Nvidia invierte en iPronics, la startup fotónica valenciana que quiere reducir el consumo de IA

La ronda de 125 millones de dólares da entrada al mayor fabricante de chips del mundo en una firma que busca reducir el consumo de los centros de datos. La sede y las operaciones principales seguirán en Valencia.

Nvidia ha entrado en el capital de iPronics, la startup valenciana de procesadores fotónicos que quiere recortar el consumo de los centros de datos de inteligencia artificial. La operación, cerrada en una ronda de 125 millones de dólares, es la primera inversión relevante del gigante de los semiconductores en el ecosistema tecnológico español. Nvidia no compra una promesa de laboratorio: compra acceso a una tecnología óptica que conecta decenas de miles de GPU y que ahora mismo se pelea por imponerse en la infraestructura de los hiperescaladores.

Claves de la operación

  • Ronda de 125 millones de dólares con Nvidia como socio estratégico. La inyección da entrada al mayor fabricante de chips del mundo y eleva el total captado por iPronics por encima de 152 millones de euros.
  • El objetivo es reducir el consumo eléctrico de la IA. Sus conmutadores ópticos evitan cuellos de botella en la interconexión de GPU y prometen multiplicar la eficiencia de los centros de datos.
  • Valencia mantiene la sede y el control del proyecto. La empresa escalará en Estados Unidos, pero conservará las operaciones principales y el equipo de doctores en la capital del Turia.

La fotónica entra en la factura energética de la IA

iPronics nació en 2019 como spin-off de la Universitat de València. Su cofundador y director de tecnología, Daniel Pérez-López, explica que la firma acumulaba años de investigación en fotónica de silicio programable a gran escala. La empresa empezó con un producto genérico válido para telecos y automoción. Después especializó la tecnología en el uso para IA y centros de datos. Ese giro la colocó ante un mercado que ahora mismo, tiene una urgencia concreta: el consumo eléctrico se ha convertido en el principal cuello de botella de la industria del cloud.

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El dispositivo estrella es iPronics ONE, un conmutador óptico de circuitos, o OCS. Este tipo de chip lo popularizó Google en sus centros de datos y ya es una de las batallas tecnológicas más caras del sector cloud. iPronics quiere redimensionar la categoría y reducir el tamaño de estos equipos hasta 20 veces. Eso permitiría instalar más conmutadores en el mismo rack y, en paralelo, reducir la factura energética de cada instalación. Sobre el papel es exactamente lo que los grandes proveedores necesitan.

No es una compañía de laboratorio. La ronda actual está liderada por el fondo del Consejo Europeo de Innovación y cuenta con Maverick Silicon, Light Street Capital y Catalight Capital. También Criteria Venture Tech mantiene su respaldo desde las primeras fases. La startup ya había levantado una semilla de 3,7 millones de euros en julio de 2022 y otros 20 millones el año pasado. Con los 125 millones de dólares de ahora, el total captado supera los 152 millones de euros.

Nvidia no ha sido el único actor en tomar posiciones. La compañía de Jensen Huang acumula participaciones en más de un centenar de empresas tecnológicas y este año ha comprometido más de 40.000 millones de dólares en inversiones. En su cartera conviven OpenAI, Anthropic y CoreWeave con fabricantes de equipos como Intel y Nokia. Una parte de ese capital ha viajado ahora hasta Valencia. En la práctica, la startup entra en la constelación industrial del gigante que hoy marca el ritmo de la IA.

Pérez-López recuerda que esta clase de hardware exige capital intensivo y calendarios largos. La fotónica integrada es clave para la eficiencia de los centros de datos en plena expansión de la inteligencia artificial. La empresa, además, ha abierto filial en California bajo el nombre iPronics Innovation y ya supera el centenar de empleados. Más de un tercio son doctores. La siguiente fase volverá a duplicar la plantilla, con foco en Estados Unidos, sin mover la sede de Valencia.

La fotónica no es una promesa de laboratorio: es la respuesta industrial al cuello de botella energético de la inteligencia artificial.

No hay que perder de vista la tracción pública. El último informe financiero anual, de 2025, recoge 13,9 millones de euros en subvenciones. Buena parte proviene del Ministerio de Industria y Turismo con cargo a los fondos europeos de recuperación. En el contexto español, donde la electrónica avanzada ha vivido años de promesas y poca escala, el respaldo de Nvidia se lee en clave de ecosistema. La cuestión es si habrá capacidad industrial para absorberlo.

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La batalla comercial contra los hiperescaladores

El reto comercial de iPronics se llama Google, Microsoft, Meta o Amazon. Son los hiperescaladores que configuran la infraestructura real de la nube. iPronics deberá convencerlos de que su OCS es más eficiente que las soluciones internas. ¿Puede una compañía valenciana competir por contratos con los gigantes que popularizaron la tecnología? La respuesta, de momento, está en la evidencia temprana: la firma acumula aproximadamente un año de distribución de conmutadores y ya ha entrado en la órbita de suministro de Nvidia.

Eso no garantiza escala. La competencia en interconexión óptica es feroz, con Broadcom y Cisco moviendo ficha en arquitecturas de red para IA. El diferencial de iPronics es la programabilidad de su fotónica de silicio. La reducción de 20 veces en el equipo suena como promesa de ingeniería. Habrá que ver si se traduce en contratos de volumen antes de que los grandes inviertan en soluciones propias. El tiempo juega en su contra, pero también a su favor: el despliegue de la IA generativa exige una eficiencia energética que la electrónica convencional ya no da.

Valencia y el efecto Nvidia sobre el ecosistema español

Para Valencia, la operación confirma una trayectoria de dos décadas en microelectrónica, con masa crítica en la Universitat de València y en los centros de fotónica integrada. iPronics no es un caso aislado: en el arco mediterráneo conviven proyectos ligados al diseño de semiconductores y a la investigación en fotónica. Sin embargo, España sigue lejos de ser una potencia fabril de chips. La excepción valenciana hasta ahora se había sostenido con investigación y subvenciones públicas. La entrada de Nvidia amplía la credibilidad, no la capacidad de fabricación.

El riesgo está en la dependencia de un socio que ya domina la cadena de valor de la IA. Nvidia invierte en iPronics con intereses que van más allá del retorno financiero: le interesa asegurar una tecnología que mejore la eficiencia de sus GPU. Esa alineación puede acelerar el crecimiento y condicionar la hoja de ruta. La startup debe mantener margen para comercializar su OCS con otros proveedores y no convertirse en un apéndice del ecosistema Nvidia.

En esta redacción lo leemos como una buena noticia para el ecosistema español, con matices. La fotónica ha dejado de ser una promesa académica; ahora el mercado exige contratos, clientes y escala industrial. El próximo hito será ver si iPronics convierte la ronda en acuerdos con al menos un hiperescalador durante 2027. Hasta entonces, la prudencia no sobra. Nvidia ha puesto el capital y la credibilidad; el producto valenciano debe poner la facturación.


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