7 virus que empiezan a circular en las aulas este septiembre y cómo frenarlos a tiempo

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Parainfluenza: la tos perruna del ‘crup’ que asusta a los padres

Un osito de peluche con jarabe para la tos, una máscara, termómetro y pañuelo destaca un concepto de enfermedad.

La parainfluenza no es una desconocida, pero cada septiembre recupera protagonismo en las aulas: sus tipos 1 y 2 son la causa más frecuente del crup o laringitis aguda, la primera causa de obstrucción de la vía aérea superior en la infancia. El regreso al cole lo propicia: según el Instituto de Salud Carlos III, en las primeras semanas del curso pasado las infecciones respiratorias agudas se duplicaron en menores de 19 años, con subidas superiores al 133% entre los niños de 1 a 4 años. El cuadro clásico aparece en pequeños de 6 meses a 3 años, con pico hacia los 2, y arranca como un resfriado banal con fiebre y congestión para derivar, sobre todo al caer la noche, en una tos seca y metálica que suena como un ladrido, ronquera y, a veces, un silbido al inspirar llamado estridor. Esa tos perruna, que despierta al niño horas después de dormirse y reaparece de madrugada, es la que llena las urgencias pediátricas en otoño, justo cuando este virus alcanza su pico estacional.

Lo que asusta a los padres es también lo que tranquiliza a los pediatras: el crup suena grave, pero en la inmensa mayoría de los casos es leve y se resuelve solo en tres o cuatro días. De los niños que acaban en urgencias, solo entre un 5% y un 6% precisan observación y alrededor del 1% ingresa, la mitad en cuidados intensivos. En casa, lo primero es mantener la calma y sentar al niño erguido y entretenido, porque el llanto agrava la inflamación; el aire fresco y húmedo, abriendo la ventana o con el vapor del baño, alivia el estridor. No hay antibióticos que valgan ni vacuna frente a la parainfluenza, de modo que frenar la transmisión pasa por la higiene: manos lavadas, pañuelos desechables y ventilación de las aulas. Conviene acudir a urgencias si el estridor aparece en reposo, se le marcan las costillas al respirar, babea o se le ponen los labios azulados; allí, una dosis única de corticoides por vía oral, a veces con adrenalina nebulizada, reduce la inflamación en pocas horas.


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