Escolar, Maestre y Espinar acrecientan su campaña contra Pablo Iglesias

El plazo para registrar coaliciones de cara al 29N termina hoy y la izquierda vuelve a afrontar una de sus habituales disputas sobre las alianzas electorales. En medio de las negociaciones, Podemos se ha convertido de nuevo en el blanco de una parte de la izquierda mediática, que responsabiliza al partido de la fragmentación del espacio progresista y cuestiona su acuerdo con ERC, mientras apenas dedica el mismo empeño a examinar los vetos, las exclusiones y las decisiones que han conducido a la situación actual.

Nacho Escolar, Antonio Maestre y Ramón Espinar son algunas de las voces que han cargado contra la formación morada. A ellos se suman otros comentaristas, como Pedro Vallín, Javier Gallego, que realizó este jueves un programa temático de ‘Carne Cruda’ para atacar a los morados, y Máximo Pradera.

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El denominador común de estas intervenciones es un relato que sitúa a Podemos como principal responsable de la falta de unidad, pese a que el partido ha pactado con ERC y está cerrando acuerdos en distintos territorios. Cabe recordar que el distanciamiento con el Frente Amplio responde también a los vetos y a la exclusión que ha sufrido en los últimos años.

La controversia llega, además, después de que el espacio progresista haya pasado tres años bajo el liderazgo político de Yolanda Díaz, gran ministra y pésima líder de la izquierda, y de la tibia coalición de Sumar, que tras no permitir que Podemos siguiera en el Gobierno en 2023 ha firmado una legislatura sin colmillos al convertirse en un rehén permanente del PSOE.

Los poderosos enemigos de Podemos

Podemos llevó a la izquierda transformadora a su mayor cota electoral de la historia, facilitó el regreso de los comunistas en el Gobierno, se convirtió en uno de los adversarios más incómodos para los poderes económicos y mediáticos, y tejió los mayores acuerdos del espacio.

Pero la crítica a Podemos también obvia una parte esencial de su trayectoria. La formación cometió errores estratégicos y sufrió un desgaste político evidente, pero su historia no puede reducirse a una supuesta voluntad de destruir la izquierda. Podemos alcanzó su mayor fuerza electoral cuando desafió el bipartidismo, obligó al PSOE a aceptar un Gobierno de coalición y colocó en la agenda cuestiones que durante años habían quedado relegadas.

También fue objeto de una campaña de desprestigio que combinó filtraciones, informaciones falsas y actuaciones policiales cuestionadas. Ese contexto no convierte todas sus decisiones en acertadas, pero sí hace difícil entender el trato que recibe sin recordar la hostilidad que despertó entre sectores políticos, económicos y mediáticos.

El contraste con el tratamiento dispensado a quienes abandonaron el proyecto resulta especialmente llamativo. Manuela Carmena rompió con Iglesias en la etapa previa a las elecciones municipales de 2019; Íñigo Errejón dejó Podemos y fundó Más Madrid en 2019, antes de impulsar Más País; y Yolanda Díaz terminó construyendo un espacio propio, separado políticamente del fundador de Podemos, hasta convertirse en la principal referencia de Sumar. Los tres habían desarrollado buena parte de sus carreras al calor del ciclo político abierto por Iglesias, pero sus rupturas fueron recibidas en determinados sectores mediáticos con mucha más comprensión que la resistencia de Podemos a disolverse en otras siglas.

La paradoja es que las escisiones y las sucesivas reorganizaciones del espacio se han presentado a menudo como movimientos de renovación, mientras que la voluntad de Podemos de mantener una identidad propia se interpreta como una maniobra egoísta. La crítica resulta todavía más llamativa cuando se dirige contra una formación a la que se ha dejado fuera de las decisiones centrales del espacio durante los últimos años y que ahora trata de garantizar su presencia electoral.

Antonio Maestre abre fuego contra Podemos

El ejemplo más reciente es Antonio Maestre, colaborador de ‘Al Rojo Vivo’, que ha cuestionado públicamente la utilidad electoral de la colaboración entre Irene Montero y Gabriel Rufián. «¿De alguien que no quisiese votar a Irene Montero va a votar a Irene Montero solo porque Gabriel Rufián salga en Villaverde haciendo un pareado de esos que hace él? ¿Tú no crees que ellos lo piensan? Yo creo que no. Es decir, no suma nada Gabriel Rufián saliendo con Irene Montero en campaña en Villaverde Alto, en Getafe o en Motilla del Palancar. Nada», afirmó.

