IFEMA, pa un roto y un descosío: de montar un hospital a traer la Fórmula 1 a Madrid

En 2016 facturaba 105 millones y organizaba ferias. En 2025 factura 217, genera un impacto de 5.779 millones sobre Madrid, ha montado un hospital de 5.500 camas en una pandemia y acaba de estrenar un Gran Premio de Fórmula 1 con las entradas agotadas. IFEMA ha dejado de ser un recinto ferial para convertirse en una de las grandes infraestructuras económicas de la ciudad, y la historia de cómo lo ha hecho merece contarse con los números delante.

Hay instituciones que sirven para una cosa, hay otras que sirven para varias, y luego está IFEMA, que un día organiza FITUR, otro convierte sus pabellones en un hospital de emergencia y, cuando parece que ya ha cubierto razonablemente el catálogo de actividades posibles para un recinto ferial, decide traer la Fórmula 1 a Madrid. Pa un roto y un descosío.

Este fin de semana los monoplazas han estrenado Madring, el circuito de 5,4 kilómetros construido alrededor de IFEMA y Valdebebas. Las entradas se agotaron, se esperaban unas 345.000 asistencias acumuladas y Madrid ha vuelto a tener un Gran Premio 45 años después. Durante meses escuchamos que las obras no llegarían, que aquello era demasiado complicado, que Madrid no necesitaba una Fórmula 1 y, sobre todo, que qué demonios hacía IFEMA organizando un Gran Premio. Pues bien: las obras llegaron, los coches están corriendo y las gradas están llenas. Y quizá precisamente la pregunta de qué hace IFEMA organizando una Fórmula 1 sea la más interesante de todas, porque explica perfectamente en qué se ha convertido.

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Cuando IFEMA era simplemente «la Feria de Madrid»

Los que tenemos cierta edad recordamos otro concepto de recinto ferial. Estaba la Casa de Campo, estaban los pabellones y allí se celebraban ferias, punto. Después llegó IFEMA al Campo de las Naciones y durante años siguió existiendo una idea bastante parecida: enormes pabellones donde se montaban stands, se celebraban FITUR, SIMO, ARCO o el Salón del Automóvil, se repartían tarjetas de visita y, terminado el evento, hasta el año siguiente. Aquello se acabó. IFEMA ya no es simplemente un lugar donde se celebran ferias: se ha convertido en una infraestructura estratégica de Madrid.

Y los números permiten medir la transformación. En 2016 IFEMA ingresaba 105,6 millones de euros; en 2025 facturó 216,8 millones, prácticamente el doble en nueve años. El EBITDA alcanzó los 42,8 millones y el beneficio neto los 18,7. Pero hay una cifra bastante más importante que la facturación de IFEMA: lo que IFEMA hace facturar a los demás. Según el último estudio de impacto elaborado por PwC con datos de 2024, la actividad de la institución genera 5.779 millones de euros anuales en la economía madrileña y contribuye a mantener 47.691 empleos. Para ponerlo en perspectiva: equivale aproximadamente al 3,2% del PIB de la ciudad de Madrid y al 2% del de toda la Comunidad. En 2016 se calculaba un impacto de unos 2.400 millones; también se ha más que duplicado. Eso empieza a ser bastante más que alquilar pabellones.

Una curiosa empresa pública que gana dinero

IFEMA tiene además una estructura bastante singular. Es un consorcio participado por el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid y la Cámara de Comercio, con un 31% cada uno, y por la Fundación Montemadrid, con el 7% restante. Es decir, el 62% está directamente en manos de las dos grandes administraciones madrileñas. Y aquí aparece una peculiaridad que convendría estudiar más a menudo en las facultades de Administración Pública: una institución de mayoría pública que funciona con mentalidad empresarial y gana dinero. No parece un concepto revolucionario. En España, a veces, sí.

IFEMA genera beneficios, reinvierte, amplía instalaciones, vende espacio, atrae eventos, compite internacionalmente y busca nuevos negocios. Y lo más interesante es que no mide su éxito solamente por lo que entra en su propia caja, sino por la actividad que genera alrededor: hoteles, restaurantes, taxis, comercio, montadores, transportistas, servicios audiovisuales, catering, viajes y turismo de negocios. Cada metro cuadrado vendido dentro de IFEMA hace sonar muchas cajas registradoras fuera de IFEMA.

