Por qué la IA dispara la bolsa de tecnológicas (y qué valores del Ibex se quedan atrás)

El dinero se concentra en las grandes tecnológicas mientras el Ibex 35 sufre una rotación que castiga a valores ajenos a la IA. Los analistas ven en ACS y Merlin una oportunidad, aunque el consenso no es unánime.

El apetito inversor por la inteligencia artificial vuelve a tensar la bolsa de tecnológicas. Lo hace incluso con las valoraciones en zona de discusión y con un efecto colateral que los analistas llevan semanas señalando: hay valores del Ibex 35 que están quedando por el camino.

La idea de fondo es sencilla y, a la vez, incómoda. La carrera global por la IA ha despejado el recorrido de las grandes tecnológicas, según coinciden los análisis que recogen los medios especializados. El dinero mira hacia allí. Y, cuando el dinero mira hacia un solo lado, el resto del mercado lo nota.

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Esa asimetría es la que ha devuelto el optimismo a los parqués sin disipar las dudas. No es que el mercado haya dejado de creer en la IA; es que empieza a preguntarse a qué precio está dispuesto a creer en ella.

La IA vuelve a tirar del carro tecnológico

El consenso más repetido entre gestoras y casas de análisis apunta en la misma dirección. La IA no es un tema de un trimestre, sino una inversión de ciclo largo en infraestructura: centros de datos, semiconductores, energía y software. Ahí están las compañías capaces de facturar el fenómeno, no solo de mencionarlo en la presentación de resultados.

La propia Expansión resumía la semana con un titular elocuente: la carrera por la IA despeja el recorrido en Bolsa de las tecnológicas. El matiz importa. Despejar el recorrido no es lo mismo que garantizar el retorno, y esa diferencia es la que separa una tesis de inversión de una simple moda.

El otro lado del espejo lo ponen quienes alertan de que el mercado paga por adelantado varios años de beneficios que aún no han llegado. La cautela ante la opción de invertir en IA ya no es una rareza de analistas agoreros; se ha colado en las carteras de quienes hasta hace poco solo veían recorrido al alza.

El problema no es que la IA suba, sino que el mercado, mientras la mira a ella, deja de mirar todo lo demás.

El castigo que el Ibex paga por la fiebre de la IA

Mientras las tecnológicas celebran, una parte del selectivo español paga la fiesta. Los analistas hablan abiertamente de castigo excesivo en valores que no tienen nada que ver con la IA y que, precisamente por eso, han dejado de interesar al dinero que persigue el relato ganador.

Hay una explicación que va más allá de la rotación. Para las tecnológicas, la IA es un ingreso; para el resto del mercado, es un coste. Las empresas tradicionales tendrán que invertir en digitalización y en eficiencia sin poder repercutir ese gasto al cliente, y ese desequilibrio se traduce en múltiplos más bajos. El mercado no castiga que una compañía no sea tecnológica: castiga que no sepa cómo va a pagar la factura.

La tesis que más se repite es la de la oportunidad. Hay quien sostiene que el apetito por el riesgo sigue intacto y que conviene estar en estos sectores; y hay quien va un paso más allá y asegura que algún valor del Ibex 35 se ha convertido en una súper oportunidad de inversión tras el castigo de la IA. Son las dos caras de la misma rotación.

invertir en IA

El caso más citado es el de ACS, donde el consenso parece más claro. Con Merlin Properties el diagnóstico se parte en dos: hay quien ve valor y quien ve trampa. Lo amas o lo odias, resume el mercado. Lo que nadie discute es que ambos nombres cotizan hoy con un descuento que hace un año no tenían.

Conviene, eso sí, no confundir castigo con sentencia. Un valor penalizado por la rotación no es automáticamente un valor barato; a veces es solo un valor al que el mercado ha dejado de mirar. La diferencia entre ambas cosas la marca el negocio, no el gráfico.

La fiesta de la IA y el fantasma de las puntocom

He cubierto otras fiebres tecnológicas y reconozco el patrón. Cuando un tema se convierte en el relato dominante, muchos gestores no compran compañías: compran pertenencia al club. Nadie quiere ser el que se quedó fuera de la IA por prudente. Esa presión, más que los fundamentales, explica buena parte de los movimientos recientes.

El precedente más manido es el de la burbuja de las puntocom, y por eso conviene tratarlo con pinzas. En 2000 había proyectos sin apenas ingresos; hoy compañías como Nvidia facturan de verdad. El riesgo no es idéntico, pero el mecanismo psicológico se parece demasiado.

Lo peligroso no es que la IA sea una moda, sino que el mercado se comporte como si no pudiera serlo. Cuando una sola tesis explica todas las subidas, la corrección no llega por un mal dato, sino por la simple acumulación de expectativas. Historia de siempre, con otro nombre.

Hacia dónde va esto depende de dos cosas: que los beneficios de las tecnológicas confirmen lo que ya descuentan sus precios y que el dinero empiece a mirar, otra vez, fuera del club. El próximo ciclo de resultados, ya en octubre, será el primer termómetro serio. Si las cuentas acompañan, el castigo del Ibex tendrá los meses contados; si no, la rotación encontrará su excusa.


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