Inflación de la eurozona en agosto: escala al 3% por la energía y deja a España un punto por encima

El encarecimiento de la energía y el conflicto en Irán empujan la inflación de la eurozona hasta el 3% en julio. España se sitúa un punto por encima de la media y amplía su brecha de precios con el euro.

La inflación de la eurozona escaló en julio hasta el 3% interanual, empujada por la energía y el conflicto en Irán. El dato confirma un repunte que aleja a la zona euro del objetivo del 2% del Banco Central Europeo y devuelve la presión a las economías del bloque.

Los precios de la energía en Europa volvieron a escalar por encima del 10% en julio. La combinación de crudo más caro y tensión logística en Oriente Próximo ha devuelto la presión a unas economías que todavía no habían cerrado la herida de la crisis inflacionaria de hace dos años.

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El conflicto en Irán ha añadido una prima de riesgo al petróleo que no figuraba en las previsiones de primavera. Cada repunte del barril se traslada a la factura eléctrica y a los costes de transporte, dos palancas que explican buena parte del rebote de julio.

La energía vuelve a tensar los precios en la eurozona

El repunte no es un accidente estadístico. La escalada del petróleo y del gas se ha trasladado con rapidez a los componentes energéticos del índice, que vuelven a crecer a ritmos de dos dígitos. En julio, la energía se convirtió en la principal fuente de aceleración del IPC de la zona euro por primera vez en meses.

Las lecturas nacionales muestran además un efecto contagio. Alemania, Francia e Italia registraron avances de precios por encima de lo esperado, aunque con diferencias notables. La eurozona no es un bloque homogéneo y el dato medio esconde brechas que se están ensanchando.

España amplía su diferencial y pierde competitividad

España se sitúa un punto por encima de la media de la eurozona, una diferencia que no es nueva pero que ahora se hace más visible. La economía española acumula meses de precios más altos que sus principales socios comerciales.

La energía vuelve a ser el detonante: cada repunte del petróleo y del gas se traduce en una brecha de precios que España ya no puede disimular.

Ese diferencial no es inocuo. Cada mes con inflación por encima de la media europea supone una pérdida de competitividad para las empresas exportadoras y un encarecimiento relativo de los servicios turísticos. La brecha de precios con el euro se amplía y ahonda una debilidad estructural que el crecimiento del PIB no consigue tapar.

España, aunque menos dependiente del gas ruso que Alemania, no escapa al encarecimiento del crudo que fija los precios internacionales de la gasolina y del diésel. La factura energética de hogares y empresas mantiene la presión sobre el resto de la cesta de consumo, desde los alimentos procesados hasta los servicios de transporte.

El BCE queda atado entre la inflación y el crecimiento

El Banco Central Europeo encara la próxima reunión de septiembre con menos margen del que le gustaría. El repunte de julio, si se consolida, complica cualquier nueva bajada de tipos. La inflación al 3% queda lejos del objetivo y la energía amenaza con mantenerla alta durante el verano.

Yo creo que el BCE va a priorizar la credibilidad del objetivo del 2% antes que dar aire al crecimiento. La lección de los últimos años es clara: cuando el mercado descuenta que el banco central no reaccionará, las expectativas de inflación se descontrolan. Pero tampoco puede ignorar el riesgo de recesión que arrastran Alemania y la industria europea.

El verdadero test no será el dato de julio, sino la evolución de la energía en agosto y septiembre. Si el crudo se mantiene por encima de los niveles actuales, la fotografía de finales de verano puede ser peor. La pregunta no es si volverá a subir, sino cuánto daño adicional hará en los precios antes de que Fráncfort mueva ficha.


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