Cómo saber si sufres insomnio crónico y qué hábitos ayudan a recuperar el sueño

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Cuando el insomnio es un síntoma y no el problema: apnea, piernas inquietas, tiroides, depresión y fármacos

Uno de los motivos por los que el insomnio crónico merece un apartado propio es que, en buena parte de los casos, no es la enfermedad sino la señal de que hay otra. Un estudio de una unidad del sueño española que revisó 127 pacientes diagnosticados de insomnio en 2023 concluyó que el 60,6% tenía un trastorno mental activo —ansiedad, distimia o depresión— y que el insomnio idiopático apenas suponía una décima parte de los casos. En esa misma serie, 45 pacientes asociaban apnea obstructiva del sueño, 15 síndrome de piernas inquietas y 9 movimientos periódicos de las piernas. La Sociedad Española de Neurología calcula que el 90% de las personas con apnea del sueño o con piernas inquietas no están diagnosticadas, lo que convierte el insomnio en la primera pista de un problema que, sin buscarlo, pasa desapercibido.

El mecanismo importa porque condiciona el tratamiento. En la depresión mayor el insomnio suele traducirse en despertares precoces, y hasta un 80% de las personas con ansiedad lo presentan; en el hipertiroidismo, en dificultad para conciliar el sueño con taquicardia o sudoración; en las piernas inquietas, en un impulso irresistible de mover las extremidades al acostarse. A esto se añaden los fármacos: betabloqueantes, corticoesteroides, preparados de hormona tiroidea, antidepresivos activadores, teofilina o diuréticos pueden fragmentar el descanso. Por eso las guías recomiendan descartar causas secundarias antes de prescribir un hipnótico, en un país donde se consumen unas 110 dosis de benzodiacepinas al día por cada 1.000 habitantes: tratar solo el síntoma sin buscar el foco puede cronificar el problema.


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