Ripple ya tiene la aprobación definitiva de la OCC para operar un banco fiduciario nacional en Estados Unidos. La Oficina del Contralor de la Moneda, el regulador bancario federal del país, dio luz verde el lunes 26 de octubre al Ripple National Trust Bank (RNTB), la entidad que custodiará las reservas que respaldan su stablecoin RLUSD, valoradas en unos 2.500 millones de dólares.
La noticia llega con un matiz que conviene no perder de vista: la licencia blinda el dinero que hay detrás de RLUSD, pero no le asigna ningún papel nuevo a XRP, el token con el que Ripple se hizo conocida. Para quien tiene XRP en cartera, el titular suena mejor de lo que es en realidad.
Conviene aclarar dos términos antes de seguir. Un banco fiduciario (trust bank) no es un banco comercial al uso: no concede hipotecas ni presta a particulares, sino que administra bienes y valores por cuenta de terceros bajo supervisión federal. Y una stablecoin es una moneda digital que promete mantener un valor estable —en este caso, un dólar por token— porque detrás hay efectivo y deuda pública estadounidense guardados en algún sitio. Ese ‘algún sitio’ es justo lo que la OCC acaba de poner bajo su paraguas.
Qué cambia exactamente con la licencia bancaria de Ripple
El RNTB recibió una aprobación condicional en diciembre de 2025 y ahora obtiene la definitiva. Con ella puede abrir bajo supervisión de la OCC y gestionar los depósitos en dólares, los valores del Tesoro y los equivalentes de efectivo que respaldan a RLUSD, además de actuar como fiduciario de esas reservas en nombre de los tenedores del token.
Y no termina ahí. Una vez en marcha, el banco podrá ofrecer custodia digital fiduciaria de criptoactivos a empresas. El despacho Davis Wright Tremaine señala que este tipo de entidades pueden, en determinados supuestos, operar como custodios cualificados para clientes institucionales, una figura que en EEUU exige cumplir requisitos estrictos de capital y de separación de activos.
Ripple no llega sola a esa categoría. Circle, la emisora de USDC, obtuvo su aprobación final en julio de este año, y en el mismo grupo aparecen BitGo y Fidelity Digital Assets. La licencia coloca a la compañía de Brad Garlinghouse dentro de un club que se está formando en los últimos meses y que exige algo más que tecnología: cumplimiento normativo, auditorías, y reservas demostrables.
La licencia protege el dólar que hay detrás de RLUSD; el token que compra el inversor minorista sigue esperando su parte.
XRP se queda fuera del perímetro, por ahora
El token de Ripple cotiza en 1,31 dólares, con una subida del 1,11% en las últimas 24 horas, según los datos recogidos por BeInCrypto Markets. Sigue un 64% por debajo del máximo de 3,65 dólares que marcó en julio de 2025. Casi dos tercios por debajo del pico.
La comparación con la stablecoin es reveladora. La oferta de RLUSD rondaba los 1.380 millones de dólares en enero, cuando marcó su récord, y el agregador DefiLlama la sitúa ahora en unos 2.570 millones, un 86% más. En ese mismo periodo, XRP pasó de unos 2,08 a 1,31 dólares, un desplome del 37%. Una divisa crece; el token que le da nombre, no.
Hay una razón técnica de fondo. Aproximadamente el 61% del suministro de RLUSD circula en Ethereum y el 39% en el XRP Ledger, la red propia de Ripple. Cada transacción en el XRP Ledger destruye una comisión minúscula en XRP —el mecanismo que el sector llama burn o quema—, mientras que las transferencias en Ethereum se pagan en ether. Conclusión: la actividad de la stablecoin en Ethereum no reduce el suministro de XRP, y las comisiones en su propia red son demasiado bajas para notarse.
La pregunta abierta es qué decidirá custodiar el RNTB cuando abra sus puertas. Si el área de custodia termina gestionando posiciones institucionales de XRP, el token tendría por fin una vía de conexión con la estructura bancaria. Si no, la licencia seguirá siendo una buena noticia para RLUSD y un titular agradable sin traducción práctica para el inversor en XRP.
Por qué una licencia bancaria no mueve el precio de un token
Merece la pena compararlo con lo que ocurrió en 2024, cuando la SEC aprobó los primeros fondos cotizados de bitcoin al contado en EEUU. Aquel vehículo compraba el activo subyacente, así que cada dólar que entraba empujaba la demanda de BTC. Aquí el mecanismo es distinto: el banco fiduciario custodia deuda del Tesoro y efectivo, no XRP. La infraestructura se refuerza; el activo que cotiza en el mercado, de momento, no se beneficia.
Tampoco conviene dramatizar. Ripple lleva años construyendo su negocio de pagos transfronterizos y esta licencia le añade una pata que hasta ahora no tenía: la de entidad supervisada a nivel federal en EEUU. Para un banco o una gestora que quiera mover dinero tokenizado, tratar con un fiduciario regulado elimina buena parte de la fricción interna que suelen poner los departamentos de cumplimiento.
El riesgo está en la concentración. El negocio de las stablecoins se reparte entre un puñado de emisores —Tether, Circle y ahora Ripple— que compiten por el mismo tipo de cliente institucional y por la misma confianza regulatoria. Quien llegue tarde a las licencias competirá con desventaja, y quien dependa de una única divisa para justificar su token asume un riesgo que el mercado ya está descontando.
Lo que toca vigilar en los próximos meses es concreto: si la emisión de RLUSD se inclina hacia el XRP Ledger y si el banco fiduciario abre la puerta a la custodia de XRP. Esa segunda condición, más que cualquier comunicado, sería la que acercaría la licencia al precio del token. Mientras tanto, la lectura honesta es la que dice el comunicado: Ripple ha ganado peso como infraestructura financiera; su criptomoneda, de momento, mira desde la barrera.




