El Gobierno asume el control del despliegue de centros de datos en España con un borrador de decreto que filtrará los proyectos por consumo energético, agua y ciberseguridad.
Claves de la operación
- El borrador exige un 80% de energía renovable hora a hora. Los operadores deberán acreditar suministro limpio en cada hora de funcionamiento, no solo en cómputo anual.
- Los datos deberán permanecer dentro de la Unión Europea. Se imponen controles de acceso desde terceros países, con especial vigilancia para las entidades públicas.
- Los proyectos ya aprobados tendrán seis meses para adaptarse. Las instalaciones de más de un megavatio que aún no se han conectado a la red quedan sujetas a las nuevas reglas.
El pulso entre inversión y soberanía digital
España reúne dos ventajas competitivas difíciles de replicar en Europa: abundante energía renovable y suelo disponible para instalaciones de gran tamaño. El interés de los grandes operadores ha disparado la cartera de proyectos de centros de datos en Aragón, Madrid y Cataluña. En este contexto, el Ejecutivo prepara un filtro regulatorio para elegir qué infraestructuras se quedan.
El borrador de decreto, adelantado por Reuters, se someterá a consulta pública esta misma semana. La norma obligará a que los operadores de centros de datos estén establecidos en la Unión Europea y a que los datos y metadatos que administren permanezcan dentro de la UE. Además, las instalaciones con datos de entidades públicas o de seguridad nacional estarán sujetas a controles más estrictos.
Para el Gobierno, la avalancha de centros de datos exige ordenar una actividad con impacto directo sobre la red eléctrica. La nueva regulación busca impedir que la demanda de IA desborde un sistema energético aún en transición. La sostenibilidad se convierte en condición de acceso, no en un mérito adicional.
Agua, electricidad y ciberseguridad: los tres filtros del borrador
El borrador fija un requisito energético muy superior al estándar del sector. Las energías renovables deberán cubrir al menos el 80% del suministro durante cada hora de funcionamiento. No basta con un cómputo anual: la exigencia se mide hora a hora. Cada nuevo megavatio de consumo tendrá que compensarse con otro megavatio renovable instalado en los dieciocho meses previos al inicio de la operación.
El filtro energético puede frenar la burbuja de centros de datos antes de que comprometa la red.
El decreto también fija el nivel más alto de eficiencia en consumo de agua previsto por la etiqueta de sostenibilidad que prepara la Unión Europea. Las instalaciones de más de un megavatio que aún no se ha conectado a la red quedarán sujetas a estas exigencias. Los proyectos ya aprobados y en tramitación de permisos de operación dispondrán de seis meses para adaptarse.
El incumplimiento expone a los operadores a sanciones económicas y, en último término, a la desconexión de la red eléctrica. Es una herramienta de presión sin precedentes para un sector acostumbrado a autorregularse. La ciberseguridad cierra el triángulo: los datos deberán blindarse frente a accesos desde terceros países mediante mecanismos de control que el decreto detallará en la consulta pública.
España se juega la credibilidad como destino digital
La regulación irrumpe cuando España compite con Francia, Italia y Portugal por captar los grandes proyectos de infraestructura de IA. Los grandes operadores cloud ya han comprometido miles de millones en Aragón y Madrid. El riesgo es que un filtro demasiado restrictivo redirija esa inversión hacia destinos con menos exigencias. El Gobierno necesita demostrar que el control no equivale a bloqueo.
En el mercado español, los centros de datos son la nueva frontera de la inversión energética. Las eléctricas y los fondos han entrado en el negocio, y las comunidades autónomas compiten por atraer instalaciones. Una norma estatal que homologue exigencias puede ordenar la carrera, pero también puede frenar proyectos con financiación ya avanzada.
El precedente más claro es el despliegue de renovables entre 2019 y 2023. España logró atraer inversión con subastas y permisos ágiles, pero se quebró la confianza cuando los cambios regulatorios retroactivos afectaron a las plantas fotovoltaicas. La nueva norma no tiene carácter retroactivo para centros de datos conectados, pero sí impone adaptación en seis meses para proyectos en tramitación. La comparación con el sector energético obliga a vigilar la seguridad jurídica.
La consulta pública será la primera prueba de fuego. Los operadores, las eléctricas y las comunidades autónomas tendrán que pronunciarse sobre exigencias de renovables, plazos y controles de acceso. El desenlace dirá si España se convierte en un polo digital regulado o en un ejemplo de cómo no se ordena la IA.




