Cómo logra el cáncer sobrevivir a los tratamientos oncologicos según los biólogos

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El microambiente tumoral: hipoxia y acidosis que desactivan los fármacos

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La hipoxia no es un accidente: cuando el tumor crece más deprisa que sus propios vasos, hay regiones que quedan a más de 200 micras del capilar más cercano y se quedan sin oxígeno. Ante esa escasez, la célula cancerosa estabiliza el factor HIF-1α, que reorienta su metabolismo hacia la glucólisis y activa programas de supervivencia. El efecto sobre los tratamientos es doble: la radioterapia mata generando radicales libres que dañan el ADN, y sin oxígeno ese daño apenas se produce; además, las células hipóxicas dejan de dividirse y escapan a una quimioterapia diseñada para atacar células en proliferación. HIF-1α también eleva la expresión de bombas de eflujo como la P-glicoproteína y de proteínas antiapoptóticas. Un estudio publicado en Gastroenterology (2025) lo concreta en cáncer de páncreas: HIF-1α activa el gen AVL9, que sostiene la vía NF-κB y vuelve al tumor resistente a gemcitabina y nab-paclitaxel; el inhibidor Edotecarin revierte esa resistencia en ratones y en organoides derivados de pacientes, lo que convierte a la hipoxia en diana terapéutica.

La acidosis es la consecuencia química de esa hipoxia: los protones y el lactato que la célula exporta acidifican el entorno hasta un pH de 6,5-6,8, frente al 7,4 de los tejidos sanos, y ese gradiente desactiva los fármacos por el llamado atrapamiento iónico. Muchas quimioterapias —antraciclinas como la doxorubicina, alcaloides de la vinca— son bases débiles: en un medio ácido se protonan, ganan carga, no atraviesan la membrana y quedan secuestradas fuera de la célula. Es una resistencia fisiológica que puede igualar en magnitud a la de las bombas de eflujo tipo MDR1 y que además se suma a ellas, porque la acidez activa la P-glicoproteína hasta un 70% más cuando coincide con la hipoxia. Las células adaptadas al pH bajo cambian su metabolismo hacia la oxidación de ácidos grasos y se vuelven más invasivas, mientras el lactato reprime a los linfocitos T y a las células NK. Por eso se explora neutralizar la acidez con bicarbonato, inhibidores de las anhidrasas CAIX/CAXII o nanopartículas de carbonato cálcico que, en modelos de 2024, resensibilizan tumores a la quimio y la inmunoterapia.


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