Maestre
Antonio Maestre.

El protegido de Antonio García Ferreras fue más allá y atribuyó al acuerdo entre Podemos y ERC la intención de «fracturar al Frente Amplio y perjudicar a los comunes en Cataluña». En su análisis, la estrategia de los morados pasaría por permitir un Gobierno de PP y Vox para apropiarse del capital político de la izquierda situada a la izquierda del PSOE.

Maestre también dice en la web de La Sexta que «la labor del equipo morado siempre ha sido la de dinamitar cualquier posibilidad de que exista un acuerdo sincero dentro de las izquierdas» y acusa al partido de realizar «maniobras arteras» para favorecer a sus dirigentes. El texto cuestiona que Podemos haya reclamado primarias abiertas mientras negociaba su colaboración con ERC y sostiene que la operación habría dejado vendidos a los comunes.

El enfoque contrasta con la responsabilidad que se atribuye a otras formaciones en el fracaso de las negociaciones. El Frente Amplio, integrado por IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y los comunes, se han negado a aceptar primarias.

Podemos, por su parte, ha rechazado integrarse en la candidatura madrileña en las condiciones planteadas y ha propuesto a IU pactos en distintas comunidades. El coordinador de IU, Antonio Maíllo, ha rechazado esa fórmula y ha insistido en negociar conjuntamente dentro del Frente Amplio. La disputa, por tanto, no puede explicarse únicamente como una negativa unilateral de Podemos a alcanzar acuerdos.

En el centro de la polémica está también el pacto con ERC. Las dos formaciones han anunciado una colaboración para el 29N: Podemos no presentará candidatura propia en Cataluña y ambas fuerzas cooperarán durante la campaña, con Rufián participando en actos junto a Montero. El acuerdo ha provocado críticas de los comunes, que fueron superados por Podemos en las últimas europeas. 

Mientras tanto, Nacho Escolar ha situado a Podemos en el centro de sus críticas sobre la falta de unidad. El director de elDiario.es, que en 2019 respaldó públicamente la candidatura de Errejón a las elecciones generales de noviembre, representa una de las voces más influyentes de una izquierda mediática que ahora reclama a los morados que se integren en una candidatura más amplia. El problema de este relato es que tiende a presentar la unidad como una obligación exclusiva de Podemos, sin exigir el mismo nivel de autocrítica a quienes han dirigido el espacio durante los últimos cuatro años.

La crítica tampoco es nueva. Ramón Espinar, antiguo dirigente de Podemos y hoy tertuliano habitual en RTVE, lleva tiempo arremetiendo contra Iglesias y su entorno. Su trayectoria ilustra la paradoja de un espacio en el que algunos antiguos integrantes del partido han encontrado un lugar destacado en los medios después de distanciarse de la organización. También Pedro Vallín y Javier Gallego, al frente de ‘Carne Cruda’, han dirigido críticas a Podemos, mientras que Máximo Pradera ha acusado a Iglesias en X de anteponer sus intereses personales a los del conjunto de la izquierda.

No todas las voces, sin embargo, han asumido ese marco. La entrevista de Jesús Cintora a Ione Belarra en RTVE fue percibida por sectores de Podemos como una encerrona del soriano, que volvió a RTVE en 2023 gracias a la intermediación de Pablo Iglesias.

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El intercambio llegó a incomodar incluso a su colaborador Javier Aroca, según las críticas surgidas tras la conversación. En la Cadena SER, Aimar Bretos también salió en defensa de la dirección actual de Podemos, que según Lucía Méndez responde solo a los deseos del exvicepresidente.

Podemos no está libre de responsabilidad. Su dirección ha cometido errores, algunas de sus decisiones han alimentado la desconfianza de otros partidos y su estrategia puede ser discutible, especialmente cuando las encuestas apuntan a un escenario complicado para el conjunto de la izquierda. El acuerdo con ERC tampoco garantiza por sí solo que la colaboración entre Rufián y Montero se traduzca en más votos. Pero reconocer esos problemas no obliga a aceptar que toda la culpa de la fragmentación recaiga en la misma organización.


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