Los hogares españoles afrontan la jubilación con una elevada confianza en la pensión pública, pero con poca planificación financiera. El 60% cree que podrá mantener el nivel de vida deseado durante su retiro, mientras solo el 20% de los ahorradores sigue un plan de ahorro definido, cinco puntos menos que la media europea, según un estudio de J.P. Morgan Asset Management.
«Aunque el ahorro es una tradición europea muy saludable, el exceso de dependencia en instrumentos de liquidez tiene un gran impacto negativo sobre la riqueza de los hogares y sobre la actividad económica, ya que limita el consumo y restringe el acceso de las empresas europeas a la financiación que necesitan para invertir y crecer,» señala Javier Dorado, director general de J.P. Morgan Asset Management para España y Portugal.
El problema español no parece ser solo cuánto se ahorra, sino qué se hace con ese ahorro. El estudio dibuja un hogar que mantiene una parte importante de su patrimonio en posiciones líquidas y tiene una exposición relativamente baja a los mercados de capitales. Es decir, el reto está también en transformar al ahorrador en inversor.
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Hay una brecha entre confianza y planificación. El 60% de los españoles cree que podrá mantener el nivel de vida que desea durante la jubilación, pero solo el 20% sigue un plan de ahorro definido. Es una contradicción especialmente potente: existe confianza en el futuro sin que esa confianza vaya acompañada de una estrategia financiera concreta.
La jubilación se está tratando más como una expectativa que como un proyecto financiero. El dato del 20% implica que ocho de cada diez ahorradores españoles no siguen un plan definido. El informe no permite afirmar que esos ocho de cada diez no ahorren, pero sí que no tienen una estrategia de ahorro definida según la metodología de la encuesta.
El efectivo funciona como refugio, pero también como coste de oportunidad. En Europa, el 27% declara tener la mayor parte de sus ahorros —excluyendo el fondo para emergencias— en efectivo. J.P. Morgan calcula que los 2,8 billones acumulados desde la pandemia tendrían hoy un valor de 5,4 billones si se hubieran invertido en acciones globales, frente a unos 3 billones mantenidos en liquidez. Es una comparación hipotética del estudio, no una rentabilidad que pueda extrapolarse automáticamente a cada ahorrador español.
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Más de un tercio identifica el riesgo de pérdidas como principal motivo para no tener acciones, mientras que un 43% directamente no se plantea invertir o no sabe cómo hacerlo. Por tanto, el problema no es únicamente de educación financiera: también hay una barrera psicológica vinculada al riesgo.
La confianza del español en la pensión pública puede estar sustituyendo a la planificación individual. El informe relaciona la elevada confianza en el apoyo estatal con una menor participación de los hogares en los mercados de capitales. En España, Francia e Italia esta combinación aparece especialmente marcada. Es una relación que señala el estudio, no una prueba de causalidad.
El dato más preocupante afecta precisamente a quienes tienen menos margen temporal para reaccionar. En Europa, casi el 20% de las personas de 46 a 61 años todavía no ha iniciado ningún plan de ahorro o inversión para la jubilación. Es un dato europeo, no específico de España, pero sirve para poner en perspectiva el problema de la falta de planificación.

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España aparece como un problema de sistema, no solamente de comportamiento individual. Una de las ideas más interesantes del informe es que Suecia, Finlandia o Países Bajos tienen una mayor exposición de los hogares a los mercados pese a que no necesariamente presentan mayores niveles de conocimientos financieros o confianza. J.P. Morgan atribuye parte de la diferencia a planes de pensiones e incentivos fiscales.
La solución que plantea el informe es bastante reveladora: no esperar a que todos los ciudadanos se conviertan en expertos financieros. J.P. Morgan considera que mejorar la educación financiera es una vía lenta y apunta a mecanismos automáticos de ahorro e inversión como una alternativa de mayor velocidad, poniendo como ejemplo la afiliación automática a planes de pensiones en Países Bajos.
Hay una paradoja generacional interesante: mientras los jóvenes menores de 35 años presentan una presencia destacada de las criptomonedas —para el 10% constituyen su principal instrumento de ahorro/inversión—, el problema general del sistema es precisamente la dificultad para canalizar el ahorro hacia inversiones diversificadas a largo plazo. El dato no permite concluir que los jóvenes estén mejor o peor preparados financieramente, pero sí muestra que el comportamiento inversor cambia mucho por generaciones.
«Si ese ahorro no se canaliza hacia la economía, las opciones de los ciudadanos para incrementar su patrimonio se reducen drásticamente. Necesitamos transformar la situación actual de pérdidas en una de ganancias,» reclama Lucía Gutierrez-Mellado, directora de Estrategia de J.P. Morgan AM, “Europa tiene una importante oportunidad: convertir su ahorro a largo plazo en inversión productiva, ofrecer a los hogares mejores posibilidades de alcanzar sus objetivos financieros —incluida una jubilación más holgada— y contribuir simultáneamente a poner capital disponible para las empresas e impulsar el crecimiento económico europeo. Y ahora es el momento».




