El río San Juan recorre 8,9 kilómetros en el desierto de Utah para avanzar apenas 2,1 kilómetros en línea recta. La NASA acaba de difundir la fotografía que un astronauta tomó de ese laberinto de roca el 6 de octubre de 2026 desde la Estación Espacial Internacional.
La imagen, publicada por el Observatorio de la Tierra de la NASA, corresponde al registro ISS075-E-188830: una cámara Nikon Z9 con objetivo de 400 milímetros en manos de un miembro de la tripulación de la Expedición 75. El archivo se procesó para mejorar el contraste y retirar artefactos de la lente, y muestra con nitidez el fenómeno que los geólogos llaman meandro encajado.
Un cañón de 300 metros donde el agua se dobla sobre sí misma
En el Parque Estatal Goosenecks, en el sur de Utah, el San Juan corre por un cañón de 300 metros de profundidad —unos 1.000 pies, la altura de un edificio de 75 plantas— camino del lago Powell. En varios tramos casi regresa sobre su propio cauce y dibuja curvas en herradura; visto desde el aire, el paisaje se parece menos a un río que a una cuerda abandonada sobre piedra.
El dato que mejor resume la exageración está en un solo tramo: el agua viaja 8,9 kilómetros entre dos puntos que, en línea recta —o como vuela un ganso—, distan solo 2,1. Por cada kilómetro de avance real, el río invierte más de cuatro. Ninguna carretera de montaña se toma tantas molestias.
Ese dibujo tiene nombre técnico: meandro encajado. El río no excavó las curvas desde cero. Las heredó de una llanura mucho más plana por la que discurría hace decenas de millones de años y, cuando el terreno comenzó a elevarse, siguió aferrado a su trazado mientras se hundía en la roca. La curva se conservó; lo que cambió fue la altura de las paredes.
El río no eligió este zigzag en la roca: lo traía dibujado de una llanura anterior y lo mantuvo mientras el suelo se levantaba bajo su cauce.
De una llanura marina al gran levantamiento del Colorado
La historia arranca hace decenas de millones de años, cuando el San Juan se parecía bastante al Misisipi actual. Corría por una llanura relativamente plana, formada en un ambiente marino antiguo, y sin relieves que lo estorbaran podía permitirse un camino largo y sinuoso cuesta abajo. Nada lo obligaba a ir en línea recta.
Todo cambió cuando las fuerzas tectónicas empujaron la meseta del Colorado hacia arriba. Algunos expertos sitúan en torno a hace 20 millones de años la fase en la que ese levantamiento elevó también las cabeceras del río. Al ganar altura el origen, aumentó la pendiente, y con ella la velocidad del agua.
Más pendiente significa más energía, y más energía, más capacidad de arrancar roca. El río empezó entonces a cortar hacia abajo por un sustrato de 300 millones de años, formado mucho antes de que existieran los dinosaurios, y lo hizo sin abandonar su serpentina. Para cuando el paisaje adquirió el aspecto actual, el cañón ya era el molde de una curva antiquísima.
La fotografía no es un adorno. Detrás está la instalación de Observación de la Tierra de la tripulación de la ISS y la unidad de Ciencias de la Tierra y Teledetección del Centro Espacial Johnson, que orientan a los astronautas sobre qué mirar. Lo que alguien dispara desde una ventana acaba a veces en estudios que ningún satélite automático tenía previsto cubrir.

Lo que la imagen no puede fechar: la cronología sigue abierta
Conviene separar dos cosas que la fotografía funde en una sola vista. La geometría es indiscutible: ahí están el cañón, las herraduras y la desproporción entre lo que el río avanza y lo que camina. La cronología, en cambio, no se lee en la imagen. Procede de la geología regional, de décadas de trabajo de campo y de síntesis como la que Karlstrom y colaboradores publicaron en 2022 en Annual Review of Earth and Planetary Sciences.
Esa revisión describe un levantamiento de varios episodios, no un golpe único. Ahí está el punto delicado. La propia NASA califica de aún enigmática la historia tardía de la meseta, y el modelo del meandro encajado explica bien la forma final, pero no fija con precisión cuándo se aceleró cada tramo de la excavación. Fijar esas fechas exige herramientas que no caben en una fotografía: termocronología de baja temperatura, tasas de incisión medidas en terrazas fluviales y mucho trabajo de campo. Nada de eso se resuelve mirando desde 400 kilómetros de altura.
Mi lectura es que estamos ante un caso sólido en lo geomorfológico y todavía abierto en lo temporal. Nadie discute que el río se encajó en la meseta; el debate está en el calendario y en el peso relativo de cada empujón tectónico. La imagen prueba el resultado, no el ritmo. Y en geología, separar el cómo del cuándo lleva bastante más tiempo que describir la forma.
Hay, eso sí, una manera de comprobar el terreno con los propios ojos. El parque recibió en 2021 la certificación de Parque Internacional de Cielo Oscuro, y su ubicación remota, en pleno desierto de altura, permite ver a simple vista objetos como el doble cúmulo de Perseo o la nube estelar M24, en el brazo de Sagitario de la Vía Láctea. Este mes de noviembre de 2026 coincide además con el pico de varias lluvias de meteoros: las Táuridas del norte, las Táuridas del sur y las Leónidas.
Quien vaya a mirar ese cielo hará bien en llegar antes del atardecer. La luz rasante de la tarde revela el desnivel y convierte el cañón en un mapa legible; después llega la bóveda nocturna, sin faros ni pueblos cerca. Dos lecciones de escala en el mismo sitio.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: una imagen de los meandros encajados del río San Juan, con tramos en los que el cauce recorre 8,9 kilómetros para avanzar 2,1 en línea recta.
- Dónde: Parque Estatal Goosenecks, condado de San Juan, sur de Utah (Estados Unidos), en el curso del río hacia el lago Powell.
- Institución responsable: Observatorio de la Tierra de la NASA, con imagen adquirida por la tripulación de la Expedición 75 y procesada por la unidad de Ciencias de la Tierra y Teledetección del Centro Espacial Johnson.
- Cuándo: fotografía tomada el 6 de octubre de 2026 y difundida por el Observatorio de la Tierra ese mismo mes.
- Impacto a futuro: el registro documenta la geometría de un cañón de 300 metros y sirve de referencia para reconstruir la cronología del levantamiento de la meseta del Colorado.




