El Niño 2026 contra 1997: la NASA compara 35 años de altimetría satelital y el Pacífico no responde igual

Los mapas de altura del mar del Sentinel-6 y del histórico TOPEX/Poseidón dibujan un patrón casi calcado al de octubre de 1997 en el Pacífico ecuatorial. La NOAA otorga un 83 % de probabilidad de que el episodio se mantenga fuerte hasta marzo de 2027.

El Niño 2026 ha devuelto al Pacífico ecuatorial la misma firma de altura del mar que dejó el episodio de 1997. Lo ha visto la NASA al poner una imagen junto a la otra, separadas por 29 años y por dos generaciones de satélites, y el resultado es a la vez tranquilizador e incómodo: el dibujo del océano se parece mucho, pero este evento llegó antes y con menos aviso.

La comparación la firma el Earth Observatory de la NASA dentro de su serie Imagen del Día, con mapas elaborados por Lauren Dauphin a partir de datos de altimetría procesados en el Jet Propulsion Laboratory. A la izquierda, el 13 de octubre de 1997, medido por TOPEX/Poseidón. A la derecha, el 12 de octubre de 2026, medido por Sentinel-6 Michael Freilich.

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El código de color es sencillo y engañosamente inocente. El rojo marca las zonas donde la superficie del mar está por encima de su media; el blanco, la normalidad; el azul, los hundimientos. Antes de pintar, los científicos eliminan el ciclo estacional y la tendencia de largo plazo para que solo quede la anomalía: lo que el océano hace de más, no lo que hace siempre.

Ahí está el parecido. En ambos octubres, el agua alta y caliente se apila en el Pacífico central y oriental y se estira hasta tocar la costa de Sudamérica, mientras el extremo occidental se queda por debajo de su nivel habitual. Es la inclinación clásica del Pacífico en fase cálida, el desnivel que delata que el motor atmosférico ha dejado de empujar el agua hacia Asia.

Conviene recordar por qué la altura del mar sirve como termómetro. El agua, al calentarse, se expande. Ocupa más volumen, sube unos centímetros y esos centímetros viajan con ella. La altimetría satelital no mide la temperatura: mide su consecuencia física, una capa de agua tibia que flota más alto que el resto del océano.

Una anomalía de altura de pocos centímetros es el océano apuntando su propia fiebre en un termómetro que se lee desde el espacio.

La serie incluye una tercera fecha que ayuda a entender lo que este año no es. En octubre de 2015, con Jason-2 como testigo, el Pacífico también estaba muy cálido, pero el agua alta no llegó a chocar con Sudamérica con la misma insistencia. Aquel episodio repartió sus lluvias de otra manera, más sobre Centroamérica y el sureste de Estados Unidos, con inundaciones notables en México.

En 2015 el océano también ardía, pero la cresta de agua cálida se quedó a medio camino y el calendario de lluvias cambió de continente.

1997 fue otra cosa. Entonces las lluvias torrenciales cayeron sobre California y la franja sur de Estados Unidos, los incendios arrasaron Indonesia, y la Amazonia, y la sequía arruinó cosechas en el sur de África. La NASA sostiene que el episodio actual rivaliza con aquellos pesos pesados de la serie.

Cómo funciona una cinta métrica de 35 años sobre el océano

Lo que hace posible la comparación no es un satélite, sino una cadena. Josh Willis, científico de proyecto de las misiones de nivel del mar en el JPL, lo resume así: el registro de altimetría acumula 35 años de datos tomados por satélites casi idénticos que sobrevuelan una traza casi idéntica, con cada misión solapada con la siguiente. Esa continuidad permite restar una época de otra sin que el instrumento contamine la resta.

La analogía médica funciona: es como tener 35 años de analíticas del mismo paciente hechas siempre en el mismo laboratorio y con los mismos reactivos. Así se distingue una fiebre de una simple variación de temporada.

altimetría satelital

«Podemos mirar atrás y comparar este El Niño con lo que ocurrió en 1997», añade Willis. «Y ahora mismo, este va camino de ser aún mayor.»

Ahí aparece la primera grieta en el espejo. El fenómeno de 2026 se instaló mucho más de golpe que el de 1997-98: la fase cálida se aceleró en semanas, y eso desplaza el calendario de los impactos aunque el mapa de octubre sea casi un calco del de hace tres décadas. El Pacífico no responde igual porque no ha tardado lo mismo en responder.

Lo que la comparación todavía no permite afirmar

La NOAA publicó el 8 de octubre de 2026 su diagnóstico del ENSO: un 83 % de probabilidad de que el episodio se mantenga fuerte o muy fuerte durante el primer trimestre de 2027. Es una cifra alta, pero no es un pronóstico de impactos. Ahí empieza el terreno resbaladizo.

Willis lo dijo sin rodeos: «Siempre hay algo de tirada de dados. Que este El Niño se parezca al de 1997 no significa que vaya a ser exactamente igual; es solo nuestra mejor apuesta ahora mismo». La razón es física. La señal oceánica es ordenada y medible, pero su influencia se propaga por una atmósfera caótica y se difumina en cuanto sale del trópico.

Mi lectura es que la comparación de la NASA vale sobre todo como marco de referencia, no como profecía. Sabemos que el océano tiene el calor colocado justo donde más daño hizo en 1997-98. No sabemos si la atmósfera va a responder con la misma coreografía. De hecho, el arranque repentino de este año sugiere que la secuencia no será idéntica.

Hay una limitación más, y es de escala temporal. La altimetría mide lo que hay en la superficie; no ve directamente el contenido de calor de las capas profundas ni la forma en que el viento reorganiza esa energía semana a semana. Por eso los mapas se leen en serie y se actualizan, no como una foto fija de un solo octubre.

Tampoco conviene perder de vista el fondo. El nivel del mar global lleva décadas subiendo por el calor acumulado, y estos mapas restan precisamente esa tendencia para que podamos ver el latido del fenómeno. La misma operación estadística que aclara la señal oculta el elefante de la habitación. Eso sí, el registro de vigilancia del nivel del mar del JPL permite hacer las dos cosas a la vez, algo impensable en 1997.

Queda un hilo abierto que merece seguimiento: el invierno 2026-27. Si el patrón se sostiene, la NOAA y el JPL actualizarán sus diagnósticos mes a mes, y la comparación con 1997 dejará de ser una curiosidad de calendario para convertirse en la prueba de si el océano y la atmósfera, esta vez, avanzan al mismo compás.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: que las anomalías de altura del mar de octubre de 2026 reproducen la estructura del episodio de octubre de 1997, con el agua cálida apilada hasta la costa de Sudamérica.
  • Dónde: Pacífico central y oriental, a lo largo del ecuador y hasta el litoral sudamericano.
  • Institución responsable: NASA Earth Observatory, con datos de altimetría procesados por el Jet Propulsion Laboratory (TOPEX/Poseidón, Jason-2 y Sentinel-6 Michael Freilich).
  • Cuándo: mapas del 13 de octubre de 1997, 12 de octubre de 2015 y 12 de octubre de 2026; diagnóstico de la NOAA del 8 de octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: entre el 83 % de probabilidad de un episodio fuerte o muy fuerte hasta marzo de 2027 y el riesgo de lluvias torrenciales en California, sequía en el sur de África e incendios en Indonesia.

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