FITUR, Fruit Attraction y ARCO: lo que vale el turismo de negocios

Un buen ejemplo es FITUR. La edición de 2026 reunió a más de 255.000 visitantes, más de 10.000 empresas de 161 países y 967 expositores titulares. Impacto económico sobre Madrid: 505 millones de euros en cinco días y 3.753 empleos vinculados. Fruit Attraction ofrece otro caso: la edición de 2025 reunió a más de 120.000 profesionales de 150 países y 2.460 empresas expositoras, con un impacto de 407 millones y más de 3.000 empleos. Y ARCOmadrid 2026, con unos 95.000 visitantes, dejó otros 195 millones de impacto estimado.

Solo esos tres eventos ayudan a entender qué significa realmente IFEMA para Madrid. No estamos hablando de gente paseando entre stands y llevándose bolígrafos gratis; estamos hablando de centenares de miles de profesionales, compradores, directivos, coleccionistas y empresarios que llegan a Madrid, duermen, comen, compran, se reúnen y gastan. Eso se llama turismo de negocios, y suele gastar bastante más que el turista que llega con una mochila, un bocadillo y una ruta de TikTok para ver Madrid en nueve horas.

Más de 700 eventos: el cambio de modelo de negocio

Porque IFEMA tampoco vive únicamente de sus tres o cuatro grandes marcas. En 2025 celebró más de 700 eventos de distinta naturaleza: 75 ferias profesionales, 14 congresos, cuatro ferias en el extranjero, 46 grandes eventos de ocio y 566 convenciones y otras convocatorias. Vendió cerca de 1,37 millones de metros cuadrados netos de superficie expositiva y reunió a 27.670 empresas expositoras. Ahí está probablemente la transformación más importante: IFEMA ha dejado de preguntarse «¿qué ferias podemos organizar?» para preguntarse «¿qué acontecimientos podemos traer a Madrid?». Parece una diferencia semántica. Es una diferencia de modelo de negocio.

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Y entonces llegó José Vicente de los Mozos

Las instituciones no se transforman por generación espontánea, y aquí hay que poner un nombre. José Vicente de los Mozos llegó a la presidencia del Comité Ejecutivo de IFEMA en 2022 después de una carrera industrial difícil de resumir en una tarjeta de visita: vicepresidente ejecutivo de Renault Group, responsable industrial del grupo y presidente de Renault España. Un industrial. Y llegó con una idea que inicialmente sonaba bastante marciana: traer la Fórmula 1 a Madrid. No patrocinarla. No alquilarle un pabellón. Organizar el Gran Premio desde IFEMA.

Cuando se anunció el proyecto hubo bastante gente que pensó que aquello no llegaría. Circuito nuevo, parte permanente y parte urbano, obras gigantescas, homologación de la FIA, movilidad, seguridad, gradas, hospitality, televisión internacional, más de cien mil personas diarias y una fecha que no se podía mover, porque a Max Verstappen no se le puede mandar un correo el jueves diciendo que la obra lleva quince días de retraso y que, si no le importa, vuelva en octubre. Llegaron.

Madring: el examen más difícil de IFEMA

La Fórmula 1 no es simplemente una carrera de coches; es uno de los eventos itinerantes más complejos del planeta. El circuito madrileño combina zonas permanentes con vías públicas, tiene 5,4 kilómetros y una de sus señas de identidad es La Monumental, una espectacular curva peraltada de 550 metros. El contrato asegura diez ediciones, de 2026 a 2035, y el primer fin de semana ha servido para despejar la duda principal: Madrid era capaz de hacerlo. Más de 120.000 espectadores diarios, entradas agotadas y una organización que, con aspectos naturalmente mejorables en una primera edición, ha superado el examen fundamental.

