Ni Asturias ni Cantabria: la ruta de cascadas del norte de España que está sin masificar en otoño

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Alargar la jornada: Fragas do Eume y el monasterio de Caaveiro

Explora ruinas de piedra históricas bajo un cielo azul claro, mostrando la arquitectura antigua y el patrimonio.

Si la ruta de cascadas se queda corta, las Fragas do Eume permiten alargar la jornada sin salir del mismo corredor de bosque atlántico. Este parque natural, de más de 9.000 hectáreas repartidas entre Pontedeume, Monfero, As Pontes, Cabanas y A Capela, es uno de los mejores ejemplos de fraga atlántica de Europa: robles, castaños, abedules y más de 20 especies de helechos que en otoño se tiñen de ocres y dorados. El río Eume y sus afluentes bajan encajados en un cañón de laderas abruptas, salpicado de fervenzas, pozas y puentes colgantes como los de Cal Grande y Fornelos. La Ruta dos Encomendeiros, la más conocida y de dificultad baja, sigue la orilla hasta el monasterio de Caaveiro; desde el centro de interpretación de Pontedeume son unos 7 kilómetros de ida por un trazado llano que se puede completar en dos o tres horas.

El premio es el monasterio de San Xoán de Caaveiro, levantado en el siglo X y escondido en pleno corazón del bosque, con iglesia románica del XII y campanario barroco posterior. La entrada es gratuita e incluye visitas guiadas, pero los horarios varían a lo largo del año, así que conviene llamar al parque antes de subir. Merece la pena informarse también del transporte: en los últimos veranos la Diputación de A Coruña no ha habilitado el autobús lanzadera, de modo que la visita obliga a caminar los 14 kilómetros de ida y vuelta desde el centro de interpretación. Fuera de la temporada alta, esa ausencia de servicios juega a favor: el otoño deja el cañón casi para uno mismo, con el río crecido por las lluvias, el monasterio emergiendo entre la niebla y rincones como la fervenza y el viejo molino del río Sesín o el salto del rego de Teixido junto a la central da Ventureira.

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