Aimar Bretos es uno de los responsables de la caída de calidad que está experimentando la radio matinal y del aumento de oyentes huérfanos que, este septiembre, no terminan de encontrar qué escuchar. El periodista ha tomado las riendas de ‘Hoy por hoy’ después de la marcha de Àngels Barceló, con la misión de mantener el peso de la principal franja de la SER y aportar una personalidad propia. Barceló había aventurado que su sucesor escribiría «la página derecha» de la emisora. Dicho y hecho: Bretos ha abierto una nueva etapa más centrista y con menor ritmo.
El relevo se produce a las puertas del 40 aniversario de ‘Hoy por hoy’, lo cual un momento especialmente delicado para un programa que forma parte de la historia de la radio española. La cúpula de la SER quería renovar su principal espacio matinal sin perder su brillo, pero los primeros cambios han generado más desconcierto que entusiasmo.
La cadena conserva una línea editorial de centro-izquierda, aunque con una mayor voluntad de marcar distancias respecto al Gobierno. Es una estrategia que también encaja con la orientación general de Prisa: mantener una posición progresista, pero sin aparecer subordinada al Ejecutivo de Pedro Sánchez.
Ese cambio se ha percibido en la cobertura de la crisis de Ceuta, en la que ‘Hoy por hoy’ se está mostrando especialmente crítico con el presidente del Gobierno, que apadrinó el estreno de Aimar en el tramo matinal. La posición puede interpretarse como una apuesta por reforzar la autonomía editorial de la SER, pero también ha puesto de manifiesto cierta volatilidad en el criterio político de Bretos. El problema no es que el programa critique a Sánchez —la independencia respecto al poder es muy higiénica—, sino que el oyente no siempre percibe una línea argumental estable detrás de los cambios de tono.
A Bretos le falta, sobre todo, ritmo matinal. La radio de primera hora exige velocidad, capacidad de reacción, agilidad en las transiciones y una conducción capaz de ordenar una gran cantidad de contenidos. No basta con sumar entrevistas, tertulias y secciones. Hay que conseguir que la mañana avance con naturalidad y que el oyente sepa en todo momento dónde está y qué puede esperar del programa. En la nueva etapa, ‘Hoy por hoy’ se muestra más irregular, con tramos que pierden tensión y otros que parecen no encontrar su sitio dentro de la estructura general.
La diferencia con Àngels Barceló es evidente. Su programa tenía una arquitectura reconocible y una identidad consolidada. Podía generar adhesiones o críticas, pero mantenía un pulso firme. Bretos, en cambio, parece estar todavía buscando el tono y la fórmula. La mañana ha perdido parte de la personalidad que aportaban determinados colaboradores y, en su lugar, ha incorporado espacios que no terminan de compensar esas ausencias.
El magazine de Aimar Bretos no funciona
El ejemplo más claro es ‘El meollo’, la sección que ocupa la franja de diez a once de la mañana. La idea de reunir asuntos diferentes puede funcionar en un magazine, pero el resultado actual se parece demasiado a un batiburrillo. Se mezclan temas, enfoques y registros sin que siempre exista un hilo conductor claro. La sección, fallida copia de ‘La hora tremolina’ de Julia Otero, pretende ampliar la mirada del programa, pero termina perjudicando la parte más magazine de ‘Hoy por hoy’, que pierde calidad, profundidad y capacidad de sorpresa.
La dispersión se nota también en el ritmo. La radio matinal necesita que cada bloque tenga una razón de ser y que las secciones no parezcan compartimentos estancos. ‘El meollo’ da la impresión de acumular asuntos más que de construir una conversación. El problema no es la variedad, sino la falta de una dirección que permita convertir esa variedad en un relato atractivo para el oyente.
A este escenario se suma la marcha de varias voces importantes. En la tertulia política, la salida de Javier Aroca ha dejado un vacío evidente. Su presencia aportaba una mirada reconocible y una forma de intervenir que había adquirido peso dentro del programa. En el tramo de magazine, las bajas de Javier Ocaña, Martín Bianchi y Bob Pop también han reducido la riqueza de registros de ‘Hoy por hoy’.
La marcha de Ocaña resulta especialmente significativa porque ha dejado al programa sin cine. Su ausencia no se limita a la pérdida de un colaborador concreto: desaparece una sección que ofrecía un contenido especializado, reconocible y muy vinculado a la cultura popular. El cine formaba parte del equilibrio del magazine y su desaparición contribuye a que la mañana sea más pobre en contenidos culturales.
También se echa de menos a Martín Bianchi, cuya presencia aportaba una mirada particular sobre la crónica social, y a Bob Pop, capaz de combinar análisis, humor y una sensibilidad propia. La SER puede cambiar sus equipos, pero no debería olvidar que la radio se escucha también por compañía, por costumbre y por la relación que se establece con quienes están al otro lado del micrófono.
Los aciertos de Aimar Bretos
No todo son cambios a peor. Bretos ha demostrado que sabe tratar determinados asuntos con sensibilidad y capacidad narrativa. El especial dedicado a los atentados del 11 de septiembre fue una buena muestra de ello. El programa logró combinar memoria, contexto y emoción sin caer en el sentimentalismo fácil. Ya en ‘Hora 25’ había demostrado su capacidad para abordar temas relacionados con la memoria colectiva.
También funciona ‘Cabeza de cartel’, la sección que cuenta con Javier Ajenjo, director del festival Sonorama. Cada semana, un grupo musical invitado toca en directo, lo cual aporta frescura y devuelve a la radio una de sus principales virtudes: la capacidad de ofrecer sonido en directo.

Otro acierto es ‘Episodios nacionales’, con Alberto Rey. La sección combina crónica social, cultura popular y nostalgia. Es una sección rosa que aporta al magazine una personalidad que no siempre aparece en el resto de la programación.




