Sabotaje ruso en Europa: de reclutas baratos a células de élite que alarman a la OTAN

VisualPolitik analiza el salto del sabotaje ruso en Europa: del recluta captado por Telegram a la Unidad 29155 y al GUGI. Polonia, el Báltico y la industria de defensa, en el punto de mira.

El 11 de octubre saltaron todas las alarmas en Varsovia. El Ministerio del Interior polaco anunció que manejaba información sobre un plan para atentar contra el primer ministro, Donald Tusk, y contra su ministro de Defensa, Wladyslaw Kosiniak-Kamysz. Es el punto de partida que elige VisualPolitik en su último análisis: el sabotaje ruso en Europa ha dejado de ser un tema de tertulia y se ha convertido en una amenaza con nombres, apellidos y objetivos concretos.

El canal no afirma que Moscú esté detrás del caso polaco. Lo trata con prudencia: por ahora no hay pruebas y conviene no confundir sospecha con sentencia. Aun así, viene a decir que, con el clima actual, casi nadie se atreve a descartarlo.

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Polonia, donde la sospecha tiene memoria

El detenido era un vecino de la región de Breslavia, un hombre de 66 años que lideraba un grupúsculo ultranacionalista y antiucraniano. Su discurso, apunta el vídeo, se parecía demasiado al que sale de Moscú, hasta el punto de que la fiscalía le acusa, entre otras cosas, de propaganda de guerra contra Ucrania.

VisualPolitik enlaza ese episodio con una herida abierta: el accidente del avión presidencial polaco en Smolensk en 2010, en el que murieron Lech Kaczynski y buena parte de la cúpula del Estado. La versión oficial habla de accidente, pero el canal recuerda que en Polonia mucha gente sigue pensando otra cosa. Y añade la cifra que da escala al fenómeno: según el Centro Internacional de Contraterrorismo de La Haya, desde el inicio de la guerra de Ucrania Rusia acumula 141 ataques en Europa —asesinatos, incendios, bombas, disturbios— y otros 45 planes frustrados.

El aviso del Financial Times que cambia el objetivo

La novedad no es que Rusia sabotee. Es a quién quiere sabotear. Cinco servicios de inteligencia europeos filtraron al Financial Times una advertencia: el Kremlin estaría preparando asesinatos de altos directivos de la industria de defensa europea. Los objetivos ya no son espías ni desertores, sino ejecutivos a los que las compañías están empezando a blindar con seguridad personal.

Detrás de ese aviso, insiste el canal, no hay aficionados. Recuerda que una de esas unidades llegó a intentar un golpe de Estado en Montenegro en 2016, con asalto al Parlamento y asesinato del primer ministro en el guion, para frenar la entrada del país en la OTAN. Y sostiene que ahora Moscú les ha pedido apretar todavía más.

Rusia no necesita ganar la guerra a base de sabotajes: le basta con que los europeos se cansen de pagarla y de mirar hacia otro lado.

— VisualPolitik

Infraestructuras viejas, conectadas y protegidas a la dispar

El vídeo dedica buena parte del análisis a la vulnerabilidad europea, y no la busca en los tanques, sino en algo mucho menos vistoso. La red eléctrica, por ejemplo, tiene activos con una media de unos 40 años. Trenes, agua y comunicaciones van por el mismo camino. Para colmo, todo está interconectado: si cae una pieza, puede arrastrar a las demás.

El ejemplo que usa VisualPolitik es el apagón del 28 de abril de 2025, cuando en cuestión de segundos media España se quedó a oscuras y arrastró a Portugal y a zonas del sur de Francia. Nadie lo provocó, fue una reacción en cadena. La pregunta implícita es evidente: qué pasaría si alguien buscara ese punto débil a propósito.

A eso se suma la falta de un estándar común. Ni la Unión Europea ni la OTAN tienen una regla única, y cada país protege lo suyo como puede. La conclusión del canal es que la seguridad de una red que cruza medio continente depende siempre del eslabón más débil.

