El radar de la Autovía de Leitzaran, en Navarra, sancionó a 67.445 conductores solo en 2025. Eso equivale a una multa cada ocho minutos, prácticamente sin descanso, todos los días del año. La cifra no es un rumor de carretera: la firma el informe anual de Automovilistas Europeos Asociados (AEA), la organización que cada año diseca el comportamiento de los cinemómetros españoles.
Lo llamativo no es solo el volumen, sino la simplicidad del error que lo provoca. No hace falta ir temerario ni saltarse ningún límite de forma flagrante. Basta con no levantar el pie a tiempo cuando la vía pasa de 120 a 80 km/h en apenas dos kilómetros, justo en una bajada que termina en curva.
El radar que dispara cada ocho minutos
El dispositivo se encuentra en el punto kilométrico 127,6 de la A-15, sentido Pamplona, justo antes de la entrada a Lekunberri. No es un radar nuevo ni experimental: lleva más de una década instalado en ese punto exacto, y año tras año se cuela entre los más activos del país. En 2025 escaló hasta el tercer puesto del ranking estatal, solo por detrás de dos radares de la Comunidad Valenciana.
La razón de su ubicación no es casual. Se trata de un tramo que durante años concentró accidentes graves, con una pendiente pronunciada que empuja a los vehículos a coger velocidad justo antes de una curva cerrada a la derecha. Por eso el límite se recortó drásticamente hace tiempo, y ahí sigue, inflexible, vigilando cada coche que pasa.
Un tramo con nombre propio y una tendencia al alza
Este radar de tramo forma parte del sistema de control de velocidad instalado en el radar que cronometra el tiempo real que tarda cada vehículo en recorrer la distancia controlada, no un instante puntual de velocidad. La localidad de Lekunberri, un municipio navarro de apenas 1.700 habitantes situado a 33 kilómetros de Pamplona, se ha convertido sin quererlo en sinónimo de multa de tráfico para miles de conductores que cruzan la Montaña de Navarra camino de Guipúzcoa.
Los números no dejan de crecer. En 2025 el radar sumó 67.445 sanciones, un 10,8% más que el año anterior, cuando ya había registrado 60.878. Eso se traduce en 185 multas al día, casi ocho por hora, sin apenas pausa entre una y otra.
Por qué el truco de frenar en seco ya no funciona
Durante años, muchos conductores confiaron en una táctica sencilla: frenar de golpe al ver la cámara y volver a acelerar justo después. Con los radares fijos tradicionales, esa maniobra a veces colaba. Pero en un radar de tramo como el de Lekunberri, el sistema no capta un pico aislado de velocidad, sino el tiempo total que se tarda en recorrer varios kilómetros.
Eso significa que mantener una velocidad estable desde el primer metro del tramo es la única estrategia que realmente funciona. Cualquier intento de compensar minutos después con una frenada brusca llega tarde: el promedio ya está hecho, y la multa, calculada.
Cuánto cuesta el despiste y qué margen queda
El margen de tolerancia en los radares fijos, como el de Lekunberri, es de apenas 3 km/h en vías limitadas a 100 km/h o menos. Traducido a números concretos, en un tramo limitado a 80 km/h, el disparo salta a partir de los 83 km/h. Un margen mínimo que deja poco espacio para el descuido.
Las sanciones económicas escalan rápido según el exceso registrado, y conviene tenerlas presentes antes de acelerar en cualquier bajada:
- Hasta 20 km/h de exceso: 100 euros, sin pérdida de puntos.
- Entre 21 y 30 km/h: 300 euros y 2 puntos menos en el carnet.
- Entre 31 y 40 km/h: 400 euros y 4 puntos.
- Más de 40 km/h: hasta 600 euros y 6 puntos, con posible delito penal en los casos más graves.
Lo que viene: más radares de tramo y menos margen para el despiste
La tendencia en España apunta claramente hacia más radares de este tipo. Los radares de tramo casi se han duplicado en el último lustro, pasando de 159 a 295 dispositivos activos en todo el país, un crecimiento del 86% que no parece detenerse. Cada vez más carreteras secundarias y tramos de riesgo, como el de Lekunberri, incorporan este sistema de control por tiempo medio en lugar del clásico radar fijo puntual.
La buena noticia es que la solución es tan sencilla como aburrida: circular a un ritmo constante y dentro del límite desde el principio hasta el final del tramo señalizado. No hace falta memorizar kilómetros exactos ni fiarse de apps que avisan a última hora; basta con leer las señales, respetar el cambio de velocidad en cuanto aparece y no confiar en que un frenazo final vaya a maquillar lo que ya se ha acumulado antes. Con casi 300 radares de tramo repartidos por el país, esa costumbre se está convirtiendo, nos guste o no, en la nueva normalidad al volante.






