Cómo saber si sufres insomnio crónico y qué hábitos ayudan a recuperar el sueño

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Tres noches malas por semana durante tres meses: la frontera del insomnio crónico

shadow of woman on bed

No todo mal dormir es insomnio. Las dos clasificaciones de referencia —el DSM-5-TR de la psiquiatría estadounidense y la ICSD-3 de la medicina del sueño— sitúan la frontera de la cronicidad en una combinación concreta: dificultad para conciliar el sueño, para mantenerlo o despertares demasiado tempranos que se repiten al menos tres noches por semana y se prolongan tres meses o más, pese a que la persona tenga tiempo y condiciones adecuadas para dormir. El DSM-5 añade matices de duración: episódico si ocurre entre una y tres noches al mes, persistente cuando supera los tres meses y recurrente si se registran dos o más episodios en un año. Y hay un segundo requisito igual de decisivo: que la falta de sueño deje huella durante el día, con cansancio, irritabilidad, peor concentración o memoria, somnolencia o más errores y accidentes.

Ese corte no es un capricho estadístico: separa un mal episodio de un trastorno que tiende a instalarse. Se estima que entre el 6 % y el 10 % de la población adulta cumple los criterios diagnósticos de insomnio crónico, y que en torno a uno de cada cinco casos de insomnio de corta duración acaba cronificándose; cuando el problema se mantiene más allá de un año se añaden riesgos para la salud. El diagnóstico es clínico, basado en lo que relata el paciente y, si es posible, en un diario de sueño de unas dos semanas, no en pruebas de laboratorio: la polisomnografía se reserva para sospechar otras alteraciones —apnea, piernas inquietas— o insomnios resistentes. De ahí la utilidad de anotar cuántas noches se duerme mal y cómo se nota al día siguiente: es la información con la que el médico valora si se ha cruzado el umbral y si procede iniciar un tratamiento, que en primera línea es terapia cognitivo-conductual y no un fármaco.

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