Nvidia colocaría sus chips avanzados en la gigafactoría de Móra y Cataluña gana peso en la IA europea

El consorcio que lidera Francesc Fajula aspira a 5.000 millones de euros de inversión pública y privada, con Telefónica, Santander y ACS como socios industriales. La Unión Europea resolverá su reparto de gigafactorías a partir del 5 de diciembre.

La gigafactoría de Móra la Nova negocia con Nvidia hasta 100.000 GPU Rubin R100 para equipar su centro de datos de supercomputación. El consorcio aspira a movilizar 5.000 millones de euros y se juega su encaje en la red europea el próximo 5 de diciembre.

Claves de la operación

  • Un pedido de hasta 100.000 procesadores Rubin R100. Los responsables del proyecto, encabezados por Francesc Fajula, viajaron a la convención GTC 2026 de Berlín para discutir con Nvidia los términos de la compra.
  • 5.000 millones y cuatro socios privados. Telefónica, Santander, ACS, y Multiverse Computing controlan el 51%; la Administración central aporta el 48% y la Generalitat el 1% restante en forma de terrenos.
  • Bruselas elige el 5 de diciembre. La Unión Europea seleccionará ese día los cinco grandes centros de IA que financiará, y los promotores dan por seguro el triunfo de su candidatura.

El pedido a Nvidia que reordena el mapa europeo del hardware

El proyecto de Móra la Nova, en el interior de Tarragona, lleva meses en la carrera por ser una de las cinco grandes gigafactorías de inteligencia artificial de la Unión Europea. Lo que hasta ahora era una candidatura de terrenos, papeles y promesas presupuestarias ha pasado a tener proveedor tecnológico concreto. Los chips serán GPU Rubin R100, la generación más avanzada de Nvidia, según la información publicada por La Vanguardia.

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No ha trascendido el importe del pedido. Tampoco el calendario de entregas. Pero el volumen da la medida de la ambición: 100.000 procesadores gráficos de última generación sitúan a Móra la Nova en la liga de los grandes centros de entrenamiento de modelos, un terreno en el que Europa lleva años comprando capacidad a Estados Unidos.

Bruselas diseñó esa red de gigafactorías para que la UE no dependa solo de capacidad contratada en la nube estadounidense. El criterio de selección no es únicamente científico: pesa la capacidad de arrastrar inversión privada y de conectarse a la red eléctrica en plazo.

Cinco plazas en juego y una fecha: el 5 de diciembre

Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, presentó su hoja de ruta en la convención GTC 2026 de Berlín, celebrada este mes de octubre. Hasta allí se desplazó la plana mayor del proyecto catalán para negociar cara a cara las condiciones de suministro. Los cinco centros europeos se elegirán a partir del 5 de diciembre, la fecha que maneja la empresa común EuroHPC para cerrar el reparto.

El viaje europeo de Huang tenía una parada prevista en Barcelona el 13 de octubre, para inaugurar la nueva factoría de IA del Barcelona Supercomputing Center que dirige Mateo Valero. La convocatoria de elecciones anticipadas por Pedro Sánchez y la prohibición de actos de este tipo durante el periodo electoral obligaron a suspender el evento. El directivo acabó inaugurando otra instalación en Suecia y la puesta de largo barcelonesa quedó sin fecha.

Europa discute su soberanía tecnológica en Bruselas, pero la decide quien firma el pedido de los procesadores.

La lectura del episodio es incómoda. El mismo mes en que Nvidia negocia con Cataluña la compra de sus procesadores estrella, la inauguración del centro público de supercomputación se cae del calendario por un adelanto electoral. La infraestructura sigue en pie; el relato institucional, no.

El consorcio de Móra la Nova no es un proyecto público al uso. El capital se reparte entre un 51% privado y un 48% público, con Telefónica, Santander, ACS y Multiverse Computing al frente de la parte empresarial. La Generalitat aporta los terrenos y controla un 1% que el Govern quiere ampliar en una fase posterior, sin que se haya concretado ni el importe ni el calendario de esa ampliación.

De MareNostrum al silicio: la factura política de la gigafactoría

España lleva dos décadas intentando convertir la supercomputación en política industrial. El MareNostrum del BSC puso a Barcelona en el mapa científico y el PERTE de microelectrónica aprobado en 2022 abrió la vía de las ayudas públicas al diseño de chips. Móra la Nova es la primera pieza que llega con proveedor tecnológico identificado y no solo con dinero presupuestado.

El riesgo, sin embargo, es de concentración. Todo el proyecto descansa sobre un único proveedor estadounidense en un momento en que Washington utiliza las licencias de exportación de semiconductores como herramienta de política exterior. Un cambio de criterio bastaría para retrasar meses la puesta en marcha. Ningún otro socio del consorcio fabrica GPU, y la oferta europea de aceleradores para entrenamiento sigue siendo marginal frente a la estadounidense.

Hay una segunda fragilidad, de calendario. Si Bruselas deja fuera a Móra la Nova el 5 de diciembre, el consorcio tendrá que decidir si construye con capital privado un centro que competiría con infraestructuras subvencionadas en otros Estados miembros. Los 5.000 millones previstos incluyen aportación pública, así que el plan alternativo adelgaza de forma inevitable.

Para Telefónica, Santander y ACS, los tres en el IBEX 35, la operación es más de posicionamiento industrial que de retorno a corto plazo. Ninguno ha desglosado públicamente el impacto de la inversión en sus cuentas ni ha detallado compromisos de compra de capacidad. El socio con más exposición industrial es Telefónica, que ya opera centros de datos y compite con los hyperscalers por el mismo suelo, la misma energía y los mismos clientes corporativos.

La carrera no la gana quien acumule más procesadores, sino quien los tenga conectados antes. Ahí Cataluña parte con ventaja de calendario y con una debilidad política evidente: el proyecto depende de una Administración central en periodo electoral, la misma que debe firmar el 48% de la inversión. La próxima cita relevante es el 5 de diciembre. Y después, la letra pequeña del pedido.


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