Visa y Mastercard conectan stablecoins y dinero tokenizado: HSBC lanza su dólar de Hong Kong

Bank Negara Malaysia y el Bank of Thailand entran como miembros decisores en la alianza que pilota la MAS. El banco británico estrena RedCoin con los 3,3 millones de clientes de PayMe como primer mercado.

Las stablecoins y el dinero tokenizado suman dos mercados más: Malasia y Tailandia se han adherido esta semana a BLOOM, la alianza que Singapur pilota junto a Visa y Mastercard. En paralelo, HSBC ha estrenado RedCoin, su depósito tokenizado en dólares de Hong Kong, para los 3,3 millones de usuarios de su aplicación PayMe.

Qué es BLOOM y por qué dos bancos centrales cambian el mapa

BLOOM responde a las siglas de Borderless, Liquid, Open, Online, Multi-currency. Dicho sin siglas: dinero que cruza fronteras sin fricción, disponible al instante, abierto a varios emisores y denominado en distintas divisas. Es una iniciativa público-privada que lidera la Autoridad Monetaria de Singapur (MAS) con un objetivo muy concreto: que las entidades financieras usen stablecoins y depósitos tokenizados en pagos transfronterizos sin tener que pactar un acuerdo bilateral con cada contraparte y cada mercado.

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Conviene fijar los dos términos, porque se confunden a diario. Una stablecoin es un token emitido por una empresa que promete mantener paridad uno a uno con una divisa, normalmente con reservas en efectivo o deuda a corto plazo. Un depósito tokenizado es otra cosa: la representación digital del dinero que un cliente ya tiene depositado en un banco, con su balance y su supervisión intactos, pero con la capacidad de moverse y programarse como si fuera software.

El ahorro es la clave de todo. Abrir una corresponsalía nueva entre dos países cuesta meses de papeleo, auditorías y comisiones. Si diez bancos se enchufan a un mismo riel, dejan de necesitar diez conexiones cruzadas.

La entrada de Malasia y Tailandia se produce por la vía regulatoria. Bank Negara Malaysia y el Bank of Thailand se suman como miembros decisores de políticas, no como operadores. No aportan liquidez: aportan marco normativo. Y en pagos internacionales, el marco era justo lo que faltaba.

El movimiento de HSBC apunta al otro extremo del tubo, el usuario final. RedCoin convierte el saldo de PayMe, la aplicación de pagos entre particulares que el banco británico opera en Hong Kong, en dinero programable dentro de un entorno controlado por la propia entidad. No compite con un wallet cripto: compite con AlipayHK y con WeChat Pay por el mismo gesto de pagar el café con el móvil. Y lo hace con 3,3 millones de clientes que no necesitan saber qué es una cadena de bloques para usarlo.

Queda el papel de Visa y Mastercard. Ambas aportan lo único que ninguna red joven ha construido en cincuenta años: aceptación en decenas de millones de comercios. También llevan tiempo ensayando con la liquidación en stablecoins. Su función en BLOOM no es la de meros socios tecnológicos, sino la de puente entre el riel digital y el comercio real.

La batalla del dinero tokenizado no se decidirá en la cadena de bloques, sino en la cuenta de resultados de cada banco emisor.

Dónde encaja Solana en este tablero

Visa stablecoin

Solana no aparece en el comunicado de BLOOM. Tampoco en el de RedCoin. Y, sin embargo, es una de las redes con más que ganar si el dinero tokenizado deja de ser una prueba de concepto. La razón es aritmética: es una de las plazas donde más USDC —el token de Circle que replica el dólar— circula, y lleva tres años vendiéndose como el sitio donde un pago cuesta una fracción de céntimo y se confirma antes de que apartes el dedo del móvil.

El precedente más citado es Visa. En 2023 la compañía amplió a Solana su programa de liquidación con USDC y desde entonces lo ha extendido a más emisores. PayPal hizo lo propio al desembarcar con su stablecoin, PYUSD. Y Solana Pay, el protocolo de pagos nativo de la red, permite que un comercio cobre con un código QR sin pasarela de por medio.

Ninguna de esas piezas necesita que BLOOM funcione. Pero todas ganan si funciona. Cuanto más dinero tokenizado circule, más sentido tiene liquidarlo en una cadena barata que en un sistema de mensajería interbancaria diseñado en los años setenta.

El análisis: la letra pequeña que puede dejar a Solana fuera

Hay un escenario incómodo que conviene poner sobre la mesa. BLOOM nace dentro de la banca y su prioridad es el cumplimiento, no la descentralización. Nada impide que el consorcio acabe operando sobre libros contables permissionados, donde cada banco vea solo su tramo y ningún saldo quede expuesto en una cadena pública. Singapur ya ensayó esa vía con Project Guardian, la serie de pilotos de tokenización que la MAS puso en marcha en 2022 con entidades como JPMorgan y DBS. Aquellos proyectos demostraron que la tecnología funciona; también que la mayoría de los bancos prefiere jardines cerrados.

Solana tiene, además, un lastre propio que cualquier comité de riesgos sacará en la primera reunión: las paradas de red de septiembre de 2021 y febrero de 2022, cuando el protocolo dejó de producir bloques durante horas por fallos en su cliente de validación. Es la objeción número uno de cualquier institución. La respuesta técnica lleva nombre: Firedancer, el segundo cliente validador desarrollado desde cero por Jump Crypto en C++, busca precisamente que un error de software no pueda tumbar la red entera. Su despliegue progresivo en mainnet es la pieza que más puede mover la aguja institucional en los próximos trimestres.

Dicho esto, el dinero tokenizado avanza por una razón muy poco ideológica: sale más barato. Y en esa comparación, las redes públicas de alto rendimiento parten con ventaja sobre los sistemas propietarios, aunque sea solo porque ya tienen liquidez, herramientas y desarrolladores.

Lo que toca vigilar no es el titular de esta semana, sino el estándar. Si el consorcio publica un marco técnico que admita cadenas públicas, Solana tiene argumentos para ser una de las primeras en entrar. Si el marco nace cerrado, la fiesta seguirá siendo de los bancos y el ecosistema cripto se quedará mirando desde fuera.


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