La Unidad 29155 y el oficio de matar fuera de casa

Aquí el vídeo se pone didáctico. El KGB desapareció, pero su trabajo lo heredaron el FSB, el SVR y, sobre todo, la inteligencia militar. Dentro del GRU hay una unidad reservada para los encargos delicados en Europa: la Unidad 29155, especializada en sabotajes, asesinatos y golpes de Estado.

El perfil que traza VisualPolitik no es el de un espía de cine. Habla de veteranos condecorados en Chechenia y Ucrania. Pone un nombre: Anatoli Chepiga, coronel distinguido como Héroe de Rusia que en 2018 apareció en Salisbury con un pasaporte falso a nombre de Ruslan Boshirov. El Reino Unido le señala como uno de los dos hombres que envenenaron al exespía Serguei Skripal. A eso el canal suma el estallido de depósitos de munición en la República Checa en 2014, el envenenamiento del empresario Emilijan Gebrev en Bulgaria en 2015 y tambien los ciberataques contra organismos ucranianos semanas antes de la invasión.

GUGI: la amenaza que duerme bajo el agua

El otro gran pilar es el GUGI, la dirección de aguas profundas del Ministerio de Defensa ruso. Su base está en Olenya Guba, en la península de Kola, a un paso de Finlandia y Noruega. Desde allí operan grandes submarinos nucleares que llevan enganchados minisubmarinos capaces de descender miles de metros hasta cualquier cable o tubería.

No es teoría. Esta primavera, el Reino Unido reveló que había seguido durante más de un mes a tres submarinos rusos en el Atlántico Norte, uno de ellos ejerciendo de señuelo. Por esos cables pasa alrededor del 95% de los datos del planeta. El propio gobierno británico, según el vídeo, da por hecho que esos sumergibles estudian la infraestructura en tiempos de paz para sabotearla en caso de guerra.

Del recluta de Telegram a la célula profesional

Toda esa maquinaria de élite tiene un problema: es escasa. Por eso Moscú completó la estructura con reclutas. Tras la invasión de 2022, Europa expulsó a unos 600 funcionarios rusos, de los cuales unos 400 eran operativos sobre el terreno. La solución llegó vía Telegram: anuncios en foros de empleo, encargos pequeños y una escalada progresiva hasta el sabotaje.

El caso que cita VisualPolitik es el de Dylan Earl, contactado en 2024 en nombre del grupo Wagner, que acabó quemando un almacén en Leyton, al este de Londres, con material destinado a Ucrania. Pero el modelo de aficionados comete errores, y de ahí el salto siguiente: apoyarse en el crimen organizado, que ya tiene armas, rutas y experiencia en no dejar rastro. En Polonia, subraya el canal, se abrieron entre 2024 y 2025 tantas investigaciones por espionaje como entre 1991 y 2023. Tres décadas condensadas en dos años.

El daño real: cansar a Europa, no destruirla

La parte más interesante del análisis es la que mide el impacto. VisualPolitik distingue dos tipos de daño. El militar, frenar las armas que llegan al frente, choca con un límite: cada golpe ruso debe estar calculado al milímetro para no activar una respuesta de la OTAN. El político, en cambio, no necesita ni apretar el gatillo.

Basta con que un ministro se pregunte si ayudar a Ucrania puede costarle la vida. Basta con que millones de europeos teman que la guerra llame a su puerta. Ese miedo, sostiene el canal, presiona a los políticos para que levanten el pie del acelerador, y el momento es especialmente sensible: la AfD alemana y el BSW piden cortar la ayuda, y Marine Le Pen ha prometido hacerlo en Francia.

Mi lectura es que el vídeo acierta al separar capacidad de resultado. Rusia tiene medios para hacer daño y, sobre todo, para encarecerlo. Lo que no está demostrado es que pueda traducir ese daño en un cambio de rumbo europeo. Pero, como recuerda el propio canal, con cuatro reclutas de saldo ya han llegado hasta aquí. La pregunta queda en el aire: qué ocurriría si decidieran sacar toda la artillería.

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Puedes ver el análisis completo aquí:


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