Un Podemos cada vez más bunkerizado y alérgico al talento ajeno a su cúpula corre el riesgo de quedarse fuera del Congreso en poco más de un mes. Sus propios errores pueden pasarle factura, pero la campaña contra sus dirigentes, las traiciones de antiguos aliados y la guerra sucia mediática también ayudan a explicar su debilitamiento.
El partido que llevó al espacio situado a la izquierda del PSOE a las mayores cotas electorales de su historia, devolvió al comunismo al Consejo de Ministros después de 80 años de ausencia, canalizó electoralmente el 15M y contribuyó a renovar la política española atraviesa una crisis que no se explica únicamente por sus errores. También tiene que ver con la hostilidad que ha despertado entre sectores poderosos y con una doble vara de medir mediática que castiga a unos dirigentes mientras concede a otros el beneficio de la duda.
Pablo Iglesias continúa ejerciendo de brújula política de Podemos, aunque algunos consideren machista atribuirle ese papel. Su influencia es evidente y sus decisiones merecen el mismo escrutinio que las de cualquier otro dirigente, por mucho que se presente como un humilde podcaster.
El problema es que Iglesias y los suyos parece haber pensado más en el 30N que en el 29N. En lugar de priorizar la supervivencia electoral, Podemos debería haber explorado nuevo un matrimonio de conveniencia con el bloque de Sumar, como el que permitió concurrir conjuntamente en 2023, y haberse divorciado al día siguiente de las elecciones si las diferencias resultaban insalvables, aunque las traiciones de 2019 y los vetos y exclusiones de 2023 todavía están mal enterrados.
La decisión de concurrir por separado amenaza con dejar a Podemos sin opciones en al menos 47 de las 52 circunscripciones electorales. Con una implantación territorial limitada, la formación se jugará buena parte de su futuro en la Comunidad de Madrid, donde Irene Montero quiere movilizar el voto feminista. El escenario recuerda al de Izquierda Unida en 2015, cuando Alberto Garzón salvó dos diputados por Madrid, y a los otros dos que logró Íñigo Errejón en 2019 con Más País, entonces sin la progresía mediática en su contra.
Ningún partido estatal situado a la izquierda del PSOE, como es el caso de Podemos, ha tenido una capacidad semejante para levantar ampollas en el Ibex 35, Zarzuela, la Moncloa y los principales grupos de comunicación.
Yolanda Díaz, Carmena y Errejón: la memoria selectiva
Pablo Iglesias quiso tutelar en exceso a Yolanda Díaz. Este hecho forma parte de los errores que el fundador de Podemos debería revisar. Pero tampoco puede olvidarse que la relación se deterioró en un contexto en el que Díaz y el PSOE negociaron aspectos de la reforma laboral de 2021 con interlocutores ajenos al bloque progresista que habían tejido los morados, como Ciudadanos o UPN, mientras se debilitaba la confianza con formaciones como Esquerra Republicana de Catalunya.
Díaz terminó recorriendo un camino que recuerda al de Manuel Carmena y al de Íñigo Errejón, siempre apoyados por los principales enemigos mediáticos de los morados. Carmena recibió el apoyo de Podemos para alcanzar la Alcaldía de Madrid y, una vez conseguido el objetivo, se olvidó de sus padrinos políticos y cuatro años después fundaría Más Madrid junto a Errejón, que se convertiría en mano derecha de Yolanda Díaz hasta su muerte política.
Los tres han recibido, en distintos momentos, un trato más favorable de sectores mediáticos que han sido especialmente hostiles con Iglesias y Podemos. La doble vara de medir alcanza de lleno a Irene Montero. Se insiste en que solo quiere conservar un sillón, que su continuidad responde a la ambición personal o que necesita mantener un puesto para pagar su vivienda. Sin embargo, cuando otros anuncian su regreso a la política no reciben el mismo tratamiento. Tampoco se cuestionan con la misma insistencia las motivaciones económicas de Mónica García y Emilio Delgado, pese a que ambos llevan años desarrollando carreras políticas y tienen, como cualquier persona, obligaciones económicas.
Se acusa a Montero de querer controlar las listas y asegurarse un escaño, mientras la falta de primarias abiertas en otros espacios no siempre despierta la misma indignación. Si el problema es la democracia interna, la exigencia debe ser universal. Y si se interpreta que la continuidad de una dirigente responde a intereses personales, también debería poder plantearse esa hipótesis ante quienes evitan mecanismos de participación que podrían poner en cuestión sus posiciones.
