La subida de carburantes España: ocho días al alza y llenar el depósito ya cuesta 94 euros

El gasóleo se paga a 1,839 euros por litro, su nivel más alto desde abril, y un depósito medio de diésel ronda los 101 euros. El Gobierno activará en septiembre una rebaja fiscal de 20 céntimos tras constatar que este combustible subió un 15,7% en julio.

La subida de los carburantes en España encadena ocho sesiones y llenar el depósito ya cuesta 94 euros. El gasóleo se paga a 1,839 euros por litro, su nivel más alto desde mediados de abril, y un depósito medio de 55 litros de diésel ronda los 101 euros, según los datos del Geoportal Gasolineras del Ministerio para la Transición Ecológica.

La última actualización del Geoportal Gasolineras, correspondiente al martes 18 de agosto, sitúa la gasolina en 1,711 euros el litro y el gasóleo en 1,839 euros. Son los niveles más caros desde mediados de abril y suponen el octavo avance diario consecutivo para ambos combustibles.

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Pese a la escalada, los dos carburantes se mantienen por debajo del máximo anual. El 21 de marzo la gasolina tocó 1,796 euros por litro y el gasóleo 1,942 euros, de acuerdo con el histórico elaborado a partir de los datos oficiales. Entonces todavía no estaban en vigor las medidas fiscales aprobadas por el Gobierno para amortiguar los efectos económicos de la guerra en Irán y el cierre ‘de facto’ del Estrecho de Ormuz.

El octavo repunte consecutivo deja los repostajes más caros desde primavera

El encarecimiento no es un episodio aislado de una jornada. La gasolina ha avanzado con fuerza en la primera quincena de agosto y ya supera con claridad la referencia de 1,7 euros por litro, mientras que el diésel encadena varias sesiones por encima de 1,8 euros. Para un turismo con un depósito de 55 litros, el coste medio de repostar rondó este martes los 101 euros en gasóleo.

La demanda estacional explica solo una parte del movimiento. Las estaciones de servicio han trasladado con rapidez la retirada del estímulo fiscal y el repunte de los costes mayoristas. La confluencia de ambos factores deja márgenes comerciales estrechos, sobre todo en el diésel, y convierte cada repostaje en un termómetro inmediato de la inflación energética.

El avance del precio de los combustibles ha coincidido además con una mayor circulación de vehículos. La operación especial de tráfico del 15 de agosto movilizó 5,6 millones de desplazamientos previstos, lo que añadió presión compradora a un mercado ya tensionado por la fiscalidad y el encarecimiento mayorista.

El repunte de agosto no es solo coyuntura vacacional: es también la factura de una retirada progresiva del apoyo fiscal que deja al diésel más protegido que a la gasolina.

El Gobierno recorta el apoyo al impuesto especial, pero activa la red para el diésel

Desde el 1 de agosto la rebaja en el impuesto especial de hidrocarburos, donde se concentra el apoyo fiscal tras la vuelta del IVA al 21% en julio, pasó de 15 a 10 céntimos por litro. Ese mismo día la gasolina firmó su sesión más cara desde marzo y el diésel superó por primera vez desde abril la barrera de 1,8 euros por litro.

La retirada del estímulo fiscal no es uniforme. El Ejecutivo incrementará en septiembre la rebaja al gasóleo hasta 20 céntimos por litro, frente a los 5 céntimos inicialmente previstos para ese mes. La decisión responde a la cláusula de salvaguarda del real decreto-ley de medidas para contener el impacto de la guerra de Oriente Próximo: al constatar un encarecimiento del 15,7% del diésel en julio, se activa automáticamente una protección reforzada.

El IPC de julio cerró en el 3,6%, cuatro décimas más que el mes anterior, según el Instituto Nacional de Estadística. La subida de los combustibles y lubricantes para vehículos y de la electricidad fue determinante en ese repunte, lo que confirma el canal directo entre la gasolinera y la inflación general.

Una salvaguarda asimétrica: el diésel tendrá más colchón que la gasolina

La activación de la cláusula introduce una diferencia relevante entre combustibles. Mientras el diésel recibirá un apoyo fiscal extra de 20 céntimos por litro en septiembre, la gasolina mantiene únicamente la rebaja general de 10 céntimos. El resultado es un alivio selectivo que protege más al transporte profesional, muy dependiente del gasóleo, y deja al parque de gasolina con menos red si el crudo vuelve a tensionarse.

El transporte profesional, el beneficiario directo

La protección reforzada de 20 céntimos para el gasóleo beneficia, sobre todo, a los profesionales que mueven mercancías y pasajeros. El gasóleo es el combustible dominante en el transporte por carretera y en la maquinaria agrícola, de modo que la medida supone una inyección de liquidez indirecta para la cadena logística en un periodo de inflación elevada. Ese alivio puede no trasladarse de forma inmediata al precio final de los productos, pero reduce la presión sobre los costes operativos de las flotas.

La gasolina, más expuesta a la cotización internacional

La gasolina no cuenta con una cláusula específica. Si el precio del barril repunta en otoño, el único colchón disponible será la rebaja general de 10 céntimos, ya mermada respecto a los 15 céntimos de julio. Eso deja a los turismos de gasolina, mayoritarios en el parque español, con una exposición directa a las cotizaciones internacionales y a la geopolítica de Oriente Próximo.

Superar la barrera de los 100 euros para un depósito de diésel tiene un impacto simbólico en el consumidor. Aunque la diferencia real en el gasto semanal sea de unos pocos euros, la percepción de carestía condiciona las decisiones de gasto y eleva la sensibilidad del automovilista ante la política fiscal.

Hay una contradicción de fondo. El Gobierno retiró en julio el IVA reducido y rebajó el impuesto especial a diez céntimos para contener el déficit, pero la cláusula de salvaguarda le obliga ahora a elevar el gasto fiscal en el diésel. Ese automatismo evita una decisión política cada mes, pero no resuelve el desequilibrio entre combustibles ni evita la politización de un mercado que sigue dependiendo de cotizaciones internacionales y de la evolución del conflicto en Oriente Próximo.

El efecto depósito se nota en en el bolsillo: llenar 55 litros de gasolina cuesta 94 euros, una cifra que no se veía desde la pasada primavera, y el diésel ya supera los 100 euros. El riesgo para los próximos meses no es solo el precio del barril, sino la posibilidad de que una demanda fuerte de septiembre, con la vuelta al trabajo y el arranque del curso, descuente con rapidez el alivio fiscal del gasóleo.

La cláusula de salvaguarda dibuja un mercado de dos velocidades: el gasóleo con red fiscal y la gasolina expuesta a la cotización internacional.

La referencia a seguir será la evolución de los precios mayoristas y la respuesta del Gobierno si la escalada se traslada a la gasolina. Sin embargo, la experiencia de agosto indica que el alivio fiscal del diésel puede quedarse corto si la demanda y el precio del barril siguen subiendo a la vez.


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