Agustín Becerro revela la mezcla propia de los pollos del Bar Valladolid

Agustín Becerro Marcos lleva cuatro décadas al frente del Bar Valladolid, un establecimiento ligado a la historia gastronómica y sentimental de Garrido. «Hemos cumplido el día 5 de septiembre 40 años regentando el Bar Valladolid», cuenta. El local mantiene la popularidad de sus pollos asados y atrae a clientes que hacen cola para llevárselos a casa.

El bar abrió sus puertas en 1966, pero Becerro, su mujer y su hermano pequeño se hicieron cargo del negocio en 1986. La familia llegó desde Endrinal de la Sierra, localidad situada entre Guijuelo y Linares. «Decidimos, por mediación de unos familiares, venirnos a este negocio», recuerda.

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Un barrio y un negocio que cambiaron

Becerro recuerda un Garrido distinto al actual, con una clientela obrera y costumbres como reunirse a tomar algo al salir del trabajo. El establecimiento tenía una barra de pinchos y comedores, y el ambiente del barrio, explica, ha cambiado mucho desde entonces.

Los pollos asados se convirtieron en el producto más conocido del bar. Becerro reivindica que el negocio fue pionero en ofrecerlos en Salamanca y afirma que otros locales incorporaron después esa especialidad.

Una mezcla propia para los pollos

La receta surgió de la experiencia de Becerro en las matanzas de Guijuelo, donde se familiarizó con los condimentos usados para elaborar productos como el lomo y el chorizo. Al llegar al bar, los preparados que le ofrecían no le convencieron y decidió crear su propia mezcla: «Me inventé yo una mezcla».

Para Becerro, esa preparación es una de las señas de identidad del establecimiento: «Ese es el secreto de mis pollos». A lo largo de los años, el bar también ha sido el lugar donde él y su mujer han construido su futuro y han estrechado vínculos con vecinos y trabajadores.


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