El mismo doble rasero aparece en la atención concedida a las controversias de Más Madrid, al que en televisión se le omiten sus grietas internas, véanse la imputación de su secretario de Organización por presuntamente adulterar unas primaras o las acusaciones que ha recibido Tesh Sidi de practicar acoso laboral.
Gabriel Rufián también ha vivido ese cambio de consideración. Durante mucho tiempo, determinados sectores mediáticos han alentado la posibilidad de que encabezara un proyecto político estatal. Después, su acercamiento a Montero lo han convertido en un dirigente al que atacan con desdén o silencian.
Ferreras y la ruptura de la confianza
La relación de Podemos con los grandes medios de comunicación es inseparable de la trayectoria de Iglesias. Durante tres años, entre 2015 y 2018, Atresmedia fue clave en el despliegue de Podemos. Esa relación terminó deteriorándose, y el caso de Antonio García Ferreras se convirtió en uno de sus símbolos.
Iglesias empezó a desconfiar de Ferreras y sus enfrentamientos se hicieron visibles en 2019, después de una relación que disparaba audiencias y expectativas de voto. El episodio de la falsa cuenta bancaria de Iglesias en las islas Granadinas no contribuyó a romper la confianza con aquello de «es muy burdo, pero vamos con ello», sino que fue Iglesias el que la rompió porque dejó de fiarse de la sombra de Florentino Pérez.
La cobertura desinhibidamente unionista que La Sexta realizó del procés y la caída de Cristina Cifuentes en 2018 pusieron el foco sobre el canal entre los ámbitos más progresistas. Cuando eldiario.es denunció el caso del máster y Okdiario destapó el vídeo de las cremas, Ferreras realizó un especial aquella misma mañana y entrevistó al vigilante de seguridad relacionado con el incidente, que acabó propiciando un cambio político en la Comunidad de Madrid que tanto negocio ha supuesto para algunas grandes empresas.
Ferreras no le perdona a Iglesias que le haya robado el aura progresista ante prácticamente toda la ciudadanía y, desde la barrera, posiblemente celebra la campaña de ataques de su cuadrilla taurina contra Iglesias, lanceado por los tertulianos de La Sexta Antonio Maestre, Nacho Escolar, Pedro Vallín y Alán Barroso.
Los ataques a Iglesias son amplificados mediante retuits de Ana Pastor, que podría hacer un fact-checking del número de seguidores que tiene en X y podría dar clases de cómo una presentadora que aspiraba a convertirse en estrella ha quedado para vísperas y festivos con ‘El objetivo’, que lleva diez años sin llegar a la media de audiencia de La Sexta.
Sánchez y sus políticas de izquierda
La crítica a los medios y a las divisiones de la izquierda no debe servir para eximir al PSOE de sus contradicciones. A Pedro Sánchez se le pueden reconocer avances importantes gracias a que sus socios han tirado de él hacia la izquierda: la subida del salario mínimo interprofesional; algunos aspectos de la reforma laboral; la revalorización de las pensiones conforme al IPC; la ampliación de los derechos laborales y de protección social; los avances en materia de igualdad, la subida de las prestaciones sociales; el aumento de la inversión pública; la defensa de determinados servicios públicos frente a las políticas de privatización de PP y Vox; los indultos a los dirigentes independentistas catalanes; y las denuncias contra el genocidio de Israel en Gaza.

También merece reconocimiento que no haya cedido por completo ante la presión de la cada vez enrabietada derecha española, encantada con el ejército mediático que componen los canales de la familia Berlusconi (Mediaset, que se avergonzaba de ‘Sálvame’ y se enorgullece de ‘Horizonte’), la radio de los obispos y una treintena de periódicos digitales en Madrid que se dicen independientes y liberales y llaman subvencionados a los del cine español, mucho menos regado con dinero público que ellos.
Pero ese balance no puede ocultar las limitaciones del PSOE de las dos últimas legislaturas. Diario Socialista, afín al anticapitalista Movimiento Socialista que tanto se está dejando ver por las plazas y calles, lo resume con una denuncia contundente: «Más de 24.500 desahucios anuales, 3,5 puntos de poder adquisitivo perdidos, gasto militar récord y 1,38 millones de sanciones con la Ley Mordaza intacta».
Pese a lo cual, la propuesta contraria es tan involucionista que muchos progresistas de buena fe les votarán el 29N, quizá fecha del final de ciclo de una etapa o, si vuelve a haber milagro de la izquierda, inicio de un escenario prebélico impulsado por cierta derecha patrimonialista, que no toda, que tiene dificultades para admitir los resultados cuando no gobierna.




