India y Pakistán llevan su guerra del agua a la ONU: Sharif avisa de ‘acto de guerra’ y estrecha su eje con China

India mantiene en suspenso el Tratado de las Aguas del Indo desde 2025 y Pakistán ha llevado el pulso a la Asamblea General. Una campaña de siembra sin acuerdo encarecería el algodón y el arroz que Europa importa del subcontinente.

He seguido el discurso de Shehbaz Sharif sobre el agua entre India y Pakistán con el mapa del Indo abierto. Lo que dijo el viernes en la Asamblea General de la ONU no es una novedad diplomática más: es la constatación de que el contencioso bilateral ha mutado. Ya no se discute únicamente por Cachemira. Se discute por el caudal que riega las dos economías.

Sharif lo formuló con una frase que conviene leer despacio: cualquier intento de detener, impedir o desviar la parte de agua que corresponde a Pakistán “será tratado como un acto de guerra”. Lo dijo ante la 81ª sesión de la Asamblea General, en Nueva York, y lo dijo con un argumento jurídico bajo el brazo. Desde 2025, India mantiene en suspenso el Tratado de las Aguas del Indo, un instrumento de 1960 tutelado por el Banco Mundial que repartía los ríos del sistema entre ambos países. El primer ministro pakistaní sostiene que esa suspensión carece de base legal y que los expertos de Naciones Unidas y la Corte Permanente de Arbitraje le han dado la razón.

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“El agua nunca debe ser utilizada como arma. Los ríos deben nutrir a las naciones, no dividirlas.” — Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán, 81ª sesión de la Asamblea General de la ONU, septiembre de 2026

Qué sostiene cada parte y con qué cifras

El discurso de Sharif reordenó en veinte minutos el mapa de agravios que Islamabad lleva a los foros multilaterales. Estos son los puntos que conviene retener:

  • Cachemira: el primer ministro describió el territorio como “la vena yugular de Pakistán” y reclamó el plebiscito que la ONU prometió hace ocho décadas.
  • El conflicto breve de 2025: la escalada militar del año pasado llegó después de un ataque contra turistas en Pahalgam que mató a 26 personas y que Nueva Delhi atribuyó a Islamabad sin aportar pruebas.
  • El alto el fuego de mayo de 2025: Sharif agradeció la mediación de Donald Trump, a quien atribuyó haber evitado una devastación mayor.
  • El coste del terrorismo: Pakistán cifra en casi 100.000 los muertos y en más de 150.000 millones de dólares las pérdidas acumuladas por la lucha contra el terrorismo.
  • El eje con China: en paralelo al discurso, Islamabad y Pekín han reactivado su comisión conjunta de fronteras, una señal de que el entendimiento con Pekín se estrecha mientras la vía india se cierra.

Hay un segundo mensaje que interesa a los mercados energéticos. Sharif advirtió de que el Estrecho de Ormuz y Bab al-Mandab “son arterias de la economía global” y deben seguir abiertos. Lo hacía el mismo primer ministro que presume de haber sentado a Washington y Teherán en la misma mesa de Islamabad en junio, con un memorando firmado que Pakistán presenta como su principal activo diplomático del año.

Indus Waters Treaty

La lectura: el agua como instrumento de presión

Lo que veo aquí es un desplazamiento del tablero. Pakistán ha entendido que la vía militar contra India es ruidosa, costosa y de resultado incierto; la vía hídrica es silenciosa, lenta y potencialmente devastadora. Un país cuya agricultura depende del caudal del Indo no negocia un tratado de aguas como quien discute una frontera. Negocia su supervivencia alimentaria.

India, por su parte, ha convertido la suspensión del tratado en una palanca de presión permanente, sin necesidad de disparar un solo tiro. Es la misma lógica que Pekín aplica con las tierras raras o con el galio: usar un recurso esencial como instrumento de negociación. Y ese precedente incomoda en Bruselas tanto como en Islamabad.

Queda una contradicción que los datos no resuelven. Pakistán reclama que la Corte Permanente de Arbitraje le ha dado la razón, pero el fallo no tiene mecanismo de ejecución frente a una potencia que ha decidido ignorarlo. Mientras India mantenga la suspensión, la única moneda de cambio real es la presión diplomática en foros como la ONU, y ahí el margen es estrecho.

El siguiente hito a seguir es la campaña de siembra de primavera en el Punjab pakistaní, en el primer trimestre de 2027. Si el tratado sigue congelado en esa fecha, la discusión dejará de ser jurídica y pasará a ser de cosechas.

🌐 El efecto dominó en Occidente

El impacto en Europa no llegará por la vía financiera directa, sino por la de las materias primas y el textil. Pakistán es uno de los grandes proveedores de algodón, hilatura y confección del sur del continente, y buena parte de esa producción depende de un riego que acaba de convertirse en moneda de cambio geopolítica.

  • Si el tratado sigue en suspenso durante la próxima campaña de siembra, el algodón y el arroz basmati que la UE importa del subcontinente tenderán a incorporar una prima de riesgo en los contratos a plazo.
  • Las cadenas de moda rápida con proveedores en Lahore y Faisalabad tendrían que renegociar plazos y coberturas, con un traslado indirecto al precio de la ropa en España.
  • Para el BCE el efecto es marginal, pero va en la dirección contraria a la que busca: presión al alza sobre los precios de importación de alimentos y textil justo cuando el Consejo intenta consolidar el retorno del IPC al 2%.
  • En Wall Street, el termómetro a vigilar en las próximas semanas es la prima de riesgo de la deuda soberana pakistaní y sus seguros de impago.

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