7 virus que empiezan a circular en las aulas este septiembre y cómo frenarlos a tiempo

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SARS-CoV-2: el coronavirus que se ha convertido en uno más

Imagen de alta resolución de una partícula de coronavirus bajo un microscopio electrónico.

El SARS-CoV-2 ha dejado de ser la emergencia excepcional para convertirse en el virus respiratorio con el calendario más predecible: desde hace cinco años, cada septiembre repunta al compás de la vuelta a las aulas. Este curso no ha sido una excepción. La incidencia en España pasó de 46,6 casos por 100.000 habitantes a mediados de junio a 99,3 en la semana del 15 al 21 de septiembre, según el Instituto de Salud Carlos III, y en la Comunidad Valenciana el coronavirus escaló hasta 141,2 casos por 100.000, su nivel más alto desde julio de 2024. Detrás de la subida están las variantes Stratus (XFG) y Nimbus (NB.1.8.1), descendientes de ómicron a las que la OMS sigue la pista; la primera, una recombinación apodada «Frankestein» por mezclar fragmentos de cepas previas, tiende a provocar ronquera y voz áspera, mientras la segunda se delata con dolor de garganta intenso y molestias digestivas. Su ventaja frente a nosotros: al no haberse registrado una gran ola reciente, gran parte de la población no ha renovado su inmunidad y vuelve a ser vulnerable.

En los niños el cuadro suele ser leve, casi indistinguible de un resfriado, y ahí reside la trampa: los escolares actúan como vector hacia los abuelos, y la covid sigue siendo una de las primeras causas de hospitalización por infección respiratoria entre los mayores. Frenarla a tiempo no exige confinamientos, sino recuperar gestos que el curso había aparcado. La primera barrera es la vacunación: la campaña de gripe y covid arrancó el 1 de octubre y, como el curso pasado, los niños de segundo ciclo de Infantil pueden recibir la dosis en el propio colegio con permiso de sus padres. En casa, la norma es la de cualquier virus: si el niño tiene fiebre, tos o dolor de garganta, lo sensato es hacerle un test y que no acuda al aula hasta que remita la sintomatología. En clase, ventilar entre horas reduce la carga viral en espacios cerrados, y quien tenga síntomas y deba usar transporte público puede ponerse la mascarilla: un gesto pequeño que protege sobre todo a quienes esperan en la puerta del cole.


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