La prima de riesgo de Francia supera los 100 puntos básicos: máximos desde 2012

El Gobierno de Lecornu eleva la previsión de déficit al 5,4% del PIB y anuncia un ajuste de 54.000 millones para 2027. La curva francesa ya paga más que la italiana pese a contar con mejor calificación.

La prima de riesgo de Francia ha superado los 100 puntos básicos por primera vez desde 2012. El sobrecoste que el mercado exige a los bonos galos frente a los alemanes se instala en máximos de catorce años, empujado por un déficit que el propio Gobierno acaba de revisar al alza y por un calendario electoral que los inversores leen más como amenaza que como promesa.

Los bonos franceses rompen la barrera de los 100 puntos

La cifra no es un detalle técnico. Marca el punto en el que la deuda francesa deja de comportarse como la de un emisor core y empieza a cotizar como la de un periférico. El primer ministro, Sébastien Lecornu, anunció esta semana que el déficit público cerrará el año en el 5,4% del PIB, por encima del 5% previsto, y atribuyó el desvío al crecimiento más débil y al encarecimiento de la financiación.

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Como respuesta, el Ejecutivo ha comprometido un recorte de gasto de 54.000 millones de euros para 2027 con el objetivo de devolver el déficit al 5% del PIB. Lecornu ha reconocido que el ajuste entraña un riesgo político evidente y amenaza con desatar una nueva oleada de protestas a las puertas de los comicios.

El problema trasciende a Francia. El bono español a diez años, que llegó a tocar el 4%, cotiza, en su nivel más alto desde 2013; el estadounidense supera el 5% y firma su máximo desde 2007; el japonés se mueve en cifras que no se veían desde el siglo pasado. El barril de petróleo, por encima de los 100 dólares ante la ausencia de una solución al conflicto de Oriente Próximo, añade presión a una inflación que se resiste a ceder y a unas cuentas públicas que todos los Gobiernos intentan contener.

Un castigo que ya no distingue a Francia de Italia

Desde 2024, Francia paga más que España por colocar su deuda en el mercado. No es un accidente de una sola sesión, sino el reflejo de una crisis política que zarandea el país desde las elecciones europeas de aquel año y de una Asamblea profundamente dividida que ya vislumbra la cita con las urnas de abril de 2027. La perspectiva de un presupuesto equilibrado se ha convertido, a ojos de los inversores, en una quimera.

Francia ha dejado de ser el refugio del euro para convertirse en el termómetro de su fragilidad fiscal y política.

Los analistas no esperan un alivio inmediato. Los estrategas de tipos de Société Générale sitúan el diferencial de 120 puntos básicos ‘al alcance’, sobre todo si se recrudece la incertidumbre política, según recoge Bloomberg. Afonso Borges, investigador de Renta Fija de Julius Baer, sostiene que el deterioro fiscal ya está descontado en la cotización de los bonos galos y que, para que el castigo se agrave, los resultados tendrían que decepcionar unas expectativas que ya son pesimistas.

El argumento de Borges tiene una lectura incómoda para París: la curva francesa ofrece hoy rendimientos superiores a los de Italia, pese a que Francia conserva una calificación crediticia sustancialmente mejor. El mercado no está premiando la solvencia histórica, sino descontando el riesgo futuro. Primero fueron los tipos; después, la política.

La presión también llega a la renta variable. El Cac 40 cede un 0,9% en lo que va de año, frente al repunte del 3,5% del Dax alemán y el 12,8% del Ibex 35. Los analistas de Citi estiman que la volatilidad seguirá pesando sobre la Bolsa francesa de cara a los comicios, porque la renta variable gala tiende a rezagarse frente a sus homólogas europeas en cada cita electoral clave.

El riesgo político que la prima todavía no descuenta del todo

Hay un patrón que se repite cada vez que un emisor soberano europeo cruza un umbral simbólico: la prima de riesgo deja de medir la probabilidad de impago y empieza a medir la capacidad de un Gobierno para aprobar un presupuesto. Francia está justo ahí. El diferencial que hoy supera los 100 puntos básicos no habla de un impago inminente —la calificación sigue siendo alta y el país mantiene un acceso fluido al mercado—, sino de una parálisis política que hace inviable cualquier consolidación fiscal seria antes de las presidenciales de abril de 2027.

El detalle que más debería preocupar a París no es el nivel del diferencial, sino la asimetría de los programas que compiten por el Elíseo. Marine Le Pen, favorita en los sondeos, propone recortes de impuestos y bajar la edad de jubilación, es decir, menos ingresos y más gasto. Jean-Luc Mélenchon ha planteado una quita o una moratoria de la deuda francesa en manos del BCE, una idea que recibió un rechazo frontal desde Fráncfort, con Christine Lagarde y Joachim Nagel al frente, y entre economistas como Olivier Blanchard. Ninguno de los dos escenarios encaja con lo que el mercado quiere oír.

A riesgo de equivocarme, creo que el mercado solo está descontando una parte del problema. La prima ha subido por el déficit, pero el grueso del castigo político llegaría con la campaña electoral. Société Générale habla de 120 puntos básicos como techo plausible; la pregunta es qué ocurre si ese techo se queda corto. La próxima prueba de fuego está a la vuelta de la esquina: la negociación de los presupuestos y el arranque formal de la carrera hacia el Elíseo. Ahí se sabrá si Francia es un problema de coyuntura o una grieta estructural en el núcleo del euro.


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