Brasil Mercosur, en juego: dos modelos económicos y la deuda familiar deciden el voto

La deuda de las familias, el futuro de Mercosur y los aranceles de Trump marcan una segunda vuelta que enfrenta dos formas opuestas de entender el Estado y el gasto público.

Brasil no elige entre dos gestiones: elige entre dos formas de entender el Estado. Esa es la idea que atraviesa el análisis que DW Español dedicó a la cita electoral brasileña, y que la presentadora Juliana González abrió con un dato incómodo para cualquier campaña: el país llega a las urnas con el desempleo en el 5,3% y una deuda pública que ronda el 83% del PIB. Con ese punto de partida, cada candidato ofrece una receta distinta para el mismo enfermo.

El punto de partida que fijó el programa es claro. Flavio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta con el 47% de los votos frente al 45% de Lula da Silva, y ambos llegan a la segunda vuelta con paquetes económicos que apenas comparten diagnóstico. La violencia, según se señaló en la entrevista, encabeza las preocupaciones del electorado; la economía ocupa el segundo lugar. Pero en la práctica, buena parte del debate de estos días ha terminado girando alrededor de la factura doméstica.

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Dos recetas económicas que no comparten diagnóstico

La propuesta del candidato opositor, explicada en el programa, pasa por recortar el gasto público, eliminar ministerios, bajar impuestos y retomar la agenda de privatizaciones. Es una hoja de ruta de adelgazamiento del aparato estatal, con el ajuste fiscal como bandera y la reducción de la carga tributaria como promesa electoral.

Lula da Silva, que busca un cuarto mandato, apuesta por lo contrario: reforzar la inversión pública y dar continuidad a los programas sociales ya conocidos por los brasileños. Donde uno ve grasa, el otro ve músculo. El resultado del domingo decidirá cuál de las dos lecturas se convierte en política económica real a partir de enero.

La deuda familiar, el tema que se coló en la recta final

Ocho de cada diez familias brasileñas tienen deudas. Un tercio de la renta mensual de los hogares se destina al pago de esos compromisos, según estadísticas del Banco Central citadas durante la conversación con el periodista Marcelo de Sousa. El gobierno de Lula apuesta por mantener y ampliar el programa Desenrola, que entró en su tercera fase en septiembre pasado y que consiste, básicamente, en que el Estado recompra deuda a los bancos: préstamos personales y saldos de tarjeta de crédito que las entidades consideraban en buena parte impagables. El cálculo oficial habla de cancelar alrededor de 30.000 millones de dólares en deudas a un costo cercano a los 3.000 millones, y la tercera fase incorporó también a las microempresas.

El candidato opositor, en cambio, planteó en el debate presidencial un programa de recompra todavía más amplio, que incluiría deuda familiar y también de empresas de todo tipo. Según se comentó en el programa, no quedó claro cuál sería el alcance de esas deudas ni de qué manera se financiaría semejante operación. Es la diferencia entre un plan detallado y un anuncio de intenciones.

Ambos candidatos coinciden en que el Estado recompre deuda; la diferencia está en el alcance y, sobre todo, en quién termina pagando la factura.

— Marcelo de Sousa, en DW Español

Mercosur: la promesa de soltar amarras

En el plano geopolítico, la pregunta es qué ocurriría con el acuerdo Mercosur-Unión Europea, que ya se aplica de forma provisional, si gana Flavio Bolsonaro. El candidato no llegó a decir que sacaría a Brasil del bloque, pero sí habló de liberar las amarras del Mercosur para poder cerrar acuerdos bilaterales con países como China o Estados Unidos. Su programa de gobierno menciona además la voluntad de ingresar en la OCDE, y el gesto replica declaraciones ya conocidas del argentino Javier Milei.

Ahí está el riesgo que señaló el invitado. Brasil es la mayor economía del bloque, y Bruselas negoció el pacto con el Mercosur entendiéndolo como una entidad única. Si el socio principal empieza a moverse por su cuenta, sectores críticos en Europa encontrarían argumentos para reabrir un acuerdo que tardó 25 años en cerrarse. No es un detalle menor: se trata del texto comercial más grande que la UE ha negociado nunca.

