El euro débil ha reabierto una puerta que parecía cerrada: los bonos de EEUU vuelven a venderse solos.
La moneda única se cambia a 1,119 dólares, su nivel más bajo en casi año y medio. Desde el arranque de 2026 acumula una pérdida del 4,72% y desde el máximo anual de 1,2 dólares tocado el 27 de febrero, del 7,37%, según las referencias diarias del BCE. Para el inversor con base en euros, cada décima que cede la divisa se suma al cupón del Treasury. Ahí está el negocio.
Los analistas consultados por Expansión coinciden en que no es solo debilidad del euro ni solo fortaleza del dólar, sino una mezcla. Antonio Castelo, de iBroker, apunta al crecimiento más sólido de la economía estadounidense frente a una Europa vulnerable al encarecimiento de la energía, a la debilidad industrial y a las incertidumbres presupuestarias. A eso se añade el diferencial de tipos a favor de EEUU y la ampliación de las primas de riesgo soberanas en Francia.
Manuel Pinto, responsable de análisis de XTB España, rebaja el tono sobre el billete verde: el euro es la divisa del G-10 con peor comportamiento del último mes, pero el dólar tampoco está demasiado bien. En la última caída fuerte de las tecnológicas no actuó como refugio, sino todo lo contrario.
David A. Meier, economista de Julius Baer, sostiene que la fortaleza actual es temporal y que el petróleo caro, los flujos hacia activos refugio y las expectativas sobre la Fed acabarán pesando menos que los factores estructurales que juegan contra el dólar.
En una cartera con base en euros, la divisa no es un adorno: puede aportar más rentabilidad que el propio cupón del bono.
Renta fija: del Treasury a dos años al crédito en euros
La apuesta más repetida es la deuda soberana estadounidense. En XTB la eligen por la posibilidad de generar plusvalías solo con la divisa y prefieren vencimientos de uno a tres años; para perfiles arriesgados, hasta siete o diez. Castelo se queda en dos a cinco años y evita demasiada duración mientras persistan las presiones inflacionistas. iCapital sobrepondera Treasuries vía TIPs, bonos ligados a inflación, con el 3% de tipo real a diez años como argumento. La curva del Tesoro estadounidense sigue siendo la referencia del mercado.
Santos, de iCapital, recomienda alargar la duración total de la cartera pero infraponderar la corporativa, salvo flotantes de calidad, convertibles y ABS, con el foco en en Europa y en euros. Castelo ve atractivo el investment grade en euros si paga prima suficiente frente a la deuda pública equivalente y, en la periferia, exige mirar el diferencial, las cuentas públicas y el riesgo de nuevas alzas. En emergentes, neutralidad.
Bolsas y oro: dónde sí tiene sentido asumir riesgo
En renta variable, Castelo busca compañías europeas con exposición comercial a mercados que operan en dólares, seleccionadas por calidad y capacidad de trasladar costes a precios. Su lista española: Acerinox, ACS, Ferrovial, Grifols e Iberdrola. En Europa, aeroespacial, farmacéuticas y lujo, con Safran, Airbus, LVMH y ASML como exponentes. En EEUU no recomienda aumentar posiciones solo porque el dólar suba.
Santos infrapondera las grandes tecnológicas a la espera de retrocesos y sobrepondera pequeñas y medianas estadounidenses con enfoque value, en salud y biotecnología. En XTB ven más recorrido en las empresas que adoptan inteligencia artificial que en las que la fabrican, y prefieren capturarlo con ETF equiponderados tipo S&P 500 Equal Weight.
El oro completa el puzzle. Pinto defiende una posición estructural de hasta el 10% de la cartera porque en la última caída de la bolsa respondió. Señala dos vehículos concretos: iShares Physical Gold e Invesco Physical Gold.
El imán tiene dos polos y solo uno depende del inversor
La tesis funciona. Y por eso conviene desconfiar un poco de ella. Un Treasury a dos años comprado desde España rinde el cupón más la variación del cruce: el riesgo divisa deja de ser un detalle técnico y se convierte en la primera fuente de retorno. Entre 2014 y 2015 el euro pasó de 1,39 a 1,05 dólares y los fondos de renta fija en dólares lideraron las suscripciones en Europa. Después llegó la resaca.
La dirección del consejo me parece razonable. El tamaño, no tanto. Si el euro rebota un 3% —algo que ha hecho varias veces desde 2022—, se lleva por delante el cupón de un tramo corto. Y el diferencial de tipos que sostiene el edificio ya está en precio. Cualquier sorpresa en los próximos datos de inflación o empleo en EEUU puede revertirlo.
Hay un segundo polo que nadie controla: la política fiscal europea. Si Francia encauza su presupuesto y las primas de la periferia se estrechan, parte del atractivo relativo del Treasury desaparece sin que la Fed mueva un punto básico. El imán funciona mientras el metal de enfrente no se imante.
Mi lectura: los vencimientos de uno a tres años son un buen sitio para aparcar liquidez, no para construir la tesis de renta fija de los próximos tres ejercicios. Para eso hace falta duración y hace falta crédito europeo. Y conviene fijar una revisión concreta: la reunión de diciembre de la Fed y el dato de inflación de la eurozona de noviembre. Ahí se sabrá si esto es un imán o un espejismo.





