, encuentros entre forjados y fachadas o balcones, donde la continuidad del aislamiento queda interrumpida. Estas discontinuidades favorecen la transmisión de temperatura entre el interior y el exterior y pueden generar superficies frías, condensaciones e incluso problemas de humedad y moho.
El cuarto aspecto tiene que ver con las filtraciones de aire no controladas. Las juntas de las ventanas, los enchufes, los pasos de instalaciones y los encuentros mal ejecutados entre distintos elementos constructivos pueden permitir que el aire exterior entre en la vivienda. Esta circunstancia dificulta mantener una temperatura constante y obliga a los sistemas de calefacción a trabajar durante más tiempo.
Por último, Freehand señala los problemas relacionados con la ventilación. Abrir las ventanas durante periodos prolongados o convivir con filtraciones de aire puede provocar pérdidas de calor. Sin embargo, sellar completamente una vivienda sin prever una renovación adecuada del aire tampoco es una solución, ya que puede favorecer la acumulación de humedad y una peor calidad del ambiente interior.
Más calefacción no siempre significa más confort
Uno de los errores habituales al abordar el frío en una vivienda consiste en intentar solucionar el problema únicamente mediante la sustitución de los equipos de climatización. Cambiar una caldera, instalar un sistema más potente o añadir nuevos aparatos puede elevar el consumo sin corregir las deficiencias que provocan que el inmueble pierda calor.
Así lo explica Lourdes Treviño, arquitecta y diseñadora certificada Passivhaus, quien advierte de que muchas intervenciones se centran en producir más calor sin actuar primero sobre las fachadas, las cubiertas, las ventanas y los encuentros constructivos.
La especialista resume esta idea con una afirmación: «Una casa no se mantiene caliente produciendo más calor, sino conservándolo». El planteamiento supone cambiar el orden de las actuaciones: antes de incrementar la potencia de los sistemas de calefacción, conviene identificar por dónde se escapa la energía y qué elementos de la vivienda necesitan mejorar.
Esta cuestión también tiene consecuencias económicas. Cuando una casa pierde calor de forma constante, necesita más energía para mantener la temperatura deseada. Por tanto, las deficiencias de construcción pueden traducirse en un mayor gasto energético durante los meses de invierno.
El aislamiento y la rehabilitación, claves para mejorar las viviendas
La solución pasa, en muchos casos, por intervenir sobre la envolvente del edificio. Mejorar el aislamiento de fachadas y cubiertas, sustituir ventanas antiguas, corregir puentes térmicos y controlar las infiltraciones permite reducir las pérdidas energéticas y mejorar el confort interior.
En este ámbito, los estándares Passivhaus plantean una construcción basada en limitar la demanda energética mediante un aislamiento adecuado, una elevada estanqueidad y sistemas de ventilación mecánica con recuperación de calor. El objetivo es mantener unas condiciones interiores estables reduciendo la energía necesaria para climatizar los espacios.

Para los edificios existentes, el estándar EnerPHit, desarrollado por el Passive House Institute, adapta estos principios a los proyectos de rehabilitación. Según la información facilitada por Freehand Arquitectura, este modelo contempla mejoras en la envolvente térmica, el control de las infiltraciones y la ventilación, con comprobaciones mediante cálculos, ensayos y procesos de verificación independiente.
La rehabilitación energética adquiere así una dimensión que va más allá del ahorro en las facturas. También afecta a la calidad de las viviendas, a su confort y a su capacidad para responder a las necesidades de sus ocupantes durante todo el año.
La calidad constructiva gana peso en el mercado residencial
El problema del frío en los hogares pone de manifiesto que el valor de una vivienda no depende únicamente de su ubicación, superficie o número de habitaciones. La calidad de su construcción y su comportamiento energético también determinan las condiciones en las que se vive y el coste de mantenerla.
En un mercado residencial marcado por el encarecimiento de la vivienda y la presión sobre los gastos domésticos, las características técnicas de los inmuebles adquieren una importancia creciente. Un edificio con un aislamiento deficiente puede exigir un desembolso energético superior al de otro con mejores prestaciones, incluso cuando ambos cuentan con una superficie y una distribución similares.
La calidad de su construcción y su comportamiento energético también determinan las condiciones en las que se vive y el coste de mantenerla
Por ello, la eficiencia energética se ha convertido en uno de los aspectos que conviene valorar tanto al comprar una vivienda como al plantear una reforma. No basta con comprobar el estado de la calefacción: también es necesario conocer cómo están resueltas las fachadas, las cubiertas, las ventanas y la ventilación.
La advertencia de Freehand Arquitectura apunta precisamente a esa cuestión: el confort de una vivienda comienza en su diseño y en su construcción, no únicamente en el sistema que se utiliza para calentarla.




