Pilar Serrano Garijo, coordinadora del grupo Senior de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, reflexiona sobre la longevidad a partir de su experiencia profesional y personal. El texto, publicado el 21/10/2026, parte de su participación en un coloquio por el Día Internacional de las Personas Mayores.
En el encuentro, las preguntas abordaron asuntos como el envejecimiento activo, la salud, la enfermedad, los servicios de apoyo y la soledad. Algunas cuestiones, sin embargo, despertaron inquietudes tanto en las personas participantes como en la autora.
La jubilación y el propósito vital
Serrano Garijo relata que, al jubilarse del ámbito laboral, experimentó sentimientos diversos, desde la satisfacción y la felicidad hasta el miedo y la inseguridad. Consideró que necesitaba un periodo de adaptación y que sus conocimientos podían ayudarla a envejecer con éxito, evitando tanto la inactividad prolongada como la actividad sin sentido y el autoedadismo.
Para abordar la longevidad y el propósito, propuso reflexionar sobre el edadismo y, en particular, el autoedadismo. A su juicio, un diálogo sereno apoyado en la evidencia científica podía servir de base para tratar la generatividad y pensar cómo mantener las metas personales y disfrutar de los años con una actitud activa, aceptando el propio envejecimiento.
Prejuicios y capacidades
La autora sostiene que mantener el propósito vital exige cuestionar los mitos sobre el envejecimiento y confiar en las propias capacidades, también ante la enfermedad o la dependencia. Añade que contribuir a los demás puede repercutir positivamente en la salud y la longevidad.
También se pregunta hasta qué punto la formación y la experiencia protegen a quienes trabajan en geriatría y gerontología de los prejuicios asociados a la edad. Señala que los profesionales, como parte de la sociedad, pueden discriminar por edad o autoexcluirse de actividades y atribuir dolencias a esta.
Empatía en los cuidados
Serrano Garijo considera que compartir dudas con otras personas puede favorecer una relación más cercana y ayudar a evitar una posición de superioridad profesional. Expresa su confianza en que esta perspectiva contribuya a prevenir prácticas de infantilización o control, que califica de habituales en el ámbito de los cuidados.
La reflexión se dirige también a quienes sanan y cuidan. La autora recuerda que, si el tiempo y las circunstancias lo permiten, todos podemos necesitar cuidados, y defiende que la empatía acompañe siempre a los profesionales. Asimismo, plantea que quienes han tenido la oportunidad de cuidar y curar pueden seguir siendo útiles a la sociedad.



