El Real Madrid ha anunciado el fichaje de Damian Jones y los medios afines al club han hecho exactamente lo que se esperaba de ellos: reproducir el comunicado sin rascarlo. «Doble ganador de la NBA», titulan los medios. «Apuntala el juego interior», completa la frase. Y aquí estoy yo para hacer el trabajo que no han hecho ellos, que es contarte quién es de verdad este señor, de dónde viene de verdad y qué dice de verdad sobre el estado del Real Madrid de baloncesto que este sea el refuerzo que te venden como noticia. Porque cuando rascas las estadísticas de Jones lo que encuentras no es un campeón: es un suplente del suplente que llega desde la liga de Puerto Rico tras pasar por la china, y cuando miras la plantilla que se está montando para la temporada que viene, lo que encuentras son pocos motivos para renovar el abono.
Damian Jones en la NBA: 4,9 puntos, siete equipos y dos anillos… calentando el banquillo
Vamos con la ficha del doble campeón, que es donde el relato publicitario se desmonta solo. Damian Jones fue elegido en el puesto 30 del draft de 2016 por los Golden State Warriors y ganó dos anillos en 2017 y 2018, lo cual es rigurosamente cierto y absolutamente engañoso al mismo tiempo. En la temporada del primer anillo disputó diez partidos de liga regular. En la del segundo, cinco. En playoffs, su participación fue prácticamente testimonial. Estuvo en la foto del campeonato, sí. También estaba el utilero.
Las estadísticas de carrera en la NBA retratan lo demás sin necesidad de adjetivos. En ocho temporadas y 293 partidos —la cifra que el propio comunicado del club destaca con orgullo—, Jones promedió 4,9 puntos, 3,1 rebotes y 0,7 asistencias en 12,5 minutos por encuentro. Para ponerlo en perspectiva: 4,9 puntos de media es lo que aporta un jugador cuya función principal consiste en no estorbar demasiado cuando entran los que de verdad juegan. Su mejor año fue en Sacramento: 6,9 puntos en 20 minutos. Un techo ofensivo que en la ACB sería el de un suplente normalito de equipo de mitad de tabla.
Después de Golden State, su trayectoria habla por sí sola. Siete equipos en seis años: Hawks, Suns, Lakers, Kings, otra vez Lakers, Jazz y Cavaliers. En la NBA, cuando un jugador cambia de camiseta cada temporada no es porque todo el mundo lo quiera; es porque nadie lo quiere más de un año. Con los Lakers promedió 3,5 puntos en 11 minutos. Con Cleveland, 4,9 en 13. Ese es el doble campeón de la NBA que te venden.
Jones no viene de la NBA: viene de la liga de Puerto Rico
Y aquí está el detalle que convierte el comunicado del club en una pequeña obra maestra de la propaganda deportiva. El propio Real Madrid lo admite, pero lo entierra en la última línea de la nota: «Damian Jones llega al Real Madrid procedente de los Vaqueros de Bayamón, club con el que se acaba de proclamar campeón de la Liga de Puerto Rico». Antes de Puerto Rico jugó la temporada 2024-25 en los Zhejiang Golden Bulls de la CBA china. La secuencia real es esta: NBA (suplente crónico) → liga china → liga de Puerto Rico → Real Madrid para jugar la Euroliga.
Detengámonos un momento en lo que acaba de pasar. El comunicado del club dedica tres líneas a «doble campeón de la NBA» y «293 partidos en la Liga norteamericana», y esconde en la cuarta, como quien mete la letra pequeña al final del contrato, que el hombre viene de la BSN puertorriqueña, una liga semiprofesional de verano que está por debajo de la ACB, de la Euroliga y de la propia CBA china. Presentar a un tipo que viene de Bayamón como refuerzo para competir contra Olympiacos, Barça y Fenerbahçe es como fichar al máximo goleador de la liga de fútbol de Andorra para jugar la Champions. Puede funcionar. Pero no es exactamente lo que uno espera cuando le dicen que viene un campeón.
Los medios que compran el relato sin leer la última línea del comunicado
Aquí conviene detenerse, porque el fichaje de Jones no es solo un problema deportivo: es un problema de comunicación que retrata a una parte del periodismo deportivo español. AS titula «doble ganador de la NBA» porque el comunicado del club dice «doble ganador de la NBA» en la primera línea, y ese es todo el proceso de verificación que se ha aplicado. Nadie ha abierto Basketball Reference, nadie ha mirado los minutos de las finales de 2017 y 2018, nadie ha mencionado que la última línea del propio comunicado dice que el señor viene de los Vaqueros de Bayamón, y nadie ha explicado al lector qué nivel tiene la liga de Puerto Rico comparada con la Euroliga.
Es el mismo mecanismo que funciona cada verano. El club redacta un comunicado con un titular rimbombante arriba y la verdad incómoda abajo, los medios afines publican el titular sin llegar al final del texto, el aficionado se ilusiona tres días con un nombre que suena a algo, y la realidad llega en octubre cuando el equipo pierde los primeros partidos y nadie entiende por qué la plantilla no compite. Ya pasó la temporada pasada con fichajes que no funcionaron. Y ahora, con los mismos responsables de vuelta en sus despachos, se repite la fórmula esperando un resultado distinto. Hay una cita famosa que define eso.
