2Somnolencia diurna y microsueños: cuando el cuerpo se apaga en una reunión o al volante
El microsueño no es quedarse dormido: es un apagón de segundos que quien lo sufre no registra. Durante esos episodios —de unos dos a treinta segundos según las revisiones clínicas— la persona puede mantener los ojos abiertos, la mano en el teclado o en el volante, mientras el cerebro deja de procesar lo que ve y oye. De ahí que sea un síntoma silencioso: apenas avisa y, al terminar, no se recuerda. La vuelta a la oficina lo favorece porque reúne dos factores clásicos. Por un lado, el desfase de horarios y el déficit de sueño que se arrastran de las vacaciones. Por otro, los entornos monótonos que se retoman de golpe: reuniones largas, pantallas, trayectos repetidos. La somnolencia se dispara además en los dos valles naturales del reloj biológico, de madrugada (en torno a las 2:00-5:00) y a primera hora de la tarde (14:00-16:00), justo cuando más cuesta mantener la atención.
Lo que convierte este síntoma en una señal que no debería ignorarse es su relación con los accidentes. A 90 km/h, un microsueño de tres o cuatro segundos equivale a recorrer entre 75 y 100 metros sin ningún control del vehículo, y es una de las causas principales de las colisiones por fatiga, muchas veces registradas como simple pérdida de control o despiste. En la oficina el daño es menos visible pero real: no se recuerda lo acordado en una reunión, se pierden conversaciones enteras o se revisa un documento sin haberlo leído. La privación de sueño degrada las funciones psicomotoras de forma comparable al alcohol: estar 18-20 horas sin dormir se asemeja a una tasa de 0,05% de alcohol en sangre, y 24 horas, a 0,10%. Si los episodios se repiten pese a dormir lo suficiente, conviene descartar trastornos como la apnea obstructiva del sueño, la narcolepsia, la anemia o el hipotiroidismo.


