La nueva Mediapro busca nuevos contratos para cubrir el agujero liguero y el ‘no’ de La Séptima

Mediapro prepara una nueva etapa. El grupo audiovisual será renombrado como Imagina a partir de 2027. Su intención es acompañar su transformación empresarial y presentar una imagen renovada ante clientes, instituciones y entidades financieras. La operación forma parte de una reconstrucción más amplia después de que la compañía cerrase 2025 con unas pérdidas de 286 millones de euros, ejecutase un ERE que afectó a 189 trabajadores y perdiese la producción principal de LaLiga, uno de sus negocios históricos.

La nueva dirección trabaja sobre cuatro grandes objetivos. El primero consiste en recuperar el volumen de negocio perdido con nuevos contratos de producción y servicios técnicos. El segundo pasa por recomponer las relaciones con Moncloa, LaLiga y parte del sistema financiero. El tercero busca reforzar la posición de Mediapro en la televisión, las plataformas y la producción audiovisual. El cuarto pretende reducir la dependencia de los derechos deportivos y construir una compañía más diversificada y menos expuesta a grandes inversiones.

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El posible cambio de marca serviría para escenificar ese giro. Mediapro quiere dejar atrás una identidad corporativa asociada a una etapa de fuerte expansión y presentarse como una empresa más concentrada en la producción, la tecnología y los servicios audiovisuales. No se trataría únicamente de una decisión estética: la compañía necesita explicar al mercado que está trabajando con una estructura distinta, una nueva dirección y unas prioridades empresariales diferentes.

La situación financiera obliga a acelerar los planes. El grupo ha atravesado la peor crisis de sus más de tres décadas de historia y la pérdida de LaLiga ha abierto un agujero de gran tamaño. En abril de 2025, la competición adjudicó a HBS y NVP Sports la producción de su señal audiovisual a partir de la temporada 2025-26. La decisión puso fin a una relación de más de diez años y supuso la pérdida de un negocio valorado en alrededor de 400 millones de euros en cinco años.

Mediapro conserva otros contratos y derechos vinculados al fútbol, pero ya no controla la producción principal de la competición española. La prioridad consiste ahora en sustituir parte de ese volumen mediante nuevos encargos televisivos, producción para plataformas, servicios técnicos y acuerdos con otros operadores.

La compañía mantiene una posición relevante en RTVE. Produce ‘Barrio Esperanza’ y ‘Futuro imperfecto’ y presta servicios técnicos a espacios como ‘La Revuelta’, ‘Directo al grano’ y ‘Malas lenguas’. También realiza ‘El Intermedio’ y ‘Zapeando’, ambos para Atresmedia. La estrategia pasa por ampliar esa cartera y utilizar la experiencia acumulada en grandes producciones para captar nuevos clientes.

El segundo gran frente es institucional. Bajo el control de Southwind, el vehículo inversor vinculado al grupo chino Orient Hontai Capital, que controla el 85% de Mediapro, la empresa busca recomponer relaciones con algunos de los actores que resultan determinantes para su futuro. Moncloa, LaLiga y la banca aparecen como interlocutores prioritarios en una etapa en la que la capacidad de acceder a contratos y financiación será tan importante como la producción propia.

La llegada de Sergio Oslé a la presidencia y de Carlos Núñez como consejero delegado responde a esa necesidad de interlocución. Oslé, antiguo presidente de Movistar Plus+, aporta experiencia en el sector audiovisual y conocimiento del ecosistema de Telefónica. Núñez, exconsejero delegado de Prisa Media, conoce los círculos empresariales y mediáticos de Madrid y puede contribuir a reforzar la relación con instituciones y operadores.

La reconstrucción de los vínculos con LaLiga constituye uno de los asuntos más delicados. La pérdida del contrato principal no elimina la necesidad de mantener una relación con el fútbol español, tanto por los derechos que Mediapro todavía conserva como por las oportunidades que puedan surgir en futuras adjudicaciones. La nueva dirección necesita recuperar confianza y demostrar que la compañía puede seguir siendo un socio útil para la competición.

El tercer plan se centra en la producción audiovisual. Mediapro quiere compensar la pérdida de LaLiga con programas de televisión, contenidos para plataformas, servicios técnicos y proyectos internacionales. El grupo conserva capacidad industrial, equipos profesionales y experiencia en grandes acontecimientos, pero necesita convertir esos recursos en contratos estables.

El cuarto objetivo consiste en reducir la exposición a los derechos deportivos. El modelo basado en grandes inversiones en fútbol permitió a Mediapro crecer con rapidez, pero también elevó su endeudamiento y su vulnerabilidad ante cambios en los contratos. La nueva estrategia busca dar más peso a la tecnología, la producción, los servicios técnicos, la televisión y la diversificación internacional.

Mediapro debe 500 millones

La deuda marca los límites de cualquier movimiento. A finales de 2024, Mediapro refinanció el grueso de sus obligaciones financieras, que rondaban entonces los 500 millones de euros. El vencimiento se trasladó de 2027 a 2029 y el tipo de interés pasó del 7,5% al 5,75%, aunque el préstamo se elevó hasta los 525 millones. La operación redujo el coste financiero anual en más de diez millones y proporcionó oxígeno, pero no resolvió los problemas estructurales del grupo.

Mediapro
Equipo de Mediapro. Foto: EP.

Las pérdidas de 2025 y la salida de LaLiga han sido el argumento dado para justificar despidos. El ERE, inicialmente planteado para 237 trabajadores, terminó afectando a 189 empleados después de salidas previas de directivos y otras medidas de ahorro. Tras el expediente se produjeron además nuevos despidos individuales en distintas sociedades. Mediapro también cerró Gol Play y aplicó recortes en otros negocios audiovisuales.

El desplazamiento del centro de gravedad hacia Madrid forma parte de la misma reorganización. La compañía necesita estar cerca de sus principales clientes, de las instituciones y de los centros de decisión del sector audiovisual. La mudanza tiene una dimensión económica, pero también responde a la necesidad de reconstruir una red de relaciones empresariales y políticas que facilite la llegada de nuevos proyectos.

El cambio de marca, si finalmente se ejecuta, deberá acompañar todos estos movimientos. Mediapro necesita transmitir solvencia a la banca, capacidad de producción a las televisiones y estabilidad a sus socios. También debe demostrar que puede recuperar negocio sin repetir una estrategia basada en inversiones excesivas y una dependencia demasiado elevada del fútbol.

La nueva compañía será previsiblemente más pequeña que la que llegó a facturar 1.967 millones de euros en 2018. Sin embargo, el objetivo de Southwind no es abandonar el mercado, sino reconstruir una empresa capaz de seguir siendo relevante en la industria audiovisual española.

La refinanciación bancaria proporciona tiempo; Oslé aporta experiencia en el sector y una vía de interlocución con el mundo del fútbol por su íntima amistad con Javier Tebas; y Núñez suma conocimiento del entorno político y mediático de Madrid por sus vínculos con Moncloa y se suponía que con José Miguel Contreras. Sobre esa base, Mediapro intentará recuperar contratos tras perder, por sorpresa, la producción técnica de La Séptima, ya que será Tobbogan Group que el provea la infraestructura técnica al nuevo canal.


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