La firma de inversión alemana Berenberg calcula que la economía espacial ya superó los 550.000 millones de dólares en 2025 y puede superar el billón en 2030. El catalizador fundamental es el desplome del coste de poner carga en órbita: de unos 54.000 dólares/kg con el Space Shuttle a menos de 1.000 dólares/kg con Falcon 9.
Michael Filatov, analista del banco de inversión identifica en un nuevo informe sobre el sector espacial una transformación estructural que compara con momentos de inflexión vividos anteriormente por internet a finales de los años noventa, la aviación en los años treinta o los semiconductores en los setenta. En todos esos casos, una fuerte reducción de costes permitió ampliar el mercado, atraer capital y crear nuevos modelos de negocio. En el espacio estaría ocurriendo algo similar.
La magnitud del cambio se aprecia especialmente en el coste de acceso a la órbita baja terrestre. Berenberg estima que el coste ha pasado de unos 54.000 dólares por kilogramo en el transbordador espacial a menos de 1.000 dólares actualmente con el Falcon 9 de SpaceX, una reducción cercana al 98%. La compañía de Elon Musk ha invertido además más de 15.000 millones de dólares en Starship, cuyo objetivo es alcanzar un coste de unos 100 dólares por kilogramo o incluso inferior.
Anil Menon y Sophie Adenot completan el paseo espacial antena ISS en 6,5 horas
Esta deflación del coste de lanzamiento está modificando la economía de toda la cadena. Cuanto más barato resulta colocar un satélite en órbita, más proyectos pasan a ser económicamente viables y mayor es el número de compañías capaces de construir negocios sobre esa infraestructura.

De 135 lanzamientos de carga a más de 4.600
Los datos de actividad muestran hasta qué punto se ha acelerado el proceso. El número anual de cargas desplegadas pasó de apenas 135 en 2010 a 4.605 en 2025, multiplicándose por 34. Al mismo tiempo, la masa total enviada al espacio pasó de 306.000 kilos en 2015 a 2,69 millones de kilos en 2025, casi nueve veces más en apenas una década.
El número global de lanzamientos orbitales también aumentó desde 74 en 2010 hasta 329 en 2025. Estados Unidos realizó 176 y China 92. Dentro de este mercado, SpaceX se ha convertido en el actor dominante: sus 165 lanzamientos de Falcon 9 en 2025 representaron más de la mitad de todos los lanzamientos orbitales mundiales y permitieron a la compañía colocar aproximadamente el 83% de toda la masa enviada al espacio durante el ejercicio.
El efecto SpaceX va, por tanto, mucho más allá de convertirse en el principal operador de lanzamientos. Su capacidad de reutilizar los cohetes ha establecido un nuevo estándar de costes contra el que tienen que competir todos los demás operadores.
Y aquí aparece uno de los primeros cuellos de botella de la nueva economía espacial: poner algo en órbita sigue siendo difícil y, sobre todo, la capacidad de lanzamiento fiable continúa estando muy concentrada.
Berenberg considera que esta escasez proporciona poder de fijación de precios a los operadores que ya han demostrado capacidad para lanzar de forma frecuente y fiable. SpaceX ocupa una posición claramente dominante y Rocket Lab aparece como el principal segundo actor occidental en términos operativos, gracias a su cohete Electron, que acumula más de 90 lanzamientos y una tasa de éxito superior al 95%.
La cuestión ahora es si el mercado será capaz de generar suficientes alternativas para acompañar el crecimiento de la demanda. Rocket Lab prepara el salto de Electron a su cohete de mayor capacidad, Neutron, mientras otros operadores como Blue Origin, Firefly y Relativity intentan ganar peso.
El espacio ya no es solo una historia de cohetes
La paradoja de esta nueva carrera espacial es que el mayor negocio podría no estar en los propios cohetes.
Berenberg considera que, a largo plazo, una parte creciente del valor económico se desplazará hacia los servicios construidos sobre la infraestructura espacial. La cadena de valor puede dividirse entre lanzamiento, fabricación de satélites, conectividad y datos, y aplicaciones habilitadas por el espacio. Aunque el lanzamiento constituye el cuello de botella que permite que todo lo demás exista, los mayores márgenes y una mayor proporción de los ingresos podrían terminar concentrándose aguas abajo.
