RACC alerta: el 87% de los riders de Barcelona usa bicicletas modificadas sin protección

El informe se apoya en cinco barómetros previos sobre patinetes y siete sobre bicicletas para comparar conductas. Desde el 1 de octubre, casco y chaleco reflectante serán obligatorios para todo repartidor con caja, aunque hoy solo los cumplen el 20% y el 6%.

El 87% de los riders de Barcelona circula con bicicletas eléctricas manipuladas, según la auditoría del RACC difundida esta semana.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Una auditoría del RACC sobre 2.800 repartidores concluye que el 87% de las bicicletas eléctricas que se usan en Barcelona está manipulada y que solo el 20% lleva casco.
  • ¿Quién está detrás? El RACC firma el trabajo de campo; la DGT firma la norma que entra en vigor el 1 de octubre de 2026.
  • ¿Qué impacto tiene? Desde esa fecha, casco y chaleco reflectante son obligatorios para todo repartidor con caja, aunque hoy solo los cumplen el 20% y el 6%.

2.800 repartidores observados: ni más incívicos ni mejor protegidos

El equipo del club automovilístico observó a cerca de 2.800 transportistas en distintos puntos de la capital catalana. La foto fija es la de un oficio masculinizado hasta el extremo: no se detectó ni una sola mujer al manillar, ni sobre una bicicleta, ni sobre un patinete, ni sobre una de esas cargobike llamadas a asumir el reparto de última milla. La bici eléctrica se impone con el 66% de los casos, muy por delante del patinete (18%). Y en el 76% de los avistamientos la carga viaja a la espalda, frente a un 16% que ha instalado portaequipajes.

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El segundo hallazgo desmonta el lugar común. Los datos no demuestran que los riders sean más incívicos que el resto de ciclistas o usuarios de patinete. El 18% cruza el paso de peatones con el semáforo en rojo, un 7% circula en sentido contrario y un 20% recurre a la acera cuando no hay infraestructura propia. El RACC acumula cinco barómetros sobre vehículos de movilidad personal y otros tantos sobre bicicletas, así que tiene con qué comparar. ‘Podemos concluir que no son unos kamikazes’, resume Cristian Bardají, director de Movilidad de la entidad.

El capítulo de la protección personal es el incómodo. Solo el 20% lleva casco y el 6%, chaleco reflectante. La luz —roja detrás, blanca delante—, que ya es obligatoria, la porta el 49%, un dato que no solo compromete la seguridad: en un siniestro contra otro vehículo, circular sin ella puede jugar en contra del propio repartidor. Los guantes, que no son exigibles, aparecen en el 4% de los casos. El móvil, en cambio, se queda en un 2% de infractores, lejos de la imagen instalada en el imaginario.

A eso se suma la ocupación del espacio público. En los cuatro establecimientos observados, los repartidores superan los ocho minutos de espera con los pedidos a cuestas, y el porcentaje de acera ocupada va del 40% en Torrent de l’Olla al 90% en el comercio analizado de Via Augusta. En Via Laietana, donde el carril bici está pintado solo para el sentido ascendente, el 26% de los riders baja en dirección contraria para no coincidir con los autobuses de TMB.

La manipulación mecánica es, con todo, el dato que más incomoda. El 87% de las bicicletas eléctricas observadas va trucada para ganar autonomía y para salir de los semáforos con una potencia que ya no procede de los pedales. Bardají lo describe así: ‘muchas veces da la sensación de que toman decisiones y realizan maniobras más propias de una moto que de una bicicleta’.

El problema no es la prisa: es que 2.800 repartidores trabajan sin casco, sin chaleco y con una bici que ya no es del todo una bici.

El 1 de octubre el casco y el chaleco dejan de ser opcionales

El calendario aprieta. A partir del 1 de octubre, el nuevo Reglamento General de Circulación, norma estatal tutelada por la Dirección General de Tráfico, obliga a los repartidores a portar casco, y el chaleco reflectante. No hay garantía de que la fotografía cambie de un día para otro: si hoy solo el 20% y el 6% cumplen, y ni la mitad porta las luces que ya son exigibles, es probable que buena parte del colectivo ni siquiera haya interiorizado el cambio normativo. Tampoco parece que las empresas que les contratan ejerzan control alguno sobre los elementos de protección de quienes reparten sus pedidos.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El impacto es doble. En el bolsillo, porque el casco y el chaleco dejan de ser un gasto opcional y pasan a ser condición para trabajar; en la responsabilidad, porque la norma sitúa la exigencia en el repartidor y no en quien le asigna la ruta y le fija el incentivo por entrega rápida. La zona cero es Barcelona, y en concreto sus ejes comerciales: Via Augusta, Torrent de l’Olla y Via Laietana concentran los tres problemas medidos, la espera larga, la acera tomada y el carril bici mal resuelto. El dato que resume todo sigue siendo el 87%: casi nueve de cada diez bicicletas modificadas en un oficio que se juega la integridad física en cada cruce.

Hay un precedente que ayuda a leerlo. El club automovilístico lleva años midiendo el civismo sobre ruedas con series periódicas, y esa insistencia es la que permite afirmar hoy que los riders no son peores conductores que el resto. La conclusión es incómoda para quien esperaba titulares de barbarie y cómoda para las plataformas, que no salen mal paradas en conducta pero sí en protección: el informe no detecta ningún mecanismo de control de las empresas sobre el casco, el chaleco o la potencia de la bici. El punto débil es de método, porque son observaciones de campo y no telemetría. La verificación real llega el 1 de octubre.


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