7 virus que empiezan a circular en las aulas este septiembre y cómo frenarlos a tiempo

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Metapneumovirus humano: el gran desconocido que imita al VRS

Un hombre con una máscara de gas se sienta al aire libre en un entorno boscoso, exudando una atmósfera melancólica.

Aunque fue identificado por primera vez en 2001 en Países Bajos, el metapneumovirus humano (hMPV) llevaba ya décadas circulando entre la población sin que nadie lo nombrara, y sigue siendo el gran desconocido de los virus respiratorios. Es primo hermano del virus respiratorio sincitial (VRS): ambos pertenecen a la familia Pneumoviridae y generan cuadros casi indistinguibles (tos, fiebre, congestión nasal y pitos al respirar en los más pequeños), por lo que con frecuencia se archiva como un VRS más o como un simple catarro. Su peso real se aprecia en pediatría: se estima que está detrás de alrededor del 10% de las infecciones respiratorias diagnosticadas en menores de cinco años y en ellos puede progresar a bronquiolitis o neumonía. Como no se pide una prueba específica salvo en casos graves, la mayoría de los contagios en el aula pasan sin etiqueta diagnóstica, lo que lo convierte en un invitado silencioso de la vuelta al cole.

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A diferencia de otros virus de esta lista, contra el hMPV no hay vacuna ni tratamiento antiviral específico, y la inmunidad que deja es breve, de modo que cabe reinfectarse varias veces a lo largo de la vida. Además, sobrevive horas en juguetes, pupitres y pomos y viaja en las gotitas que expulsan la tos y los estornudos, condiciones ideales para propagarse cuando las aulas se llenan en septiembre, aunque su pico real de circulación llegue más tarde, en invierno y primavera. Estudios hospitalarios españoles posteriores a la pandemia han constatado incluso un repunte de su detección entre niños, con picos adelantados a diciembre. Frenarlo a tiempo pasa por aplicar con rigor las medidas clásicas: lavado frecuente de manos, ventilación del aula, limpieza de superficies y no llevar al colegio a un niño con fiebre o tos. Y ante respiración dificultosa, decaimiento o fiebre alta persistente en un menor de cinco años, conviene consultar sin demora.


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