Es el mismo patrón que se produjo en otras industrias tecnológicas. La infraestructura resulta imprescindible, pero el verdadero valor termina apareciendo en los servicios que se construyen sobre ella.
En el caso espacial, esto incluye desde la conectividad de banda ancha y la comunicación directa con teléfonos móviles hasta la observación de la Tierra, la agricultura de precisión, la navegación autónoma, el análisis climático, los servicios financieros o las aplicaciones de inteligencia artificial.
La observación de la Tierra es un buen ejemplo de esta transición. El negocio ya no consiste únicamente en vender imágenes tomadas desde un satélite. La siguiente fase consiste en convertir esas imágenes en información útil para una empresa, una aseguradora, una administración o un ejército. El satélite se convierte así en la infraestructura que alimenta un negocio de datos y software.
Berenberg considera que los servicios habilitados por el espacio podrían convertirse en el mayor pilar individual de la economía espacial. En un escenario alcista, el valor total podría incluso alcanzar entre 2 y 3 billones de dólares en 2035, aunque el banco reconoce que, si las aplicaciones permanecen como servicios independientes y no se integran de forma profunda en la economía terrestre, el mercado podría mantenerse más cerca del billón de dólares.

La defensa acelera la carrera espacial
Hay además un elemento que diferencia esta nueva carrera espacial de otras revoluciones tecnológicas: una parte importante de la demanda inicial ya está financiada.
La defensa se ha convertido en uno de los principales motores de crecimiento del sector. La inversión pública mundial en espacio alcanzó aproximadamente 130.000 millones de dólares en 2025 y entre el 55% y el 60% correspondió a defensa. Berenberg considera que el gasto militar espacial es actualmente el segmento más visible y menos dependiente del ciclo económico.
Estados Unidos lidera esta tendencia. La petición presupuestaria de la Space Force para el ejercicio fiscal 2027 asciende a 71.200 millones de dólares, más del doble de los 31.900 millones aprobados para 2026. Una parte sustancial se destina a investigación, desarrollo y adquisición de sistemas militares espaciales, incluyendo constelaciones para seguimiento de misiles, el programa Golden Dome y modernización de las infraestructuras de lanzamiento.
La comparación da una idea de la magnitud del cambio: los 71.200 millones solicitados para la Space Force se aproximan al gasto mundial en defensa espacial de todo el planeta, estimado por Berenberg en unos 74.000 millones de dólares en 2025, aunque ambas cifras no son estrictamente comparables porque utilizan metodologías diferentes.
Europa también está aumentando su apuesta. El marco financiero europeo propuesto para 2028-2034 contempla 131.000 millones de euros para defensa, seguridad y espacio, aproximadamente cinco veces más que en el periodo presupuestario anterior. Alemania, por su parte, ha comprometido alrededor de 35.000 millones de euros para financiación militar espacial entre 2026 y 2030.
La consecuencia es que una parte relevante de la expansión del sector no depende todavía de que aparezca un nuevo consumidor espacial. Los gobiernos ya están destinando dinero a satélites de vigilancia, comunicaciones, seguimiento de misiles, conocimiento del dominio espacial y lanzamientos.

Europa tiene dinero, pero no suficientes cohetes
El auge espacial también pone de manifiesto una debilidad estratégica europea: la dependencia de operadores extranjeros para acceder al espacio.
Europa ha incrementado sus presupuestos y ha puesto la autonomía espacial en el centro de su estrategia, pero su capacidad de lanzamiento continúa siendo limitada. Ariane 5 se retiró en 2023 y el despliegue de Ariane 6 ha sido gradual. Vega C también sufrió problemas en sus primeras etapas.
El resultado es especialmente llamativo: solo el 7% de los satélites propiedad de empresas europeas que fueron lanzados en 2025 utilizaron cohetes europeos, mientras la inmensa mayoría voló en lanzadores de SpaceX.
La contradicción puede convertirse en uno de los grandes problemas industriales de Europa en la próxima década. El continente quiere aumentar su autonomía tecnológica precisamente cuando la economía espacial está creciendo a un ritmo que exige mucha más capacidad de lanzamiento.
