BBVA Research alerta de un choque por la red eléctrica: 80.000 viviendas en Madrid quedan en riesgo. Las inmobiliarias compiten con los centros de datos por una capacidad que no da abasto.
El informe del servicio de estudios del banco ha encendido una alerta que va más allá del sector energético. La construcción de viviendas en España se topa con un freno que no figuraba en los planes de los promotores. No es la financiación ni la demanda. Es la infraestructura eléctrica.
Según el análisis, más de 80.000 nuevas viviendas previstas en la Comunidad de Madrid dependen de una ampliación de la red de distribución. Sin esa inversión, los proyectos quedarán bloqueados o sufrirán retrasos que se medirán en años. La cifra no es menor: equivale a una parte relevante de la oferta necesaria para aliviar la presión sobre los precios en la región.
El problema no es de generación eléctrica. Es de distribución y de acceso a la red. La capacidad disponible en determinadas zonas se ha convertido en un recurso escaso. Y en un mercado con recurso escaso siempre hay pugna.
La red eléctrica, nuevo cuello de botella para la construcción
El diagnóstico de BBVA Research conecta realidades que avanzaban en paralelo. La electrificación de la economía, la digitalización creciente y la expansión de los centros de datos han drenado capacidad que antes fluía hacia el desarrollo residencial. Las promotoras lo comprueban cada vez que solicitan acceso para un nuevo proyecto.
Los centros de datos consumen electricidad a un ritmo que no responde a la lógica de un edificio residencial. Una única instalación puede demandar tantos megavatios como miles de viviendas. Con las administraciones y las operadoras energéticas priorizando la conexión de estas infraestructuras tecnológicas, la vivienda queda rezagada en la cola del acceso.
El cuello de botella no está en producir electricidad, sino en entregarla donde hacen falta viviendas.
En la Región de Murcia, la situación es parecida, aunque a menor escala. La falta de capacidad eléctrica amenaza el desarrollo de miles de viviendas previstas. El cuello de botella no es exclusivo de la capital.
Cosas que pasan en 2026.
Centros de datos e inmobiliarias: un choque de intereses por los megavatios

El informe no plantea una elección binaria entre vivienda y tecnología. Señala que la planificación ha fallado. No se han hecho las inversiones necesarias en redes de distribución, y ahora el sistema se enfrenta a demandas simultáneas que no estaba preparado para absorber.
Las inmobiliarias sostienen que no piden prioridad. Piden planificación. El sector residencial agrupa millones de viviendas repartidas en proyectos dispersos, menos llamativos que un gran centro de datos. Sin embargo, la suma de esos proyectos sostiene la oferta de vivienda que Madrid necesita.
La tensión se intensifica cuando se miran los plazos. Conectar un nuevo desarrollo residencial puede llevar entre 18 y 36 meses en algunas zonas, según el análisis. La mayoría de los proyectos tiene plazos que superan con creces las previsiones iniciales. Para un promotor que ha comprado suelo y asumido costes financieros, cada mes de espera erosiona el margen.
Un problema de inversión que compromete la oferta de vivienda
El análisis de BBVA Research encaja con un patrón que se repite en otras economías europeas. La transición energética exige más electrificación, pero las redes físicas que deben transportar esa electricidad han recibido menos inversión que la generación renovable. España no es una excepción: es un ejemplo.
La consecuencia directa es que la política de vivienda se topa con competencias ajenas al Ministerio de Vivienda o a las consejerías de Urbanismo. El acceso al suministro eléctrico depende de los gestores de red, de los reguladores y de los planes energéticos. Coordinar esas piezas puede llevar más tiempo que levantar el edificio.
Yo he visto proyectos que se retrasan por un cable. No lo digo como metáfora. Una promoción de cien viviendas puede quedar paralizada porque la subestación más cercana no admite más capacidad. El promotor, atado de pies y manos, pierde dinero mientras espera una solución técnica que no depende de él.
El problema se agrava porque la red eléctrica no se improvisa. Una subestación nueva puede tardar cinco años entre planificación, tramitación y puesta en marcha. Las promotoras no trabajan con esos plazos. Ellas necesitan conectar proyectos en meses, no en lustros.
La vivienda en España arrastra un déficit de oferta que los analistas cifran en decenas de miles de unidades al año. Si 80.000 de esas viviendas se quedan sin red eléctrica, el agujero se multiplica. El dato de BBVA Research no es una alerta más: es una contradicción estructural entre la política energética y la política de vivienda.
Esto abre una pregunta incómoda: si la inversión en redes no se acelera, ¿de qué servirá incrementar el suelo urbanizable o liberalizar trámites? El cuello de botella se habrá trasladado del despacho del urbanista a la subestación eléctrica. Menos oferta, más tensión.
Es pronto para certificar un fracaso, pero no para encender la alarma. Los próximos meses serán clave para ver si la coordinación entre el Gobierno central, las comunidades autónomas y los gestores de red se traduce en un plan de inversión concreto. O si, como teme BBVA Research, las 80.000 viviendas en riesgo se quedan solo en eso: en un aviso.




