Ocho procesos celulares explican el daño del ADN en el 85% de los cánceres de próstata, según el estudio que publica Nature y que colidera el CNIO. Es la primera vez que un retrato de este tumor integra cuatro grandes tipos de alteraciones genómicas en 959 genomas completos, en lugar de limitarse a contar genes rotos de forma aislada.
El trabajo está coliderado por Geoff Macintyre, jefe del grupo de Oncología Computacional del CNIO, y por Joachim Weischenfeldt, catedrático del Centro de Investigación e Innovación Biotecnológica de la Universidad de Copenhague y del Rigshospitalet. Su punto de partida es una paradoja médica: detectar el tumor no es el problema; la dificultad está en distinguir a los hombres que convivirán con la enfermedad durante décadas de quienes morirán por ella.
Ocho procesos internos, no solo genes rotos
El cáncer de próstata es el segundo tumor más frecuente en hombres a escala global y la quinta causa de muerte por cáncer en varones. Sin embargo, los genes defectuosos ya conocidos no alcanzan a explicar por qué dos pacientes con un diagnóstico parecido pueden tener evoluciones radicalmente distintas.
Los investigadores analizaron el ADN completo de 959 tumores donados por hombres de siete países, el mayor conjunto de genomas de cáncer de próstata examinado con esta metodología. En lugar de mirar una sola clase de mutación, integraron cuatro patrones distintos: cambios de una letra del genoma, alteraciones en tramos pequeños, grandes reordenamientos estructurales y pérdidas o ganancias amplias de material genético.
Ese enfoque hizo emerger ocho procesos defectuosos. Cada tumor presenta una combinación distinta de estas familias, pero no se trata de compartimentos estancos: lo que separa a unos pacientes de otros es cuáles de estos procesos están activos y con qué intensidad. ‘El equilibrio de los procesos que tienen lugar en el interior de un tumor es lo que determina la probabilidad de que el cáncer se propague’, resume Macintyre.
En conjunto, los ocho procesos explican el daño del ADN en el 85% de los cánceres de próstata. La mayor parte de ese deterioro no viene de un error puntual en un solo gen, sino de mecanismos celulares que han dejado de funcionar bien: los que copian el ADN, los que lo reparan y la propia señalización hormonal de la próstata. A estas firmas se suma la huella del envejecimiento.
Cada tumor cuenta una historia distinta según cuáles de los ocho procesos estén activos, y esa historia está escrita en todo el genoma, no solo en un gen.
Lo que no apareció resultó tan informativo como lo que sí estaba. Los autores buscaron marcas de tóxicos ambientales que se detectan con claridad en otros tumores, como el tabaco en el pulmón o la luz solar en la piel. En casi mil genomas, apenas encontraron ninguna. ‘Lo que más nos sorprendió fue la magnitud del daño que proviene del interior de la célula’, afirma Barbara Hernando, investigadora del CNIO y una de las cuatro coautoras principales.
La ausencia de huellas externas no equivale a exculpar al estilo de vida. Hernando matiza que la dieta, el peso y la inflamación pueden influir en el desarrollo del tumor sin dejar rastro en el ADN.
Cómo se leyeron 959 genomas completos de siete países

La solidez del hallazgo descansa en la escala y en la lectura integral del genoma. Los estudios previos de firmas mutacionales solían examinar un único tipo de alteración por separado. Aquí, la combinación de cuatro patrones permitió ver procesos que antes quedaban enmascarados.
El análisis también detectó una asociación clínicamente relevante: cuando un determinado proceso defectuoso era el más activo, el tumor tenía más probabilidades de diseminarse. La señal se mantuvo después de tener en cuenta la edad, el estadio del tumor y el grado que asigna la anatomía patológica al microscopio. Además, otro tipo de proceso activo se asoció a un grupo reducido de pacientes que respondió mejor a una terapia específica.
Pese a la contundencia de los patrones, los autores piden prudencia. ‘Antes de que esto llegue a un hospital, estos hallazgos deben confirmarse en otros grupos de pacientes’, afirma Macintyre. A continuación, la medición debe convertirse en una prueba reproducible y ser ensayada con hombres que toman decisiones reales sobre su tratamiento.
Para Joachim Weischenfeldt, la aportación no es una tecnología nueva, sino una manera distinta de interpretar datos que varios sistemas sanitarios ya generan. El mapa no cambiará el tratamiento mañana, pero se apoya en la secuenciación de ADN que ya se aplica a pacientes oncológicos. ‘Lo que proponemos es interpretar los datos existentes de otra manera, no crear una nueva prueba desde cero’, resume.
Por qué este mapa cambia la lectura del tumor de próstata
El estudio no se limita a clasificar pacientes; propone una taxonomía del daño. Detrás de cada firma hay un fallo mecánico concreto: una copia defectuosa, una reparación ineficaz o una señal hormonal desregulada. Entender cuáles de esos motores dominan cada tumor abre la vía a preguntar no si hay cáncer, sino qué tipo de caos interno lo impulsa.
Matizar el entusiasmo es obligado. La revista Nature publica el hallazgo con revisión por pares, pero los propios autores insisten en que el salto clínico no es inmediato. La cohorte de 959 genomas es la mayor de su clase, aunque para que una firma se convierta en biomarcador tendrá que reproducirse en poblaciones independientes y superar ensayos con decisiones reales.
Aun así, el avance ataca una carencia concreta de la medicina actual: el sobrediagnóstico y el tratamiento a ciegas. Uno de los valores potenciales de este mapa es precisamente evitar esa neblina. Si se confirma, permitiría reconocer los tumores de evolución lenta, que conviven durante décadas, y concentrar las terapias agresivas en quienes realmente las necesitan.
La próxima fase no es una fecha cerrada. Es una cadena de validaciones que debe replicar el hallazgo fuera de la cohorte original. Por ahora, lo que queda es un atlas de ocho procesos con una propiedad rara: nace de datos reales, se puede interrogar y empieza a explicar por qué el mismo diagnóstico esconde enfermedades muy distintas.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Ocho procesos celulares defectuosos que, en conjunto, explican el daño del ADN en el 85% de los cánceres de próstata analizados.
- Dónde: Cohorte internacional con tumores de hombres de siete países; coordinación desde el CNIO en Madrid y la Universidad de Copenhague.
- Institución responsable: Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en colaboración internacional y con publicación en Nature.
- Cuándo: Estudio publicado en Nature; análisis de una cohorte internacional de 959 genomas completos.
- Impacto a futuro: Aporta un mapa para distinguir tumores agresivos de los de evolución lenta y afinar tratamientos, pendiente de validación clínica.




