Proyectos de hidrógeno en España caen de 400 a 312: 25.000 millones en juego y Enagás alerta

El gestor gasista sostiene que sin comprador industrial no habrá decisión de inversión y pide a la Comisión Europea que mueva ficha. El sector entra en una fase de consolidación en la que sobreviven los proyectos con cliente y conexión.

España ha perdido cerca de noventa proyectos de hidrógeno en doce meses. El recuento sectorial ha pasado de rozar las 400 iniciativas a 312 proyectos, con una inversión potencial que todavía supera los 25.000 millones de euros. No es un desplome repentino. Es una criba, y llega justo cuando el dinero público empieza a pedir resultados.

El último recuento publicado por RETEMA y replicado por los boletines especializados dibuja un mapa menos poblado y más pesado: menos expedientes, sí, pero de mayor tamaño medio. El Periódico de la Energía lo describe como una nueva etapa de consolidación en la que sobreviven los promotores con comprador, conexión y calendario. Menos hype, más hierro.

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La caída de casi un centenar de proyectos en un año tiene explicaciones que el sector repite sin rubor: permisos que no llegan, electrolizadores más caros de lo presupuestado y, sobre todo, la ausencia de clientes dispuestos a firmar contratos de compra a diez años. Sin comprador no hay banco. Sin banco no hay planta.

De 400 a 312 proyectos: la inversión que sigue sobre la mesa

Los 25.000 millones de euros de inversión potencial no son una promesa política: son la suma de capital comprometido o previsto en expedientes que aún se sostienen. La diferencia respecto al año anterior no está en el importe agregado, que se mantiene alto, sino en el número de promotores que han decidido aparcar el proyecto y esperar mejores tiempos.

La financiación tampoco ayuda a mantener el ritmo. Los proyectos que dependen de ayudas públicas compiten por un calendario de convocatorias que avanza más despacio que los anuncios, y los que aspiran a crédito bancario se topan con entidades que exigen contratos de compra firmados antes de abrir la chequera. El resultado es el mismo en ambos casos: expedientes que se enfrían.

Enagás reclama a Bruselas que active la demanda antes que la oferta

inversión hidrógeno verde

Ahí entra Enagás. El gestor gasista ha reclamado a la Comisión Europea que mueva ficha y active la demanda de hidrógeno renovable, convencido de que la infraestructura por sí sola no desbloquea la inversión. Su tesis es que Europa ha construido corredores y ha reservado capacidad en los tubos, pero el comprador industrial no aparece al ritmo que exige el calendario. La compañía detalla su visión de la red troncal en su página corporativa.

Un proyecto de hidrógeno no muere por falta de subvención, sino por falta de un cliente que firme la factura durante la próxima década.

El diagnóstico coincide con el de buena parte del sector. Los proyectos que siguen vivos tienden a concentrarse donde el consumo está identificado: refino, fertilizantes, química y cerámica. Los grandes anuncios de hidrógeno para movilidad ligera o para calefacción doméstica han ido desapareciendo del mapa sin ruido, casi sin nota de prensa y sin que nadie reclamara explicaciones.

El coste sigue siendo el argumento decisivo. El hidrógeno renovable se produce hoy a un precio varias veces superior al gris que sale del gas natural, y ninguna industria está dispuesta a asumir esa diferencia sin apoyo público o sin un marco regulatorio que la compense. Ahí es donde la petición de Enagás deja de ser un lamento y se convierte en una condición operativa.

La dimensión política tampoco es menor. Jorgo Chatzimarkakis, secretario general de Hydrogen Europe, calificó de ‘moderna y pragmática’ la apuesta del Ejecutivo de Pedro Sánchez en una entrevista recogida por El Economista, frente a quienes la colocan en el terreno ideológico. La lectura del lobby europeo importa porque Bruselas decide sobre los mecanismos que fijan el precio y sobre el ritmo de las subastas.

Menos proyectos y más exigencia: lo que España se juega en esta criba

Hay una lectura incómoda de este ajuste y conviene no esquivarla. Entre 2021 y 2024, España celebró cada anuncio de electrolizador como si fuera una fábrica ya construida; los ayuntamientos se disputaron polos, las comunidades autónomas firmaron protocolos y los titulares crecieron más rápido que los proyectos. Pasar de casi 400 a 312 expedientes es una criba, no un fracaso: es la primera vez que el sector se mira al espejo con números en la mano.

El riesgo real es otro. Si la demanda no se activa, los proyectos que sobrevivan se agruparán en los grandes clusters industriales y el resto del país se quedará fuera, con la paradoja de tener la electricidad renovable más barata de Europa y ninguna planta que la aproveche para producir hidrógeno. La Comisión Europea tiene la pelota: los mecanismos de compra conjunta y las subastas del Banco Europeo del Hidrógeno marcan el calendario que los servicios de energía de Bruselas se han comprometido a acelerar.

Enagás ha hecho lo que le tocaba: pedir demanda antes de seguir soldando tubos. Habrá que ver si mantiene el ritmo inversor en su red troncal o si condiciona el calendario a que aparezcan los clientes. La próxima revisión del plan de desarrollo de la red será el termómetro. Si el recuento sigue bajando hacia los 250 proyectos, el problema ya no será la burocracia: será que nadie quiere el producto.


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