El proyecto IRIS², concebido como una especie de alternativa europea a Starlink para proporcionar conectividad segura, ilustra tanto la oportunidad como el problema. La constelación contempla inicialmente 348 satélites, a los que se han añadido posteriormente otros 66, y está diseñada para proporcionar conectividad segura y de baja latencia a gobiernos, empresas y ciudadanos europeos. Los primeros lanzamientos están previstos para 2029 y el servicio debería entrar progresivamente en funcionamiento a partir de entonces.
Pero Berenberg advierte de que la preferencia europea por utilizar lanzadores propios podría generar cuellos de botella en el despliegue de IRIS², dado que la capacidad europea todavía está lejos de la escala de SpaceX.
El verdadero cambio: el espacio como infraestructura
La gran tesis del informe de Berenberg no consiste, por tanto, simplemente en que vaya a haber más satélites o más lanzamientos. El cambio fundamental es que el espacio puede convertirse progresivamente en una infraestructura invisible de la economía terrestre.

La navegación ya depende de sistemas espaciales. Las telecomunicaciones, la meteorología, la observación de la Tierra y buena parte de las capacidades militares también. La siguiente fase consiste en extender esa dependencia a ámbitos como la inteligencia artificial, la agricultura, la logística, las finanzas o los vehículos autónomos.
En este escenario, la pregunta para los inversores deja de ser cuánto crecerá la industria espacial y pasa a ser quién capturará el valor de ese crecimiento.
Berenberg apuesta por dos tipos de compañías: las que controlan infraestructuras difíciles de replicar —especialmente los lanzadores fiables y de alta frecuencia— y las que poseen capacidades diferenciadas en satélites, conectividad o datos. Entre sus compañías favoritas figuran Rocket Lab, AST SpaceMobile, Planet Labs y HawkEye 360, todas con recomendación de compra, mientras que Avio recibe una recomendación de mantener y OHB mantiene una recomendación de compra.
La economía espacial se encuentra así ante un punto de inflexión. El coste de llegar al espacio ha dejado de ser una barrera prácticamente prohibitiva y comienza a comportarse como una variable tecnológica susceptible de caer de forma drástica. Esa deflación está haciendo posible que aparezcan nuevas constelaciones, servicios y modelos de negocio.
El siguiente reto será comprobar si la oferta de lanzamientos, satélites y servicios es capaz de crecer al mismo ritmo que la demanda. Porque si la economía espacial realmente pasa de los algo más de 500.000 millones de dólares actuales a superar el billón en apenas cuatro años, el recurso más escaso no será necesariamente el dinero para llegar al espacio, sino la capacidad para hacerlo.
Principales compañías del sector espacial cubiertas por Berenberg
- Rocket Lab: Comprar, precio objetivo de 83 dólares. Es la apuesta de Berenberg por el lanzamiento espacial, con Electron como cohete pequeño de alta cadencia y el futuro Neutron como principal catalizador.
- AST SpaceMobile: Comprar, objetivo de 92 dólares. Es la compañía con mayor precio objetivo del grupo y la gran apuesta por la conectividad directa entre satélites y teléfonos móviles.
- Planet Labs: Comprar, objetivo de 25 dólares. Su atractivo está en la observación de la Tierra y, cada vez más, en convertir las imágenes satelitales en servicios de análisis y datos.
- HawkEye 360: Comprar, objetivo de 24 dólares. Su especialidad es la inteligencia basada en señales de radiofrecuencia, con una exposición creciente al gasto en defensa.
- OHB: Comprar, objetivo de 358 euros. Es la principal apuesta europea del informe dentro de las compañías ya cubiertas por Berenberg.
- Avio: Mantener (Hold), objetivo de 33 euros. El potencial a largo plazo está ligado a la demanda de motores y sistemas de propulsión, pero Berenberg considera que las inversiones actuales, especialmente en EEUU, pesan sobre los resultados hasta 2029.
En conjunto, cuatro de las seis compañías reciben recomendación de compra en las nuevas coberturas, mientras que OHB ya tenía un Buy y Avio es la única con una recomendación neutral. Berenberg apuesta especialmente por las empresas que controlan cuellos de botella difíciles de replicar —lanzamientos— o activos diferenciados de conectividad y datos.




