Perseverance mide durante 1.645 soles el polvo marciano ultrafino que amenaza a las futuras tripulaciones

PIXL y SHERLOC, los dos instrumentos del rover, detectan granos de 100 nanómetros, 700 veces más finos que un cabello humano. El hallazgo guiará el diseño de trajes, esclusas y protocolos de limpieza.

El polvo marciano más fino se pega a los trajes y algunas partículas alcanzan los pulmones y la sangre. Lo ha medido el rover Perseverance durante 1.645 soles, algo más de cuatro años y medio terrestres, y el resultado se publica hoy en Proceedings of the National Academy of Sciences. Es la primera medición in situ de partículas finas y ultrafinas hecha en Marte, y llega mientras la NASA diseña los trajes y los habitáculos de sus primeras tripulaciones.

Dos tamaños de polvo que ningún instrumento había resuelto

Hasta ahora, las mediciones marcianas resolvían granos de unas 3 micras. El espectrómetro de rayos X PIXL ha distinguido dos categorías por debajo de ese umbral: partículas finas de menos de 2,5 micras —el tamaño que en la Tierra se vincula a problemas respiratorios y cardiovasculares— y partículas ultrafinas de unos 100 nanómetros, unas 700 veces más finas que un cabello humano. En la muestra de teflón de PIXL y en la de Vectran de SHERLOC, el polvo promediaba 2 micras. En el vidrio basáltico y en el teflón de SHERLOC, los granos bajaban hasta los 100 o 300 nanómetros.

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La electricidad estática parece decidir qué grano se queda en qué superficie. Las partículas se cargan al chocar entre sí en el aire y cada material atrae tamaños distintos. Los polímeros orgánicos, como el teflón que SHERLOC lleva como muestra de traje, son comunes en las capas externas de los trajes espaciales y, según los datos, recogen polvo fino con facilidad. Otros materiales retienen menos. Eso abre una vía muy concreta para elegir tejidos y recubrimientos.

Un sello de correos marciano para probar el traje del futuro

Perseverance Marte

Perseverance lleva cinco muestras de material de traje espacial. Cada una mide 20 milímetros de lado, el tamaño de un sello de correos, y forma parte del objetivo de calibración de SHERLOC, el instrumento del brazo robótico que rastrea compuestos orgánicos y minerales. El blanco de PIXL, en cambio, incluye una pieza de teflón y otra de vidrio basáltico. El teflón no contiene ningún elemento que PIXL pueda detectar por sí mismo: cualquier señal que el espectrómetro recoja de ahí viene del polvo posado encima. Las muestras viajan ahora por Neretva Vallis, el cauce seco que corta el borde occidental del cráter Jezero, y el rover las ha retratado en un panorama de 360 grados cosido con 217 imágenes.

Scott VanBommel, científico de Perseverance en la Universidad de Washington en San Luis y primer autor del trabajo, subraya que la existencia de granos ultrafinos en Marte se había predicho desde hace mucho tiempo y que PIXL fue la primera ocasión de medirlos sobre el terreno. Su diagnóstico resume el problema: los grumos mayores, los cúmulos de polvo marciano, se sacuden con el tiempo, pero las partículas más pequeñas se quedan, y son justamente las que más complican los sistemas de soporte vital.

—El trabajo principal de Perseverance es buscar indicios de vida microbiana antigua, pero la misión también se diseñó para preparar a los exploradores humanos —señala Katie Stack Morgan, científica del proyecto en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA—. En ese esfuerzo entran demostraciones tecnológicas como MOXIE, el experimento que produjo oxígeno a partir del aire marciano, el helicóptero Ingenuity y estas muestras de traje.

El grano que de verdad preocupa no es el que levanta el viento, sino el que nadie ve y se queda pegado durante años.

La química agrava el cuadro. El polvo de Marte es rico en hierro y azufre, contiene más sílice que el lunar y lleva compuestos reactivos: percloratos que pueden alterar la función tiroidea y hierro reactivo que daña las células. En la Tierra, las partículas por debajo de 2,5 micras se asocian a efectos sanitarios diversos porque penetran en el pulmón y pasan a la sangre. Los estudios sobre ultrafinas han rastreado incluso su llegada al cerebro desde la cavidad nasal a través del nervio olfatorio. En Marte, el riesgo dependería de la cantidad de polvo y del tiempo de exposición, según los datos que maneja la misión.

Lo que este polvo cambia en el diseño de una misión tripulada

Conviene ser prudente con el alcance del hallazgo. PIXL y SHERLOC midieron polvo sobre superficies pasivas, no sobre un traje en uso ni dentro de un habitáculo, y no hay ningún experimento biológico en Marte que confirme daño celular. Lo que el estudio aporta es lo que faltaba: una distribución de tamaños medida en el sitio, con la que afinar los límites de exposición y las rutinas de limpieza. La toxicología se apoya, por ahora, en datos terrestres y en analogías con el polvo lunar. Reconozco que la parte que más me convence no es la cifra, sino el método: usar la calibración de un instrumento como laboratorio de higiene espacial.

Y hay un precedente incómodo. Durante el programa Apolo, el polvo lunar rayó visores, degradó las capas externas de los trajes y dañó sus sellos; algunos astronautas describieron síntomas parecidos a la fiebre del heno. El polvo marciano es menos abrasivo, porque el viento redondea los granos a fuerza de choques, pero se recircula en tormentas regionales y globales que pueden mantenerlo en suspensión durante semanas. Menos afilado y más persistente.

La NASA ya ensaya soluciones. En marzo de 2025, un escudo electrodinámico de polvo desarrollado en el Centro Espacial Kennedy y volado a bordo de la misión Blue Ghost 1 de Firefly Aerospace probó en la Luna cómo los campos eléctricos limpian el regolito de cristales y radiadores. En el Centro Espacial Johnson, los ingenieros usan cámaras de vacío y simulante de regolito lunar para probar componentes de traje y una herramienta electrostática de mano antes de las misiones Artemis a la superficie lunar. Los diseños de esclusa de doble cámara y los llamados suitports, que permiten entrar en el traje sin meterlo en el habitáculo, apuntan en la misma dirección.

Queda la pregunta abierta más relevante: cuánto polvo puede tolerar un cuerpo humano durante una estancia prolongada en la superficie marciana. Las muestras de traje siguen allí arriba, acumulando granos mientras el rover remonta el borde occidental del cráter Jezero. El siguiente paso es de laboratorio y de ingeniería: convertir una distribución de tamaños en protocolos que mantengan el polvo fuera de los pulmones.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: la primera medición in situ en Marte de partículas de polvo finas, de menos de 2,5 micras, y ultrafinas, de unos 100 nanómetros, adheridas a muestras de material de traje espacial.
  • Dónde: cráter Jezero, Marte, a lo largo del recorrido del rover por Neretva Vallis.
  • Institución responsable: NASA y JPL-Caltech, con Scott VanBommel, de la Universidad de Washington en San Luis, como primer autor del estudio publicado en PNAS.
  • Cuándo: 1.645 soles de mediciones acumuladas; publicación el 27 de octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: guiará el diseño de trajes, esclusas y protocolos de limpieza, además de los límites de exposición al polvo para las futuras tripulaciones marcianas.

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