Qué hacer si el estante marca un precio recomendado y te cobran más en caja: la única reclamación que prospera

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La prueba que decide el expediente: foto del cartel, ticket y datos del establecimiento

Foto de RDNE Stock project en Pexels

Sin una imagen del cartel, la reclamación se reduce a la palabra de un cliente contra la de un cajero, y ahí no prospera nadie. La foto debe captar en el mismo encuadre el precio expuesto y el producto al que se refiere —nombre, marca, formato y, si es posible, el código o la referencia—, porque es lo único que desmonta el argumento más repetido en tienda: que el artículo estaba mal colocado o que el cartel correspondía a otra referencia. Conviene que se vea también la estantería o el pasillo, y que la imagen conserve fecha y hora en sus metadatos. El ticket fija lo que realmente se cobró: importe final, desglose de la compra, fecha y hora. Si ya se pagó y no hubo tiempo de fotografiar el cartel, aún se puede volver al establecimiento y capturarlo antes de que lo retiren, siempre que siga expuesto.

El tercer pilar son los datos del establecimiento, y es el que más expedientes deja cojos. La hoja de reclamaciones exige identificar al reclamado con nombre comercial, razón social, NIF y domicilio; esa información aparece en el propio ticket o en el cartel de la entrada, así que basta con copiarla o fotografiarla antes de salir del local. En el escrito hay que relatar los hechos con fechas, señalar el producto y su precio, y concretar la pretensión: la devolución de la diferencia cobrada y la corrección del etiquetado. La Administración traslada entonces la reclamación a la empresa, que tiene diez días hábiles para alegar y aportar pruebas; ahí la carga recae sobre el comercio, y si sostiene que el error era evidente tendrá que demostrarlo. Pedir la hoja es gratuito y obligatorio para el establecimiento; si se niega a entregarla, cabe requerir la presencia de la policía local para que levante acta.


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