El Lake Powell cae a su nivel mínimo histórico: 3.517,24 pies, unos 1.072 metros de altitud. Las imágenes del NASA Earth Observatory, captadas el 10 de septiembre de 2026, muestran el segundo embalse más grande de Estados Unidos convertido en un río ancho y sinuoso que serpentea entre cañones de arenisca naranja.
La comparación es implacable. El 1 de septiembre de 2017, ese mismo tramo situado justo por encima de la presa de Glen Canyon reflejaba uno de los niveles más altos de la última década. Ahora la lámina de agua se ha retirado y deja al descubierto brazos enteros de cañón. Las dos imágenes las firma el instrumento OLI (Operational Land Imager) del satélite Landsat 8, una misión conjunta de la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Los números confirman lo que el ojo ya ve. El embalse se situó por debajo del récord anterior, 3.519,92 pies, fijado el 13 de abril de 2023, a mediados de agosto de 2026, y desde entonces no ha dejado de bajar. Según los registros de la Oficina de Reclamación de Estados Unidos, el primer mínimo histórico se alcanzó el 15 de agosto de 2026.
Existe una línea roja. A 3.490 pies, el agua deja de llegar con presión suficiente a las turbinas hidroeléctricas de la presa. El lago se mantiene por encima de ese umbral, pero el margen se ha estrechado hasta 27 pies: unos ocho metros de colchón antes de que las máquinas de Glen Canyon queden fuera de servicio.
No es un caso aislado. El lago Mead, el embalse situado aguas abajo, también registró mínimos históricos en agosto de 2026. Los dos grandes depósitos del sistema del río Colorado llevan años bebiendo del mismo invierno escaso.
El río que abastece a 40 millones de personas en el suroeste de Estados Unidos discurre hoy por un cañón que hace una década estaba inundado.
La escala humana del dato es difícil de exagerar. El Colorado riega alrededor de 5 millones de acres de cultivo, unas 2 millones de hectáreas, y suministra agua y electricidad a más de 40 millones de personas en ciudades como Las Vegas, Phoenix, Los Ángeles, y San Diego.
Un embalse que hace nueve años llenaba todos sus brazos laterales es hoy una herida azul sobre la arenisca.
Un invierno sin nieve que llegó tarde río abajo
El origen del desplome está a cientos de kilómetros al noreste, en las montañas de la cuenca alta del Colorado. Allí el invierno de 2025-2026 dejó una acumulación de nieve inusualmente baja, lo que los especialistas llaman una sequía de nieve. A ello se sumaron tramos de calor récord que consumieron parte de ese manto antes de que pudiera fundirse y alimentar el río.
Sin el aporte del deshielo primaveral, el embalse no recibió la recarga habitual. En abril de 2026, la Oficina de Reclamación activó un paquete de medidas para evitar que Lake Powell cayera por debajo del nivel necesario para producir hidroelectricidad: liberó agua del embalse de Flaming Gorge, en el norte de Utah y el sur de Wyoming, redujo las sueltas hacia el lago Mead, canceló una crecida controlada prevista para construir bancos de arena para los peces y renunció a una liberación de agua fría destinada a proteger a las especies nativas.
Esas decisiones tienen coste ecológico. Un estudio publicado en la revista Science el 11 de agosto de 2026 advierte de que la interrupción de las sueltas de la presa amenaza los ecosistemas del río aguas abajo. La gestión del agua se ha convertido en un ejercicio de triaje: cada metro cúbico que se queda en un embalse falta en el siguiente.
Cómo se ve una sequía desde la órbita terrestre
La familia de satélites Landsat fotografía la misma superficie del planeta desde 1972. Esa continuidad de más de cinco décadas es lo que permite poner dos imágenes lado a lado y medir, sin ambigüedad, cuánto terreno ha ganado el desierto. En el caso de Lake Powell, el contraste entre 2017 y 2026 es la prueba visual de una cuenta que llevaba años cuadrando mal.
Conviene traducir las cifras a algo que se pueda tocar. Los 3.517 pies de altitud equivalen a algo más de mil metros, y los 27 pies que separan el lago del umbral de las turbinas caben en la altura de un edificio de tres plantas. Ese es todo el margen que le queda a la central hidroeléctrica de Glen Canyon entre funcionar y quedarse quieta.
Una megasequía que ya dura un cuarto de siglo
La sequía del suroeste de Estados Unidos no empezó este año. Los expertos la sitúan en el arranque del siglo XXI y la llaman megasequía: un episodio de décadas, no de meses, que ha convertido la excepción en paisaje. Que 2026 haya batido el récord de 2023 en apenas tres años dice bastante sobre la dirección de la tendencia.
La ciencia aplicada intenta responder. Varios proyectos financiados por la NASA y alimentados con observaciones satelitales ayudan a los gestores de la cuenca a decidir antes de que el agua falte. En la cabecera del río, un panel basado en el Western Land Data Assimilation System ofrece humedad del suelo, equivalente en agua de la nieve y evapotranspiración en tiempo real, datos que alimentan el grupo de trabajo sobre sequía de Colorado.
Cerca de Lake Powell, la Herramienta de Evaluación de la Severidad de la Sequía, codesarrollada con la Nación Navajo, permite a sus líderes vigilar índices locales de sequía, tendencias de precipitación y salud de la vegetación en tierras tribales. Y el Colorado River Integrated Assessment, desarrollado por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona junto al Central Arizona Project, reúne en una sola vista la modelización y los datos validados por satélite sobre nieve, agua superficial, agua subterránea y humedad del suelo en toda la cuenca.
Con todo, conviene separar lo que estas imágenes demuestran de lo que no. La fotografía es un instante: confirma un mínimo histórico, no una trayectoria irreversible. Un invierno generoso en las Montañas Rocosas podría devolver parte del volumen perdido. Dos décadas de datos, sin embargo, invitan a no apostar por esa carta. Aquí, la cautela no es escepticismo: es la lectura honesta de una serie temporal que lleva mucho tiempo apuntando en la misma dirección.
El próximo hito es meteorológico y llegará con las primeras nevadas de la temporada 2026-2027 en las Rocosas. Hasta entonces, la Oficina de Reclamación seguirá actualizando los niveles del embalse y los satélites seguirán tomando la misma foto cada pocos días. En Glen Canyon, cada pie de agua cuenta.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El embalse de Lake Powell ha caído a su nivel mínimo histórico, 3.517,24 pies, por debajo del récord anterior de 3.519,92 pies.
- Dónde: Lake Powell, entre Utah y Arizona (Estados Unidos), a lo largo del cañón del río Colorado, junto a la presa de Glen Canyon.
- Institución responsable: NASA Earth Observatory, con imágenes del instrumento OLI del satélite Landsat 8 (NASA-USGS) y datos de elevación de la Oficina de Reclamación de Estados Unidos (USBR).
- Cuándo: La imagen comparativa corresponde al 10 de septiembre de 2026; el primer mínimo histórico se registró el 15 de agosto de 2026.
- Impacto a futuro: El sistema del río Colorado abastece a más de 40 millones de personas y a unos 5 millones de acres de cultivo, y el embalse se acerca al umbral que dejaría sin producción a la hidroeléctrica de Glen Canyon.