Lo que se ha ido y lo que ha llegado: el balance que nadie te presenta junto al comunicado
Aquí está la radiografía que debería aparecer al lado del fichaje y que, como siempre, no aparece. Se han ido Mario Hezonja, máximo anotador del equipo con 13 puntos por partido en ACB, que ha forzado su salida a Cleveland porque no se creía el proyecto. Se ha ido Trey Lyles, el ala-pívot más fiable y uno de los mejores jugadores de la Euroliga, que se marchó a Minnesota anunciándolo en Instagram. Se ha ido Krämer a Estrella Roja. Se han ido los tres pívots de refuerzo: Len, Yurtseven y Sissoko. Y no eran peores que Damian Jones.
Los dos mejores jugadores de la temporada pasada no han querido quedarse. Eso, como escribí en julio, no pasaba hace cinco ni hace diez años. Y a cambio han llegado Max Shulga, libre tras no consolidarse en la órbita de Boston. Olivier Sarr, sin experiencia en Euroliga. Eli Ndiaye, que vuelve tras fracasar en la NBA sin llegar a disputar un solo partido oficial. Y ahora Damian Jones, el doble campeón de banquillo que viene de Puerto Rico. Ninguno de estos jugadores estaba entre los cincuenta mejores de la Euroliga la temporada pasada. Ninguno. Compara esas altas con esas bajas y dime si ves una plantilla para competir por la Orejona.
Tavares lesionado, Llull a punto de retirarse y Campazzo con 35 años
Lo que queda tampoco tranquiliza. Edy Tavares tiene 34 años, se rompió la rodilla en el playoff de Euroliga contra el Hapoel en abril, se perdió la Final Four y la ACB, y su vuelta está estimada para septiembre si todo va bien. Apostar la temporada a que un pívot de 34 años y 2,20 vuelva al nivel de sus mejores años tras una lesión de rodilla no es planificación: es un acto de fe.
Sergio Llull es una leyenda viva del club y merece retirarse cuando quiera. Pero tiene 38 años y este puede ser perfectamente su último curso: pedirle que sostenga la dirección de juego en la Euroliga a estas alturas no es un plan, es un homenaje disfrazado de estrategia. Facundo Campazzo, con 35, tuvo una temporada correcta pero ya sin la explosividad que lo hizo imprescindible. Y como escribí hace un mes, construir un proyecto alrededor de dos treintañeros con lesiones recurrentes y rodearlos de jugadores de segundo nivel no es una estrategia de futuro: es la descripción exacta de un equipo que vive de rentas.

Juan Carlos Sánchez: cesado con finiquito, readmitido con más poder, y estos son sus «fichajes estrella»
El contexto lo explica todo. Como conté en julio, Juan Carlos Sánchez fue cesado la temporada pasada con un finiquito espectacular tras quince años al frente de la sección. Se contrató al Chacho Rodríguez para sustituirle con la promesa de renovar estructuras. Doce meses después, Sánchez ha vuelto exactamente al mismo cargo, el Chacho ha dimitido, Scariolo ha sido despedido con cinco millones de indemnización y se ha pagado un millón de cláusula al Valencia por Pedro Martínez. Tres nóminas de director general en doce meses para cubrir un cargo. Todo con dinero de los socios.
¿Y cuál es el primer verano completo de Juan Carlos Sánchez de vuelta al mando? Este que estamos viendo: el de Damian Jones desde Puerto Rico, Ndiaye de vuelta tras fracasar en la NBA, Shulga libre de Boston y Sarr sin experiencia en Euroliga. Si estos son los fichajes que trae el hombre que ha recuperado el poder absoluto sobre la sección, la pregunta que debería hacerse cualquier abonado es sencilla: ¿o no hay dinero o no hay ideas? Porque las dos opciones son preocupantes, y los resultados hasta ahora no invitan al optimismo.
Pocos motivos para renovar el abono del Real Madrid de baloncesto
Al final, la cuestión aterriza donde siempre aterriza: en el bolsillo del aficionado. El abono sube cada año. La plantilla es objetivamente peor que la del año pasado, que ya terminó sin títulos por primera vez en quince años. Los dos mejores jugadores se han ido porque no querían quedarse. El entrenador nuevo acaba de llegar, cobra un millón de cláusula al rival y hereda un vestuario deshecho. Y el fichaje estrella del verano es un señor que promedió menos de cinco puntos en ocho años de NBA, al que siete franquicias devolvieron como un jersey que no queda bien, y que viene de ganar la liga de Puerto Rico. Que es estupendo para él, pero que no es exactamente la credencial que esperas para jugar la Euroliga.
El aficionado que lleva veinte años en el WiZink tiene todo el derecho a preguntarse qué exactamente está comprando con su abono esta temporada. Porque lo que le están vendiendo es ilusión envuelta en comunicados donde el «doble campeón de la NBA» ocupa la primera línea y los «Vaqueros de Bayamón» se esconden en la última. Y eso, con todos los respetos, no es informar al socio: es tomarle el pelo.
Un club que no retiene a sus mejores jugadores, que paga finiquitos millonarios para deshacer decisiones que tomó hace doce meses, que readmite al mismo responsable que cesó con finiquito, y que luego te vende a un suplente que viene de Puerto Rico como refuerzo de Euroliga, no merece el beneficio de la duda automático que le da la historia. La historia es magnífica. La gestión presente, cada vez menos.
Vamos por el segundo año seguido sin un único título. Y sino guarden este artículo un año y apostemos.




