1El error exacto: encender la calefacción el primer día de octubre y no volver a tocarla
El fallo no está en pulsar el botón de encendido, sino en dejarlo fijado en la misma posición desde el primer día de octubre y no volver a mirarlo hasta la primavera. Con el termostato anclado en una temperatura alta —22 o 23 grados— la caldera sigue trabajando para mantenerla incluso en los días suaves del arranque otoñal. Ahí se dispara el gasto: el IDAE calcula que cada grado de más eleva el consumo en torno a un 7%, una cifra que el analista económico José María Camarero traduce en unos 10 euros extra al mes de media por cada grado. Subir de 20 a 23 grados puede añadir entre 25 y 30 euros a la factura mensual sin que apenas se note en el confort. La trampa es que el termostato no necesita subir ni bajar para gastar de más: basta con que se quede quieto en un valor elevado cuando la casa no lo necesita. Ese gesto de no volver a tocarlo es el que convierte un encendido razonable en el error caro del mes.
La alternativa no es retrasar el encendido, sino ajustarlo a la rutina. Lo primero es no fijar la fecha por calendario: la previsión de la AEMET para este otoño apunta a un octubre más cálido de lo habitual, con máximas de 18 a 20 grados en buena parte del país, de modo que en la mayoría de hogares la calefacción no será necesaria hasta mediados o finales de noviembre. La referencia sensata es la temperatura interior —por debajo de 18 grados de forma constante— junto al frío exterior sostenido varios días por debajo de 15. Una vez en marcha, lo eficiente es programarla por franjas: 19-21 grados durante el día y 15-17 por la noche, encendida una hora antes de levantarse o de llegar a casa. Bajar 2-3 grados durante el descanso recorta el consumo alrededor de un 10%, y hacerlo también cuando la vivienda queda vacía evita que la caldera caliente un espacio sin nadie.


