La nutrición deportiva basada en geles y protocolos rígidos está en cuestión: François D’Haene, ganador de la UTMB, defiende más comida real en carrera y menos dependencia de productos específicos. La evidencia en fisiología del ejercicio respalda simplificar.
El ultrafondista francés lo dijo en el podcast del nutricionista Anthony Berthou, en un episodio publicado el 18 de septiembre de 2026 y grabado durante la UTMB de ese mismo año. No habla desde la teoría: acumula más de veinte años compitiendo en ultras. Lo que cuestiona no es la ciencia, sino su conversión en reglas permanentes.
Su crítica tiene tres frentes. El primero, la presión constante en torno al peso y al afilado. El segundo, la multiplicación de restricciones —alimentación vegana estricta, cetogénica, sin gluten— cuando no responden a una necesidad real. El tercero, la manía de medirlo todo: pesar los alimentos, calcular cada gramo y diseñar protocolos que acaban tapando el aprendizaje de las sensaciones.
Ahí aparece el dato que mejor aterriza su postura. Un corredor de 70 kilos que persiga unos 1,5 gramos de proteína por kilo necesita rondar los 105 gramos al día. El batido de proteína ayuda a repartir ese total, pero no sustituye a una alimentación completa. La base sigue siendo el plato.
El pasaje más honesto del episodio es el de la recuperación. Berthou lo resume sin rodeos: comer bien después de una salida larga puede aportar más que dos horas de masaje. Y, sin embargo, hay quien prefiere un batido de suero y saltar directo a la camilla. El orden importa.
Los geles no son el enemigo: el problema es convertirlos en la única estrategia y dejar de escuchar lo que pide el cuerpo cada día.
Cómo aplicar su enfoque sin renunciar al rendimiento
A efectos prácticos, la propuesta de D’Haene es un marco flexible. La comida real gana peso en carrera y en los entrenamientos largos, con productos locales y de temporada siempre que sea posible. La idea no es lograr una alimentación irreprochable, sino entender la estacionalidad y la procedencia de lo que comes.
Esto no significa improvisar. Significa entrenar la tolerancia: probar en las tiradas largas lo mismo que llevarás el día de la carrera —fruta deshidratada, frutos secos, sándwiches pequeños, arroz salado— y reservar los geles para los tramos donde masticar y digerir no es viable. Nada se estrena en competición.

Su filosofía va incluso más allá del plato. Aceptar temporadas menos optimizadas permite conservar capacidad de adaptación y recuperar esos recursos en los bloques decisivos de la preparación. Cuando todo funciona siempre al máximo, no queda margen para progresar.
📊 La pauta en cifras
- Proteína diaria: alrededor de 1,5 gramos por kilo de peso corporal; unos 105 gramos en un corredor de 70 kilos, repartidos entre las comidas del día.
- Batido de proteína: recurso de apoyo para cuadrar el total, nunca la base de la alimentación.
- Comida real en carrera: productos locales y de temporada, ya testados en los entrenamientos largos previos.
- A tener en cuenta: con el pulso alto, masticar y digerir cuesta más; reserva los geles para los tramos de máxima intensidad.
Hay una letra pequeña que conviene leer. Muchos productos etiquetados como ‘recuperación’ o ‘rendimiento’ no cuentan con declaraciones de propiedades saludables autorizadas por la autoridad europea de seguridad alimentaria, así que su promesa se apoya más en el marketing que en el expediente científico. El batido puede ayudar; el bote no hace magia.
Para ampliar el marco general, la nutrición deportiva combina desde hace décadas hidratos, proteína e hidratación en función de la duración del esfuerzo. Lo nuevo no es la fórmula, sino recuperar el criterio para adaptarla a cada día.
Qué dice la evidencia y dónde está el matiz honesto
El modelo de gel cada veinte minutos nació en el laboratorio y en el ciclismo de carretera, donde el estómago apenas se mueve. En un ultra de montaña, con el pulso alto y el cuerpo agitado, masticar y digerir comida completa cuesta más. La evidencia de fisiología del ejercicio apunta en la misma dirección que D’Haene: el sistema digestivo se entrena y tolera mejor lo que ya conoce.
Eso sí, conviene no idealizar la comida real. Un gel pesa poco, se traga sin masticar y permite mantener el ritmo en un tramo técnico. En esfuerzos por debajo de las dos horas, ni unos ni otros son imprescindibles: agua y una pauta decente bastan. El matiz que cambia todo está en la duración del esfuerzo.
La posición del francés no procede de un ensayo con grupo control, sino de dos décadas de kilómetros. Su valor está en la coherencia con lo que la fisiología del ejercicio viene repitiendo: la flexibilidad rinde más que el dogma, y la mejor estrategia es la que puedes sostener durante horas sin que tu cabeza ni tu estómago se rebelen.
Para quien empieza en el trail, el mensaje es liberador. No necesitas siete botes distintos ni pesar cada ración. Necesitas cocinar, probar, ajustar y aprender a a leer tu hambre y tu energía. Lo demás es optimización de despensa, que también cuenta.
Este contenido es divulgativo y está orientado a la optimización del estilo de vida; no constituye consejo médico ni sustituye la valoración de un profesional sanitario.
⚡ Rutina de Optimización Diaria
- Reordena el plato antes que el bote: cocina una comida completa después de cada salida larga y deja el batido solo para las jornadas en las que no llegues al total de proteína.
- Entrena el estómago en las tiradas: prueba cada semana un alimento real de los que llevarás en carrera; si tolera bien tres horas de esfuerzo, ya tienes una pieza fija.
- Haz una semana sin pesar nada: durante siete días anota energía y hambre en lugar de gramos; recuperarás la información que las cifras tapan.




