Los precio de la gasolina toca su máximo anual tras 11 semanas de subidas y llenar el depósito ya cuesta 100,87 €

El litro de gasolina se sitúa en 1,866 euros y el diésel repunta un 2,17%, hasta 1,834 euros. La escalada ha borrado casi toda la rebaja fiscal que el gasóleo recuperó el 1 de septiembre.

El precio de la gasolina encadena once semanas de subidas y toca un nuevo máximo anual en España. El litro de gasolina sin plomo de 95 se paga ya a 1,866 euros, tras encarecerse un 2,88% en apenas siete días, mientras el diésel retoma la senda alcista y borra casi toda la rebaja fiscal que estrenó el 1 de septiembre.

Los datos del Boletín Petrolero de la Unión Europea de esta semana confirman que el carburante más vendido acumula una subida de casi el 30% desde finales de junio. El gasóleo, que la semana anterior había registrado su primer descenso en más de dos meses, repunta ahora un 2,17% y se coloca en 1,834 euros por litro. Otra semana, otra subida.

Publicidad

El depósito supera los 100 euros y cuesta 23 más que hace un año

Llenar un depósito medio de 55 litros de diésel tiene un coste de 100,87 euros, unos 23,3 euros más que hace un año, cuando ascendía a 77,55 euros. Para los vehículos de gasolina, el desembolso actual es de 102,63 euros, unos 21 euros por encima de los 81,56 euros de septiembre de 2025. El repostaje no perdona.

La escalada mantiene, además, un cruce poco habitual. La gasolina supera al diésel por primera vez desde marzo, un sorpasso que rompe la lógica tradicional del surtidor español y que responde, en buena medida, al distinto tratamiento fiscal de ambos carburantes. Durante años el gasóleo fue el producto más caro, y ese orden había resistido incluso a las grandes crisis energéticas. Ahora el impuesto pesa más que la propia demanda.

El origen de la brecha está en el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos (IEH). Desde el 1 de septiembre, la rebaja del diésel se elevó a 20 céntimos por litro tras la fuerte subida de su precio en julio, mientras que la de la gasolina se recortó de 10 a 5 céntimos. El efecto fue inmediato: bastó una semana para que el gasóleo se comiera buena parte de ese alivio con un repunte que devuelve el litro a los niveles previos.

La rebaja fiscal del diésel ha durado apenas una semana: el mercado se ha encargado de devolver el litro a los niveles de julio.

Con todo, ambos carburantes se mantienen lejos de los máximos que marcaron el verano de 2022. En julio de aquel año, la gasolina alcanzó los 2,141 euros y el gasóleo los 2,1 euros, niveles que hoy quedan todavía unos 30 céntimos por encima de los actuales. Ni una tregua.

La racha es la más larga del año y llega después de un arranque de ejercicio más tranquilo. El giro se produjo a finales de junio, y el estallido del conflicto en Irán terminó de empujar los precios al alza al devolver la prima de riesgo geopolítico a los mercados energéticos. Desde entonces, el surtidor español no ha encontrado un solo respiro semanal.

España reposta más barato que la media europea

Pese a la escalada, el surtidor español sigue por debajo del entorno comunitario. La gasolina sin plomo de 95 se paga de media en España a 1,866 euros, frente a los 2,063 euros de la Unión Europea y los 2,127 euros de la eurozona. En el diésel, el litro español a 1,834 euros contrasta con los 2,158 euros de la UE y los 2,191 euros de la zona euro.

La formación del precio en el surtidor responde a varios factores que se mueven a distinta velocidad: la cotización específica de cada carburante, la evolución del crudo, los impuestos, el coste de de la materia prima y de la logística, además de los márgenes brutos que aplican las petroleras. La cotización del crudo no se traslada de forma directa al surtidor, sino que lo hace con un decalaje temporal que puede estirarse varias semanas. Por eso un descenso del barril no se traduce de inmediato en una rebaja del litro.

El golpe, además, se reparte de forma desigual. Para el conductor que reposta una vez al mes, el encarecimiento supone un desembolso extra de apenas 20 euros respecto al año pasado. Para una flota profesional, un transportista o un repartidor de última milla, la factura se multiplica semana tras semana y se convierte en un coste estructural que no siempre se puede repercutir al cliente final. El gasóleo mueve la mayor parte de la logística española.

Un otoño con el carburante caro y el margen fiscal agotado

La paradoja de este septiembre es que la rebaja fiscal diseñada para aliviar el bolsillo del conductor ha acabado diluida en el propio mercado. El mecanismo de salvaguarda del IEH ajusta la bonificación según la evolución trimestral del precio, de modo que cuanto más caro está el combustible, mayor es el recorte teórico, pero también mayor es la subida que lo absorbe. El resultado es un efecto óptico: la ayuda existe sobre el papel, aunque el surtidor apenas la refleje.

La comparación con el verano de 2022 ofrece una lectura doble. Entonces, con la gasolina por encima de los 2,1 euros, el Gobierno desplegó una batería de medidas (bonificación generalizada de 20 céntimos, descuentos de las petroleras) que hoy no se repite. Ahora el precio está casi 30 céntimos por debajo de aquel pico, lo que resta urgencia política a la intervención, pero el nivel sigue siendo el más alto del año y llega en plena vuelta al colegio y a la rutina laboral, cuando la demanda de movilidad repunta.

Once subidas consecutivas no son una racha cualquiera: confirman que el carburante ha dejado de ser barato y que el margen fiscal ya no da para más.

El riesgo evidente es que la racha de once semanas consecutivas acabe trasladándose a la cesta de la compra y a la inflación del transporte, un componente que pesa en el índice general mucho más de lo que sugiere su peso directo. El conflicto en Irán continúa actuando como telón de fondo: mientras persista la volatilidad en el crudo, la gasolina difícilmente encontrará suelo. La presión no viene solo del surtidor.

El escenario de otoño no invita al optimismo. La demanda de carburantes se mantiene firme, la oferta de refino sigue tensionada y las decisiones fiscales están condicionadas por la evolución trimestral del precio. Cualquier nuevo repunte del crudo se trasladará al surtidor en cuestión de semanas, y cualquier respiro tardará al menos lo mismo en notarse.

La pelota vuelve a estar en el tejado de la política fiscal y del mercado internacional. Los próximos datos del Boletín Petrolero de la Unión Europea, que se publican cada jueves, marcarán si la tendencia se rompe o se consolida en las semanas siguientes.


Publicidad