Aranceles: la afinidad como carta de negociación

El tercer frente es Washington. Donald Trump impuso aranceles adicionales del 25% a miles de productos brasileños, y Lula acusó a su rival de haberlos pedido. Flavio Bolsonaro propuso suspenderlos temporalmente mientras se negocia. Su baza, según el análisis, es la sintonía política con la Casa Blanca; en un acto en julio pasado ya ofreció revisar impuestos que Brasil cobra al etanol estadounidense y bajar tributos a las tarjetas de crédito de bandera americana. Sus críticos sostienen que llegaría a la mesa habiendo entregado cartas antes de empezar.

Del lado oficialista la lectura es otra. Lula ya retrocedió en aranceles de hasta el 40% en productos como la carne y el café a finales del año pasado, y en el Palacio del Planalto especulan con que la Casa Blanca entró en un compás de espera a la espera de un resultado favorable a la oposición. Las negociaciones, calculan, se acelerarían una vez resueltas las elecciones brasileñas y las legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. Queda una pregunta sin respuesta: qué puede ofrecer Brasil si sigue Lula, cuando los aranceles se justificaron por el sistema de pagos y por los impuestos al etanol.

Un país con empleo bajo y deudas altas

Conviene detenerse en la paradoja de fondo. Brasil no vive una crisis de desempleo —el 5,3% es un registro bajo para su historia reciente— pero sí una crisis de endeudamiento privado que ahoga el consumo. La deuda pública, cerca del 83% del PIB, limita el margen de maniobra de cualquier gobierno. Y el gasto tributario que exigen las dos propuestas, sea por la vía de bajar impuestos o por la vía de recomprar deuda, choca contra ese mismo muro fiscal.

La economía brasileña tampoco está aislada. La disputa arancelaria con Estados Unidos, su segundo socio comercial, se suma a un escenario global de tipos altos y comercio fragmentado. Un país que negocia solo, fuera de un bloque, gana flexibilidad y pierde peso específico. Y en el caso del Mercosur, lo que está en juego no es solo el acceso a mercados: es la credibilidad de una arquitectura comercial que otros socios observan con lupa.

Qué significa esto para el lector

Hay tres lecciones que trascienden el caso brasileño. La primera es que el malestar económico ya no se mide solo con la tasa de paro: el indicador que manda en las encuestas es la deuda de los hogares y su peso sobre la renta disponible. La segunda es que la pertenencia a un bloque regional ha dejado de ser un dato fijo y se ha convertido en una variable electoral, algo que afecta de lleno a los exportadores europeos y a las empresas españolas con intereses en la región.

La tercera tiene que ver con la negociación arancelaria. La afinidad política con Washington puede abrir puertas, pero también puede vaciar de contenido la mesa de negociación antes de sentarse. Un acuerdo comercial se juzga por lo que se conserva, no por lo que se regala rápido.

Para el lector esto se traduce en algo concreto: si se confirma el giro liberal, cabe esperar presión a la baja sobre el gasto social, un impulso privatizador y una relación más transaccional con Bruselas. Si se impone la continuidad, la clave estará en si el programa de recompra de deuda escala sin desbordar las cuentas públicas. En cualquiera de los dos escenarios, el crecimiento brasileño de los próximos años se decidirá menos en la Superintendencia de Bancos y más en la cocina de cada casa.

Una campaña decidida por la factura de fin de mes

Más alla de los modelos y de la geopolítica, el vídeo deja una imagen difícil de olvidar: un país capaz de reducir el paro hasta niveles históricos y que, al mismo tiempo, dedica un tercio del sueldo de sus familias a pagar intereses. El voto del domingo probablemente no se decida en los foros internacionales, sino en la nevera. Y esa es una pregunta que ninguna de las dos candidaturas ha respondido del todo.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de DW Español en YouTube.


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