La idea suena a ciencia ficción: una constelación de espejos en órbita que vende horas extra de luz solar bajo demanda. La empresa estadounidense Reflect Orbital planea lanzar este mismo año un primer satélite de prueba y, si la tecnología funciona, escalar hasta 50.000 espejos espaciales de 54 metros de lado. El problema, según un nuevo estudio aceptado en Astrophysical Journal Letters, es que la contaminación lumínica no se quedaría dentro de la zona iluminada.
La apuesta comercial tiene nombre de ensayo: Eärendil-1. Será un satélite con un espejo de 18 por 18 metros, aprobado por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) en julio, y su misión es validar el despliegue de paneles reflectantes mucho mayores. Reflect Orbital ha defendido usos como prolongar la carga de paneles solares, apoyar respuestas de emergencia y operaciones militares. Sin embargo, el caso económico sigue abierto, y la comunidad astronómica lo observa con incredulidad.
Un espejo de 54 metros para iluminar la Tierra
Cada unidad final mediría 54 por 54 metros y viajaría en órbitas muy inclinadas, casi de polo a polo. Eso permitiría reflejar luz justo antes del amanecer y tras el anochecer, ampliando la sensación de día en lugares concretos. La compañía ha llegado a decir que, en el futuro, quiere situar los satélites lo bastante alto como para ofrecer luz solar durante las 24 horas.
Samantha Lawler, astrónoma de la Universidad de Regina, no encuentra encaje posible. ‘Es incompatible con la astronomía’, afirma. ‘No hay manera de hacer esto y conservar cielos oscuros’. Su crítica no es retórica: el grupo de Miroslav Kocifaj, de la Academia Eslovaca de Ciencias, ha puesto cifras al impacto.
El trabajo de Kocifaj y sus colegas calcula cuánto se dispersaría la luz que los satélites envían a tierra. Dentro del área objetivo, un círculo de cinco kilómetros de diámetro, un solo satélite de Reflect Orbital brillaría unas 40 veces más que la Luna llena. A 14 kilómetros del centro del haz seguiría teniendo el brillo de una Luna llena.
La luz artificial de una flota así no respeta fronteras: el resplandor se vería como un brillo sobre el horizonte incluso a 80 kilómetros de distancia.
La anomalía en los números: 10.000 lunas llenas sobre una sola zona

Si la compañía combina los haces de 400 satélites, algo que contempla en sus planes, el resultado dentro del área de cinco kilómetros equivaldría a 10.000 lunas llenas, aproximadamente el 2,4 % del brillo del Sol. Hasta 80 kilómetros de distancia, el haz combinado se percibiría como un resplandor sobre el horizonte. Dicho de otro modo: el cielo nocturno quedaría alterado para mucha más gente que quienes se encuentran dentro del punto iluminado.
Olivier Hainaut, astrónomo del Observatorio Europeo Austral, conoce bien el efecto. Su modelización previa apuntaba a que los haces podrían aumentar el brillo del cielo hasta un 300 % a escala global. ‘Estos investigadores son muy buenos en este tipo de modelización’, dice. ‘Saben lo que hacen’. El nuevo artículo, sostiene, completa la imagen.
El director ejecutivo de Reflect Orbital, Ben Nowack, discrepa. Afirma que algunas suposiciones del estudio son ‘simplemente inexactas’ y que la compañía mantiene zonas de exclusión y salvaguardas que ya contemplan la dispersión. Kocifaj replica que la empresa no ha aportado cifras, modelo, hipótesis ni datos concretos. ‘No hay nada con lo que se pueda debatir técnicamente’, afirma.
El vacío legal: la FCC puede autorizar la radio, no el espejo
En agosto, DarkSky International y American Bird Conservancy pidieron formalmente a la FCC que revoque la aprobación de Eärendil-1 y exija una revisión de impacto ambiental. A la preocupación astronómica se suman los riesgos para la aviación y la fauna. No existe una entidad global que regule estos satélites, así que cada lanzamiento queda en manos de reguladores nacionales.
La abogada espacial Michelle Hanlon, de la Universidad de Mississippi, reconoce que ampliar las horas productivas de plantas solares o llevar luz a zonas remotas tras una catástrofe son beneficios reales. Pero advierte de que la base jurídica es más incierta que la tecnología: la FCC solo autoriza frecuencias de radio, no la operación del reflector solar. Si el haz se dispersa como sugieren los modelos, la compañía podría necesitar permisos en más de una jurisdicción.
La propia Reflect Orbital reconoció en un documento ante la FCC que mirar a Eärendil-1 con telescopios de más de 12 pulgadas podría no ser seguro para la vista humana, aunque añadió que es improbable que cause lesiones graves porque los satélites no permanecen brillantes de forma constante. Esa advertencia, lejos de calmar, subraya algo incómodo: la luz que se vende como servicio puede convertirse en un residuo luminoso no deseado.
Me parece revelador que el debate ya no sea si esta tecnología es viable, sino quién decide qué cielo merece protección. La dispersión calculada por Kocifaj no es un fallo menor: es una propiedad física de reflejar luz a través de la atmósfera. Los cielos oscuros no se conservan con promesas de zonas de exclusión; se conservan con datos, y por ahora los únicos datos publicados son alarmantes. El próximo hito concreto es el lanzamiento de Eärendil-1, previsto para este mismo año. Será el momento de comprobar si las salvaguardas resisten el contacto con la realidad orbital.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Un estudio aceptado en Astrophysical Journal Letters calcula que los espejos espaciales de Reflect Orbital alterarían el cielo nocturno mucho más allá de su zona objetivo.
- Dónde: Órbita terrestre baja, con satélites en órbitas muy inclinadas; el resplandor se extendería decenas de kilómetros en tierra.
- Institución responsable: Modelización liderada por Miroslav Kocifaj, de la Academia Eslovaca de Ciencias.
- Cuándo: Publicado en línea el 21 de agosto de 2026 y aceptado para publicación en la revista científica.
- Impacto a futuro: Obliga a debatir la regulación de la luz artificial orbital y la protección del cielo nocturno antes del despliegue comercial.





