Iryo no está demasiado preocupada por sus números rojos. La empresa depositó hace poco más de un mes sus resultados de 2025 en el Registro Mercantil y, aunque estos se traducen en unas pérdidas de algo más de 12 millones de euros, la realidad es que suponen una notable reducción en comparación con el año previo, cuando los números rojos alcanzaron los 31,6 millones de euros. Y es que, según el análisis de la auditoría de PwC, consultado por Merca2, existen más motivos para el optimismo que para la preocupación, con 2027 perfilándose como el primer año en el que la compañía debería entrar en números verdes.
Es cierto que esto también quiere decir que, para el ejercicio 2026, el presupuesto aprobado por el Consejo de Administración aún contempla un resultado negativo estimado. Para cubrir este desfase antes de alcanzar el equilibrio final, los accionistas firmaron en marzo de 2026 un compromiso vinculante de aportación adicional de 20 millones de euros. A ello se suma que este año ha sido todavía más complejo de lo esperado, pues ha estado marcado por el accidente en Adamuz, pero la apuesta de la dirección siempre ha estado fijada en el próximo año.
«Tras el resultado de la gestión financiera, el resultado neto muestra una recuperación aún más marcada: la pérdida se reduce de -31,6 millones de euros en 2024 a -12,1 millones de euros en 2025, con una mejora de aproximadamente 19,5 millones de euros… La compañía se sitúa así mucho más cerca del punto de equilibrio, acortando de forma significativa la distancia hacia resultados netos positivos», se lee en el informe del auditor.

Es cierto que este dato no depende solo de Iryo. La empresa, como el resto del sector, está condicionada por las decisiones de Adif, que mantiene límites de velocidad en varias rutas clave del territorio nacional, lo que puede afectar a la disponibilidad de algunas circulaciones. Se suma, por supuesto, que la industria ha visto cómo los precios han subido en los últimos meses —aunque siguen por debajo de los registros de 2019— y cómo la ocupación de los trenes continúa afectada tras el accidente.
Aún hay riesgos alrededor del negocio de Iryo en España
A pesar de que la mayoría de las señales son positivas, la empresa italoespañola sigue afrontando ciertos riesgos. Algunos son los habituales de una compañía que se encuentra aún en etapa de inversión y despliegue, como ocurre tanto en el caso de Iryo como en el de su rival en la alta velocidad privada, Ouigo. Sin embargo, la situación específica del sistema ferroviario español hace que la empresa afronte algunos desafíos únicos.
Lo principal de momento es la respuesta de los usuarios tras las dudas que generó el accidente en Adamuz. Si la recuperación de la demanda se retrasa más de lo esperado, será clave ver qué ocurre con las incidencias que la infraestructura ha sufrido en los últimos tiempos y si la normalidad acaba por volver durante 2027, fecha en la que Adif debería retirar las limitaciones temporales de velocidad impuestas por motivos de seguridad.
Adif ya ha renovado los permisos de Iryo
Sin embargo, Iryo cuenta con una importante baza a favor de sus planes. La empresa encargada de la infraestructura ferroviaria en España ya ha blindado el permiso operativo del operador. En diciembre de 2025, Iryo (ILSA) recibió una propuesta formal de Adif Alta Velocidad que contempla la renovación automática de su acuerdo marco por un periodo adicional de 10 años.

El acuerdo marco actual —que reserva capacidad en los corredores de alta velocidad Madrid-Barcelona, Madrid-Valencia, Madrid-Sevilla, Madrid-Málaga y Madrid-Alicante— finaliza el 24 de noviembre de 2032. Con esta prórroga, la concesión se extendería hasta noviembre de 2042. La renovación pasará a ser automática siempre que la compañía cumpla con requisitos específicos y predeterminados. Esto elimina la incertidumbre de dejar la continuidad del negocio sujeta a la sola voluntad del administrador de infraestructuras y se alinea con los criterios de certidumbre fijados por la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia).
La necesidad de un mercado rentable
Lo cierto es que uno de los retos permanentes del nuevo modelo ferroviario es que los dos operadores privados logren rentabilidad tras años de pérdidas tras la liberalización. Es un paso crucial para consolidar el mercado y para analizar la apertura de nuevas rutas donde Renfe aún mantiene el monopolio, como ocurre en el corredor de Galicia.
Por otro lado, el sector podría verse obligado a asumir cambios que afecten al bolsillo de los usuarios. Posibles giros políticos o electorales podrían poner fin a ciertas subvenciones, como los bonos gratuitos de Cercanías y Media Distancia o los descuentos del Verano Joven, lo que tendría un impacto directo tanto en los ingresos de Renfe como en los de sus competidores privados.
Con todo, la hoja de ruta de Iryo sigue firme y el análisis de PwC la muestra bien encaminada hacia la rentabilidad. Por ahora, el sector permanece atento a los resultados del cierre de ejercicio para comprobar el impacto en sus planes a corto plazo y en las estrategias de las tres operadoras que compiten en la alta velocidad española.