Los propios pilotos han destacado elementos del trazado y también han señalado defectos: dificultades para adelantar, algunas zonas bacheadas y aspectos susceptibles de modificación. Magnífico. Para eso existe 2027. Lo importante este año era demostrar que aquello que durante meses parecía una maqueta podía convertirse en un Gran Premio real, y se ha convertido.

467 millones de impacto: la Fórmula 1 no viene solo a hacer ruido

Luego está el dinero. El estudio encargado a PwC estima para el Gran Premio un impacto económico anual de 467 millones de euros, alrededor de 8.850 empleos y unos 83 millones en impuestos y cotizaciones. Hostelería, transporte, comercio, restauración y ocio están entre los grandes beneficiados, y se estimaba que unos 80.000 asistentes llegarían de fuera de Madrid, de los cuales alrededor de 45.000 desde otros países. Eso es importante porque la Fórmula 1 tiene algo que pocas ferias pueden ofrecer: audiencia global. Durante un fin de semana Madrid deja de anunciarse al mundo y el mundo mira directamente a Madrid. Y eso durante diez años.

La inversión no es pequeña y habrá que medir la rentabilidad real cuando termine la primera edición; esa evaluación es imprescindible, sobre todo tratándose de una entidad mayoritariamente pública. La pregunta no es si organizar una Fórmula 1 cuesta dinero, que naturalmente lo cuesta; la pregunta es cuánto retorno económico, turístico, fiscal y de marca genera a lo largo de diez años. Y eso habrá que medirlo.

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Los hoteles: mucho más caros, aunque no todos llenos

También conviene contar lo que no ha salido perfecto, porque cuando todo en un artículo es maravilloso empieza a parecer que lo ha escrito el departamento de comunicación. La Fórmula 1 ha disparado las tarifas hoteleras: según datos de SiteMinder sobre más de 13.000 reservas, el precio medio subió casi un 70%, desde 286 euros en las mismas fechas de 2025 hasta 485 euros por noche, y la estancia media aumentó un 7,5%. Pero la ocupación no alcanzó las expectativas: el sector habla de alrededor del 70%, lejos del 95% esperado, después de que Match Hospitality liberara tardíamente miles de habitaciones bloqueadas y de que algunas tarifas sencillamente se fueran de madre. Primera lección para 2027, porque conseguir que una habitación que normalmente cuesta 250 euros se anuncie a 700 no es exactamente crear riqueza; conseguir que alguien la reserve, sí.

La F1 encaja en algo mucho mayor

Reducir la apuesta de IFEMA por la Fórmula 1 a los 467 millones sería perderse lo verdaderamente interesante. IFEMA está haciendo con la F1 lo mismo que hizo antes ampliando congresos, entrando en ocio, organizando grandes eventos o internacionalizando sus ferias: utilizar su infraestructura para traer actividad económica a Madrid. Y ahí aparece una ventaja formidable: tiene espacio, Metro, aeropuerto a pocos minutos, hoteles alrededor, suelo, pabellones, capacidad eléctrica, telecomunicaciones, experiencia logística, equipos acostumbrados a montar y desmontar pequeñas ciudades en cuestión de días y algo todavía más difícil de comprar: capacidad de ejecución. La Fórmula 1 lo ha hecho visible. Pero cinco años antes hubo una demostración bastante más dramática.

Y existe otro valor más difícil de contabilizar: IFEMA permite a Madrid sentarse a competir por cosas que sin IFEMA ni siquiera podría pedir. Un gran congreso médico, una feria mundial, una convención de decenas de miles de personas o una Fórmula 1 no se ganan únicamente porque una ciudad tenga buenos restaurantes y haga sol. Hace falta infraestructura, comunicaciones, espacio y alguien capaz de garantizar que aquello funcionará cuando lleguen cien mil personas. IFEMA se ha convertido también en eso: el argumento con el que Madrid puede levantar la mano cuando se reparten los grandes eventos internacionales.

