El referéndum sobre la neutralidad suiza del 27 de septiembre concentra hoy mi atención: un sí endurecería la Constitución hasta impedir que Berna aplique sanciones económicas o coopere con la OTAN. La votación llega en un momento en el que la arquitectura de sanciones europeas contra Rusia sigue dependiendo, en parte, de la plaza financiera suiza.
He revisado la documentación publicada este 26 de agosto por La Vanguardia. La iniciativa no se limita a declarar principios. Propone que Suiza no pueda adherirse ni cooperar con ninguna alianza militar o de defensa salvo que sea atacada, y que se abstenga de sumarse a sanciones que no estén aprobadas por Naciones Unidas.
Qué cambia exactamente el referéndum del 27 de septiembre
El voto del 27 de septiembre pone a prueba una fórmula jurídica consolidada. La neutralidad suiza está reconocida internacionalmente desde 1815 y definida por la Convención de La Haya de 1907. Esa fórmula mantuvo al país al margen de las dos guerras mundiales, pero el statu quo convive ahora con sanciones contra Rusia adoptadas en 2022.
- 27 de septiembre de 2026: fecha de la votación.
- 62% en contra y 36% a favor: última encuesta disponible citada por Reuters y recogida por La Vanguardia.
- 1815 y 1907: año del reconocimiento internacional de la neutralidad y Convención de La Haya.
La campaña la impulsa el Partido Popular Suizo, el SVP. Sostiene que la neutralidad clásica está en decadencia desde que Berna alineó sanciones con la Unión Europea. Los amplios recursos de los defensores del sí invitan a no descartar una reducción de la distancia en las encuestas, según el encuestador Fabio Wasserfallen.
El Kremlin lo celebra y el Gobierno suizo avisa del aislamiento
La propuesta ha sido bien recibida desde Moscú. Rusia considera que Suiza rompió su neutralidad tradicional al sumarse a la política de sanciones europeas tras la invasión de Ucrania. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, criticó la “neutralidad flexible” de Berna en redes sociales.
“En términos jurídicos, la ‘neutralidad flexible’ significa que no hay neutralidad en absoluto.” — María Zajárova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, declaración difundida en redes sociales recogida por La Vanguardia
El Gobierno suizo y la mayoría de partidos, con la excepción del SVP, se oponen. El ministro de Asuntos Exteriores, Ignazio Cassis, advierte de que el sí perjudicaría la seguridad nacional y limitaría los ejercicios conjuntos con la OTAN. Su lectura es dura: Suiza quedaría reducida a condenas sin capacidad de acción.
“Solo podríamos emitir condenas verbales, pero sin emprender ninguna acción concreta, lo que sin duda causaría un grave problema con nuestros vecinos.” — Ignazio Cassis, ministro de Asuntos Exteriores de Suiza, rueda de prensa recogida por La Vanguardia
Análisis: una votación que toca la arquitectura sancionadora europea
Lo que veo en esta consulta no es un debate exclusivamente suizo. El texto obligaría a Berna a salir de facto del engranaje de sanciones de la Unión Europea, salvo mandato explícito de Naciones Unidas. Esa restricción afectaría al comercio de materias primas, a la intermediación financiera y a los instrumentos de presión sobre Moscú que hoy asume Suiza pese a no ser miembro de la UE.
Hay una contradicción que los datos no resuelven. La fórmula “neutralidad que ha dado buenos resultados”, como la defienden los juristas del Gobierno suizo, ha permitido a Berna preservar soberanía e integración económica al mismo tiempo. El sí promete mayor pureza jurídica, pero a costa de debilitar los canales europeos de cumplimiento normativo. El verdadero riesgo no es la redacción constitucional, sino el vacío que crearía en la cooperación occidental.
La encuesta del 62% en contra parece contundente. Aun así, las campañas con financiación abundante en Suiza han demostrado capacidad para movilizar a electorados escépticos. Seguiré la evolución de los sondeos hasta el 27 de septiembre, porque una victoria del sí obligaría a Bruselas y a los países vecinos a recalibrar sus relaciones con Berna en plena tensión con Rusia.
🌍 El impacto en España y Europa
El impacto directo sobre España es limitado en términos hipotecarios y comerciales inmediatos. Sin embargo, una Suiza que renuncie a aplicar sanciones europeas añadiría un factor de fragmentación al mapa financiero del continente.
- Euríbor e hipotecas variables: no hay transmisión automática; el efecto llegaría solo si la fragmentación regulatoria eleva la prima de riesgo europea y encarece la financiación bancaria.
- Inflación y poder adquisitivo: el canal de materias primas puede generar fricciones en la supervisión de operaciones rusas, pero sin impacto directo relevante en los precios al consumo españoles.
- Empresas del IBEX: para las exportadoras y entidades con actividad en Suiza, la seguridad jurídica de los contratos continúa; el riesgo es reputacional y de cumplimiento, no arancelario.
Para el BCE, esta consulta no altera su hoja de ruta monetaria. Para la Unión Europea, sí introduce un precedente incómodo: si un socio tan interconectado opta por una neutralidad más restrictiva, el coste político de mantener sanciones unánimes sube. La votación del 27 de septiembre se convierte así en un termómetro de la cohesión europea.




