Banco Mundial alerta: el precio de los alimentos subirá hasta 2027 y presionará la inflación

El encarecimiento previsto se apoya en los conflictos armados y en un episodio excepcional de El Niño. La energía sube un 32% este año y el Brent pasa de 69 a 91 dólares.

El precio de los alimentos subirá un 18% acumulado entre 2026 y 2027. Es la previsión que el Banco Mundial ha incluido en su informe sobre mercados de materias primas, hecho público este miércoles desde Washington. La cifra se mide frente a 2025 y se apoya en dos motores que ya están en marcha: los conflictos armados y un episodio excepcional de El Niño.

La advertencia no es nueva en la forma, pero sí en la magnitud. El organismo publica este informe de manera periódica y en esta ocasión pone fecha y porcentaje a un deterioro que hasta ahora se describía en términos de riesgo. Lo hace, además, en un momento en el que la política monetaria europea sigue mirando de reojo cualquier rebrote de precios.

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Del 18% en alimentos al 32% en energía: los números del informe

El documento, que el Banco Mundial difunde a través de su análisis de mercados de materias primas, cuantifica el impacto por bloques. Los alimentos acumulan ese 18% entre 2026 y 2027 frente a 2025. La energía sube un 32% solo este año y después se modera parcialmente en 2027. El hilo que une ambos bloques es el petróleo: el precio medio del barril de Brent pasa de 69 dólares en 2025 a 91 dólares este año, empujado por el conflicto en Oriente Medio.

Las materias primas industriales completan el cuadro. Los fertilizantes se encarecen un 14% en 2026, antes de regresar en 2027 a niveles parecidos a los de 2025. Los metales suben un 25% y el aluminio, el cobre y el estaño alcanzan récords, con la demanda de renovables, los centros de datos para inteligencia artificial y los vehículos eléctricos como telón de fondo.

Ayhan Kose, economista jefe adjunto del Banco Mundial, resumió el diagnóstico con una frase que conviene no leer en diagonal: ‘el mercado de materias primas ha sufrido varios shocks importantes al mismo tiempo’. Su recomendación pasa por proteger a las poblaciones más pobres y apoyar a los países de bajos ingresos, que arrastran ya una carga de deuda pesada.

Del Brent al carro de la compra: dónde se nota en España

La cadena de transmisión no perdona. El crudo encarece el transporte y los fertilizantes; los fertilizantes encarecen la cosecha; la cosecha encarece el lineal del supermercado. En España la alimentación es uno de los componentes con más peso en el IPC y su comportamiento ha marcado la inflación de los últimos tres años. Cuando el Banco Mundial habla de dos ejercicios de subidas, habla de la factura semanal de cualquier hogar.

Un 18% acumulado en dos años no se digiere con promesas de moderación: se digiere con salarios que no pierdan poder de compra.

El escenario tiene una puerta giratoria con fecha. El Banco Mundial calcula que el Brent bajará a una media de 79 dólares en 2027 siempre que el conflicto abierto en febrero entre Israel, Estados Unidos e Irán no se reanude después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. Si se reactiva, el barril medio se iría a 105 dólares y los alimentos subirían un 12% adicional sobre el escenario base.

Banco Mundial alimentos

Hay un tercer factor que no aparece en los titulares con la fuerza que merece. El episodio excepcional de El Niño altera los patrones de lluvia y golpea cosechas en América Latina y el Sudeste Asiático, dos regiones que abastecen buena parte de la despensa europea. Un año malo de cosecha se traduce, con un retraso de dos o tres trimestres, en precios más altos en origen. Ese desfase es justo lo que explica que el impacto se extienda hasta 2027 en lugar de agotarse en el ejercicio actual.

Dos años de inflación alimentaria y un margen que ya no da más

Llevo meses sosteniendo que el último tramo de la inflación se iba a dirimir en el supermercado, no en la gasolinera. Este informe lo confirma con una salvedad importante: el problema no está tanto en el dato de 2026 como en el de 2027, cuando el efecto base deje de ayudarnos y la comparación se haga contra un año ya caro. Las grandes cadenas de distribución españolas —Mercadona, Lidl, Carrefour— operan con márgenes estrechos y poca capacidad de absorción. Si trasladan el coste, pierden volumen; si no lo trasladan, pierden rentabilidad. No hay una tercera vía sencilla.

El consumidor ya ha dado su propia respuesta en los últimos ejercicios: más marca blanca, menos compra por impulso y una disciplina de gasto que las cadenas notan en el ticket medio. Si el escenario del Banco Mundial se cumple, esa conducta no hará sino acentuarse.

La contradicción de fondo es que la política monetaria no puede hacer nada contra el precio de una cosecha. El BCE mira la inflación subyacente, y la alimentación pesa en ella más de lo que su volatilidad sugiere. Con los salarios renegociándose al alza en varios sectores, el riesgo real es de segunda ronda: que la subida se incorpore a las expectativas y deje de ser un fenómeno pasajero para convertirse en estructural.

Queda una cita marcada en rojo. El 3 de noviembre, las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos decidirán en buena medida si el Brent se queda en 79 dólares o se marcha a 105. Ese día no se publica ningún dato de inflación, pero el precio de la cesta de la compra de 2027 depende, en parte, de lo que salga de las urnas. Con eso conviene quedarse.


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