Las mitocondrias generan la energía que sostiene tus entrenamientos y tu foco diario, y la evidencia apunta a que se fortalecen con ejercicio, sueño de calidad y buena oxigenación, no con cápsulas.
Qué hacen las mitocondrias por tu energía (y por qué no basta con una cápsula)
Son diminutas estructuras dentro de tus células, y su tarea más conocida es fabricar energía. En concreto producen adenosín trifosfato, o ATP, la molécula en la que la célula almacena la energía que después usa para la contracción muscular, el metabolismo y la reparación de tejidos. La profesora de biología molecular Nora Vögtle lo resume con una imagen muy gráfica: el ATP es ‘una especie de moneda universal de la célula’.
Los materiales para esa energía vienen de la comida. Cuando degradas los nutrientes se liberan partículas cargadas de energía que recorren varias estaciones dentro de la mitocondria, un proceso conocido como cadena respiratoria. En cada paso se libera energía que la mitocondria aprovecha para fabricar ATP. Traducido a tu día: cuanto mejor funcione esa maquinaria, más energía estable tendrás para entrenar y para concentrarte.
La mitocondria no reparte solo energía: también ajusta cómo responde la célula al desgaste y participa en la renovación de los tejidos. No es una batería pasiva que se ‘recarga’ desde fuera, sino un sistema vivo que responde a las señales que le mandas con tus hábitos.
La letra pequeña de los suplementos que prometen ‘cargar’ tus mitocondrias
El mercado lo ha visto claro. Se venden cápsulas, polvos y gotas con coenzima Q10 —a menudo en forma de ubiquinol—, con precursores de NAD+ y con L-carnitina. El argumento comercial es seductor: llenarían tus mitocondrias como si fueran pilas gastadas, subirían la energía celular y frenarían el envejecimiento. Aquí conviene recordar que las declaraciones de propiedades saludables pasan por el filtro de la autoridad europea de seguridad alimentaria, y muchas de estas promesas no lo superan. Vamos a los datos.
No hay cápsula que cargue tus mitocondrias mejor que moverte, dormir bien y oxigenar el cuerpo.
La coenzima Q10 la produce tu propio organismo y también entra por la dieta. Para la población sana no hay pruebas sólidas de que un suplemento extra mejore el suministro de energía o frene el envejecimiento, tal y como recuerda el instituto alemán de evaluación de riesgos (BfR). Pagar por ella suele ser pagar por marketing.
Con los precursores de NAD+ —NAD+, NADH o NMN— ocurre algo parecido. Estas moléculas sí participan en el metabolismo energético, pero de ahí no se deduce que una cápsula provoque un chute de energía ni retrase el envejecimiento. La profesora Natascha Sommer, especialista en señalización mitocondrial, lo dice sin rodeos: no hay pruebas inequívocas de que estos preparados mejoren la función mitocondrial en personas sanas.
La L-carnitina también se forma en el cuerpo en cantidad suficiente. Aunque interviene en la obtención de energía a partir de las grasas, tomarla de más no dispara automáticamente la quema de grasa ni tu rendimiento. El matiz que cambia todo: que una sustancia participe en un proceso no significa que suplementarla mejore ese proceso.
Hay una razón de fondo para tanta cautela. Las mitocondrias viven en tejidos muy distintos y hacen trabajos distintos en cada uno, así que lo que se observa en células aisladas o en laboratorio no se traslada sin más al músculo o al hígado de una persona viva. Por eso Sommer avisa de que estos resultados se interpretan mal y se sobreinterpretan a menudo.
📊 La pauta en cifras
- Pauta eficaz: 150 minutos semanales de ejercicio moderado, o 75 de actividad vigorosa, más dos sesiones de fuerza.
- Cuándo y cómo: Reparte el movimiento en 4 o 5 días y suma dos bloques de zona 2 y uno corto de alta intensidad.
- Calidad a buscar: Descanso de 7 a 8 horas con horarios estables y luz natural por la mañana.
- A tener en cuenta: El Q10, el NMN y la carnitina no muestran un beneficio claro en personas sanas; el hábito sí.
Por qué el hábito gana al bote: lo que dice la evidencia
Conviene añadir otro matiz típico del marketing: el de los antioxidantes. Al fabricar ATP la mitocondria genera especies reactivas de oxígeno, los famosos radicales libres. Durante años se vendieron como el enemigo a batir, pero la realidad es más matizada: en dosis pequeñas actúan como mensajeros celulares. Cuando se acumulan sin neutralizarse aparece el estrés oxidativo, que puede dañar proteínas, membranas y el propio ADN mitocondrial.
Aun así, apagar ese estrés a lo bruto no es la solución. Una revisión Cochrane sobre suplementos antioxidantes en participantes sanos no encontró un beneficio convincente, y Sommer advierte de que suprimir el estrés oxidativo de forma indiscriminada no parece útil. El objetivo no es anular los radicales libres, sino mantener el sistema en forma para gestionarlos.
Y aquí está la buena noticia: lo que de verdad fortalece tus mitocondrias está en tu agenda, no en la farmacia. El ejercicio regular es el estímulo más potente para crear y mejorar mitocondrias. El sueño de calidad repara el sistema. Y una buena oxigenación de los tejidos es imprescindible: todo lo que empeora el suministro de oxígeno acaba dañando las mitocondrias. La dieta variada, evitar el alcohol y el tabaco, y la estimulación mental completan la lista con respaldo.
Aterrizado a ti: si buscas energía estable, no compres la promesa, entrena el hábito. La constancia cuesta más disciplina que tragar una cápsula —así lo reconoce la propia Sommer—, pero es lo único que la ciencia respalda. Esta información es divulgativa y de optimización del estilo de vida, no un consejo personalizado. Y lo mejor: lo aplicas mañana mismo.
⚡ Rutina de Optimización Diaria
- Muévete temprano: Haz 20 o 30 minutos de zona 2 o una caminata rápida antes de empezar la jornada.
- Protege tu sueño: Fija una hora de acostarte y busca de 7 a 8 horas con horarios estables.
- Oxigena mejor: Suma dos sesiones de fuerza y respira por la nariz en reposo; reduce alcohol y tabaco.