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Cuando en vez de Ferrari llegaron las ambulancias

Marzo de 2020. Madrid estaba entrando en el peor momento de la pandemia, los hospitales comenzaban a desbordarse y los pabellones de IFEMA dejaron de ser pabellones feriales. En unas 18 horas, IFEMA, sus proveedores y los servicios públicos comenzaron a transformar el recinto en el mayor hospital de campaña de España, diseñado para alcanzar una capacidad de alrededor de 5.500 camas entre hospitalización convencional y UCI. Donde semanas antes había stands aparecieron camas; donde había comerciales aparecieron médicos; donde se montaban ferias comenzaron a entrar ambulancias. Durante su funcionamiento atendió a miles de pacientes, y ahí probablemente entendimos por primera vez que IFEMA era bastante más importante para Madrid de lo que parecía. Porque una cosa es tener 200.000 metros cuadrados, y otra bastante distinta es saber qué hacer con ellos cuando el problema llega un domingo por la noche.

Del hospital a FITUR, de FITUR a la Fórmula 1

Esa es, para mí, la auténtica singularidad de IFEMA. No es FITUR, no es ARCO, no es Fruit Attraction, ni siquiera es la Fórmula 1. Es la capacidad de transformarse: una infraestructura que puede albergar un gran congreso internacional de cardiología con 30.000 especialistas, una feria de alimentación con 120.000 profesionales, una exposición de arte, un concierto, una emergencia sanitaria y un Gran Premio de Fórmula 1 ha dejado de ser un simple recinto ferial. Es otra cosa. Es una plataforma estratégica de ciudad. Y eso tiene un valor que no aparece entero en la cuenta de resultados.

Los números resumen la metamorfosis mejor que cualquier eslogan: en 2016 IFEMA facturaba 105,6 millones y generaba unos 2.400 millones de impacto económico; hoy factura 216,8 millones y su impacto estimado alcanza los 5.779 millones. En menos de una década ha duplicado prácticamente su tamaño y más que duplicado lo que aporta a Madrid. Eso ya no es crecer como recinto ferial. Es cambiar de categoría.

De los Mozos acertó con la Fórmula 1

Por eso creo que hay que reconocer expresamente el papel de José Vicente de los Mozos. Traer la Fórmula 1 era una apuesta arriesgada que podía salir mal, y precisamente por eso tiene mérito cuando sale bien. La gestión pública española tiene una curiosa costumbre: cuando un proyecto fracasa encontramos inmediatamente cuarenta responsables; cuando funciona descubrimos que aparentemente se hizo solo. Pues no. La Fórmula 1 no apareció una mañana aparcada delante del pabellón 10. Hubo que convencer a Liberty Media, diseñar el proyecto, financiarlo, construirlo, venderlo, coordinar administraciones, resolver infraestructuras y asumir el riesgo reputacional de que el 11 de septiembre llegara el calendario y aquello no estuviera terminado.

De los Mozos puso su nombre detrás del proyecto y el equipo de IFEMA lo ejecutó. Eso merece reconocimiento, sin convertir a nadie en santo ni renunciar a auditar dentro de unos meses cuánto costó realmente y cuánto retornó. Una cosa no excluye la otra. Se llama gestionar.

IFEMA, pa un roto y un descosío

Madrid tiene aeropuerto, Metro, hoteles, restauración, empresas, turismo y una posición geográfica extraordinaria. Pero además tiene algo que durante años hemos considerado simplemente “el recinto ferial”, y quizá haya llegado el momento de dejar de llamarlo así. IFEMA es hoy una de las grandes infraestructuras económicas de Madrid: una máquina de atraer actividad. Cuando trae personas, trae gasto; cuando trae empresas, negocio; cuando trae congresos, turismo de alto valor; cuando trae acontecimientos globales, imagen internacional. Y cuando llega una emergencia, resulta que también sirve para montar un hospital.

En menos de una década ha duplicado sus ingresos y más que duplicado su impacto económico estimado sobre Madrid. Ahora ha añadido otra línea al currículum: organizar una carrera de Fórmula 1.

Hay instituciones diseñadas para hacer una cosa extraordinariamente bien. IFEMA ha acabado convirtiéndose en algo quizá más valioso para una ciudad: una institución capaz de hacer extraordinariamente bien cosas completamente distintas.

Del hospital a FITUR. De ARCO a la Fórmula 1.

Pa un roto y un descosío.


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